Alejandra Whitman: cuentos cortos.

16:48:00

Selección de cuentos cortos de Alejandra Whitman, filósofa de la Universidad de La Salle (Bogotá).

Por: Alejandra Whitman / Democracia en la Red

La abuela Mohamed

Cuando era niña solía escuchar las conversaciones de mi abuela con sus amigas acerca de la vida, de Dios, del matrimonio y otras tantas veces de la muerte. Ella se llamaba Isabel Martínez de Gómez o Isabel la católica, para sus amigos de confianza, no porque fuera reina, sino porque era tan devota que de conocerla el Papa le daría una bula por su ejercicio tan extravagante y comprometido con la iglesia. Mi abuela era tan extravagante que se hacía llamar María Isabel Católica Apostólica y Romana, cuando solo era Isabel de Gómez, en semana santa solía ir a la capilla que quedaba cerca a la casa y rezaba 32 credos al mismo tiempo que hacia 32 nudos con una hoja de plátano, tan católica que rezaba el rosario 3 veces al día, y se quedaba hasta el final de las procesiones en fechas santas para colaborarle al cura a guardar los arreglos. Una mujer fiel a sus principios católicos hasta su divorcio con mi abuelo Alejandro Gómez, desde ese momento mi abuela dio un giro de 180 grados, ya no sería más Isabel de Gómez o la católica, pues se hizo llamar Cecilia Mohamed. El divorcio con mi abuelo la irrito tanto que término buscando su propia identidad en la lucha por los derechos de las mujeres, rechazando fehacientemente la oligarquía machista imperialista de la Iglesia y el Estado. Después de haberse convertido en una mujer temeraria, conoció a un hombre más joven y su lucha terminaría ahí, ya no sería Cecilia Mohamed, sino Cecilia de Otro, cualquiera que fuera, eso no importa.

Desplumando Gallinas

Un día en una de esas emocionantes clases de historia de la filosofía dice el profesor: “Los conceptos son los que dan sentido a las cosas” ¡Vaya! ¡Qué Claridad! Pensé. Por eso la idea de Dios tiene sentido, y si tiene sentido es porque se entiende, ahora comprendo a los creyentes, son creyentes porque entiende a Dios, y por ello Dios les da lo que ellos piden, dinero. Si es así con Dios, es así con todos los conceptos, pensé. Yo he creído y me he convencido de ser millonaria y aun así, materialmente me encuentro desprovista de ello. En ese orden, si soy creyente, esta vez no en Dios, sino en la idea de hacerme millonaria, que para efectos de peticiones es lo mismo, debería serlo y no lo soy, por lo que mi idea no le da sentido a la realidad, por el contrario hace que la realidad sea más difícil, no por la realidad en sí misma, sino por pensar que puede ser diferente. En tal sentido la idea de Dios tampoco debería hacer feliz al creyente, sin embargo, dura toda la vida pidiendo lo mismo y cada vez con más fervor, jamás he visto tanta paciencia en alguien, buenos si, en los pobres, que entre más oraciones profesan más ricos son, dicen ellos. Son como el hombre que se sienta a desplumar gallinas hasta desplumar la de los huevos de oro.

Mi encuentro con Dafoe 

Me encontraba en mi cuarto pretendiendo ver el Anti-Cristo de Lars Von Trier, tenía mis dudas de ver la película, ya que la mayoría de los autodenominados de izquierda populista troskysta y más allá, tienen como escritor de cabecera a Bukowski y como su director a Von Trier. No sé si sea casualidad, pero me ha pasado ya varias veces que al encuentro con un seudointelectual este presume de sus conocimientos del poeta  y de la contextura casi noúmenica de Von Trier. Esa presunción hizo que sintiera miedo, un miedo horrible al contagio de un saber culebrero ¡Oh Dioses! ¿Por qué nadie los entiende? Sin pensarlo un instante más  di play y la vi, cuando termine de verla pedí perdón  al director: “Perdonad Von Trier a esta mano de incomprendidos que no saben entenderte”. Después al acostarme tuve una pesadilla en la que Williem Dafoe me asaltaba, mientras me decía que debíamos derrocar la oligarquía y que todos los pobres seriamos ricos, al otro día me levante y me dije: Gracias Dafoe por asaltarme, jamás escucharé hasta luego comandante.

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