El Uribismo y un malinterpretado fascismo.

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Por estos días, el tema del fascismo, a raíz del triunfo de Bolsonaro en Brasil, y de Trump en Estados Unidos, anda en boga de la opinión pública nacional y global. Sin embargo sus tesis centrales, y sus intereses, han venido siendo tergiversados deliberadamente.

Por: Alejandra Correa / Democracia en la Red

El fascismo emerge como un bloque nacional, dominado por la burguesía local, creado para frenar las insurrecciones de las clases subyugadas y más pobres, que exigían a las clases dominantes el fin de las guerras del siglo XX. Esta corriente surge como una respuesta a la crisis de las democracias burguesas oscilantes, entre la primera y la segunda guerra mundial. Podemos decir que el fascismo toma ventaja de una coyuntura histórica que le permitió consolidar sus políticas de Estado. 

Por consiguiente, es una categoría que permite entender un momento específico que no se reactiva. Esto es, que los factores históricos que produjeron este tipo de políticas nunca más volverán a aparecer, por lo que, pensar en un fascismo desde su noción histórica para Latinoamérica, como lo señala el pensador argentino Atilio Borón, es un error.

En una era donde la burguesía local pierde relevancia frente a un mercado global dominado por las corporaciones, las élites locales no tiene ningún interés en disputar los mercados con los imperios. Peor aún, no les interesa ni siquiera velar por los mercados internos, y bajo ninguna circunstancia hacer frentes comunes contra la llamada burguesía imperial.

Por el contrario si les interesa, y mucho, ser aliados de los poderes globales mediante alianzas condicionadas y subordinadas por estos emporios económicos, los cuales rigen las políticas económicas de todos los países que tienen bajo su control. Colombia, es claro, no es la excepción.
Otro punto importante es este: en un régimen fascista la presencia del Estado, en lo que respecta a los cambios políticos, era de suma importancia y alcance. Eran Estados estatistas, por lo que no eran amigos de las políticas liberales, por el contrario, eran opuestos a estas. La política económica de este régimen era una política proteccionista que buscaba el desarrollo de su aparato industrial para poder expandirse y disputar así el trono de nueva colonia con Gran Bretaña y Francia, ya que Alemania e Italia habían llegado tarde a ese reparto.

Si el término fascismo tuviese asidero en la actualidad, el uribismo no sería nada de eso, porque su propósito no es disputar el control geopolítico del mundo con Estados Unidos, China o Rusia ¿O es que acaso Ernesto Macías puede llegar a establecer estrategias de combate contra los rusos, o establecer una conversación de nuevas tecnologías con los chinos? Todo lo contrario, el uribismo es un partido abiertamente liberal que defiende las políticas de libre mercado, sin importar las repercusiones que estas tengan para la economía del país, incluso la política económica que ellos promueven son las dictadas por Washington. Nada hay de fascismo en eso.

Un gobierno abiertamente liberal no puede ser un gobierno nacionalista. Los gobiernos nacionalistas promueven el sentido de soberanía entre los ciudadanos y disputan el poder político y militar con las potencias ¿Acaso el uribismo con su fila de eruditos puede promover tal cosa? Lo dudo, ellos solo promueven un discurso carente de sustancia, sin consecuencias reales de cambio. La pelea ahora del gobierno colombiano es quizá no perder el vergonzoso título frente a Brasil, de ser el lacayo mayor de Estados Unidos. 

Si no sabían, somos los que llevamos a cuestas el papel de lamebotas de los gringos, somos la Israel sudamericana ¿Qué más ignominioso que ser como Israel? Pues esto es gracias a las siete bases norteamericanas que hay en el país, que nos ponen en vilo y maltrechan las relaciones diplomáticas de Colombia con otros gobiernos de América Latina.

Twitter: @alejaurs

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