Se aclara la crisis del coronavirus

07:39:00

El drama actual es que la enfermedad se está manejando con inexpertos y palos de ciego. Los gobiernos no se comprometen en proyecciones y se inclinan por las opciones que les rinden mayores beneficios políticos. 

Por: Eduardo Sarmiento / El Espectador

En el último siglo se avanzó en cierto consenso sobre las causas y la síntesis de las pandemias. En general se encuentra que la propagación está dada por una expresión de interés compuesto. El virus crece rápidamente al principio y luego desciende hasta desaparecer. Al igual que ocurre con muchos procesos físicos, químicos y económicos, los fenómenos epidemiológicos son de limitada duración.

En las discusiones iniciales sobre el proceso me sentí confiado y optimista de que se había llegado a un consenso sobre la naturaleza científica de la enfermedad. Imaginaba que la curva de la pandemia suministraba en forma simple el proceso de enfermedad y era accesible a los gestores de política. Se disponía de una base científica para diagnosticarla, predecir su evolución y regularla. Ante todo, advertía que se trataba de una patología que crece rápido al principio, y luego genera fuerzas que la moderan y en algún momento la detienen, incluso la reducen.

A poco andar llegó la decepción. La curva del virus se convirtió en una ficción que no se entiende en sus fundamentos y se emplea para los más diversos fines. Se presentaban dos discrepancias respecto a la validez de la curva de la epidemia. Un amplio grupo, basado en la alta tasa de crecimiento mundial (33 %), en febrero anticipaba que las personas infectadas se duplicaban cada tres días y que en pocos meses más de la mitad de la población estaría infectada. Se decía que cada persona podía contagiar a tres. La otra discrepancia planteaba cambiar la curva para anticipar la caída con acciones orientadas a recortar el número absoluto de contaminados.

La información de marzo y abril controvierten la primera hipótesis. El crecimiento mundial del virus cayó de 33 % a 10 % y el nivel se encuentra cerca de 450.000. Tampoco se cumplió la segunda hipótesis. Las acciones para reducir el nivel absoluto del virus en EE. UU. y en América Latina se contrarrestó con creces por el aumento de la tasa de crecimiento. El quiebre de la curva mediante la anticipación de la caída se consigue a cambio de aumentar la pendiente. En el momento actual Colombia se encuentra en un punto en que el nivel del virus se duplica cada cuatro días y pronto llegará a 2.000 portadores.

Por fortuna, los hechos confirman la validez de la curva de pandemia, y en las últimas semanas se observa su aplicación correcta en los países que la sintieron con mayor anticipación e intensidad. En China, Corea y Singapur se entró en la fase decreciente en que el número de infectados desciende. En Italia y España las tasas de crecimiento disminuyen.

El drama actual es que la enfermedad se está manejando con inexpertos y palos de ciego. Los gobiernos no se comprometen en proyecciones y se inclinan por las opciones que les rinden mayores beneficios políticos. En el fondo se considera que estamos ante un mal que se desconoce en sus causas y manifestaciones. En todas partes la principal falla está en la carencia de estructuras hospitalarias para separar y tratar a los pacientes que adquieren el virus.

El mejor seguro es que la enfermedad se autorregula y puede ser reforzada con acciones de política. Las proyecciones apocalípticas fallaron y cada vez es más evidente que la realidad está determinada por la curva de la pandemia. La enfermedad crece al principio, y luego su propia naturaleza y las acciones bien concebidas de los gobiernos conducen a su terminación. El mayor margen de maniobra para llegar a este final está en la aplicación de acciones de salud para separar y tratar en hospitales a las personas contaminadas o cercanas. La duda es sobre la confinación total, porque afecta en forma incierta la tasa de crecimiento del virus y tiene enormes costos económicos.

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