La desacreditación, una nueva forma de violencia

06:33:00

Ojalá que la desacreditación no se nos tire la consulta anticorrupción, la Redefinición de la Línea negra y mucho menos la Justicia, como las mentiras y Mathew el plebiscito. 

Por: Ana Isabel Oñate / Democracia en la Red

Recientemente se ha hablado de una nueva era, la muy maliciosa la pos verdad, un demonio interior de las relaciones personales del ya deteriorado siglo XXI, que en sencillos pasos logra mover masas de idiotas o de personas absolutamente convencidas, finalmente hasta para eso se tiene derecho, bien lo decía Jean François Revel “la democracia es la única forma de gobierno que le permite a quienes quieren abolirla, preparase para ello en la legalidad”, allí, en ese punto en que la estupidez humana y la pos verdad se volvieron una cultura tan popular (que estar por fuera de ella es incluso muy incómodo) nació otra era, que no durará siquiera una decena de años, pero ocasionará daños como si fuese un siglo, la era de la desacreditación.

La gente se está haciendo inmune a las fake news (pocas personas, pero las hay), por eso la mayor preocupación sobre las noticias falsas es sólo la fase primitiva de un efecto colateral evolutivo, mucho más difícil de controlar. Las noticias falsas son un ingrediente propicio en medio de las elecciones presidenciales, plebiscito y en general decisiones de carácter nacional, en donde cada región o subregión saca su excusa de “sálvese quien pueda”, porque el centralismo los tiene acabados y el Gobierno abandonados; la cuestión es que esa brújula que señala direcciones en cada rincón incluso en el centro del País se desestabiliza, luego entonces no hay un territorio que represente ese centralismo, o al menos lo hará a medias ( a medias tasas de empleo, a medias tasas de satisfacción de necesidades básicas, a medias tasa de seguridad, etc.). Para convencer a través de una noticia falsa, sólo basta usar un lenguaje de temores comunes que active la lógica colectiva (individualista) mencionada y ya está, unas cápsulas gratuitas de WhatsApp bien difundidas una vez servirán para activar ese demonio, que como al lobo de las 7 colas de los hermanos Grimm le coincidirán sus planes con algunos elementos de la realidad que son inamovibles, ahí está lo “pos”, un proceso previo por una fábrica de mentiras que se sujetan a hechos que son y serán en toda su extensión porque no hay otra vía, pero a los que es fácil acomodarle elementos procesados: las conclusiones que sobre esos hechos se quieren introducir, y ¡vualá! Sí todo coincide, entonces es.

Pero, hay algo que se ha tornado más complejo, y que  va a ser difícil de frenar, sin que suene a una nueva escalada de intolerancia. Aprovechando la cultura en la que se vale hablar, se vale contar, hay quienes se han vuelto imprescindibles en la determinación de lo que está bien o no, esa es la verdadera clase dirigente, quienes realmente dirigen el destino de las decisiones ciudadanas más importantes, contamos con una nueva moda de personalizar la verdad y la mentira, el primer caso se llama información y en el segundo caso es desacreditación.

De lo que verdaderamente deben cuidarse quienes están rescatando su derecho a hablar, es de no ser desacreditados, ni en su persona ni en lo que representan, hay fantasmas de esas múltiples noticias falsas que se han vendido en el último año y medio que unidos al desprestigio de algunos actores claves han sido suficiente para restar expectativas a iniciativas como la consulta anticorrupción, el funcionamiento de la justicia con independencia e incluso, la reglamentación de la línea negra en favor de los pueblos indígenas de la sierra nevada de Santa Marta.

Un tweet ha dado la vuelta al País: “La consulta anticorrupción le dejará a Claudia López $5.600 por cada voto obtenido si alcanza el umbral. Esos recursos los va a utilizar para su campaña a la alcaldía de Bogotá, no se deje engañar”,  y ese es el verdadero debate, ¿por qué la discusión no es “necesitamos una reforma  a las dinámicas que permiten la corrupción en las esferas políticas? ¿Los siete puntos de la consulta solucionan estructuralmente el problema de la corrupción o no?, sin embargo, ha vendido más la idea de que la consulta no tiene un fin altruista, sino que es otro caballo de Troya en el cual unos se favorecen y otros son puestos en desventaja, eso vende bien en el País de la mala fe, en donde “nadie hace nada por nadie”; ¿Por qué nadie pone sobre la mesa que con ese sueldo que se ganan los congresistas es que se financian campañas políticas a niveles locales y nacionales, se direccionan los contratos para recuperar la inversión y luego se continúa en el poder?, la cuestión acá es que sí le va a traer beneficios económicos a uno grupo pequeño (así sea temporalmente) la consulta es mala,  esa es la lógica colombiana.

De igual manera, sobra decir que la noticia fue la apertura de indagatoria por parte de la Corte suprema de Justicia y la consecuente renuncia del senador Álvaro Uribe por sentirse moralmente impedido para ostentar dicho cargo, pero lo que los medios y la sociedad reseñaron fue que existía una persecución política contra el presidente electo Iván Duque y su bancada en el congreso, en especial contra el ex presidente Uribe; para ello se desacreditó la imparcialidad de la corte y adicionalmente se presentó una recusación contra los magistrados que asumieron el caso, ello vendió muy bien, y dejó muy mal parada a la Corte en el rifirrafe sobre el juicio de competencia, en donde la sala de investigación saldría perdiendo sí intentaba reconocerse jurisdicción, cuando ella misma en sus precedentes había manifestado que carecía de competencia para juzgar delitos que cometió un senador que había perdido su fuero, claramente eso llevaría a concluir la existencia de un interés particular en que el caso no saliera de la corte para ejecutar una cacería perfecta contra el Doctor Uribe, pero ¿por qué el debate no fue “Sí cometió un delito el senador debe cumplirle a la justicia y luego que retome en la política”?

Aunque suene increíble, con la línea negra está sucediendo lo mismo, Alcaldes, Gobernadores, Empresarios, Mineras, entre otros están compartiendo con la ciudadanía en general la sensación de que el Gobierno nacional se está inmiscuyendo en asuntos territoriales de manera arbitraria o que es una de las promesas que Juan Manuel está intentando cumplir por salir del paso ahora que ya se va; y ese es otro de los cuentos que nos creemos fácilmente, producto de esa rivalidad regional con el mandato central, y se nos está olvidando que el verdadero debate es ¿necesitamos nosotros, las generaciones futuras y el mundo redefinir la LN? ¿Estaba el País en deuda con esa normativa frente a estándares internacionales de derechos humanos?

Pero el descrédito basta para desviar la atención, para dar otros debates, sobretodo, para hacer que cualquier intento de defensa parezca el estallido de una persecución, es por eso que es una nueva forma de violencia, porque sus efectos generan casi que una conducta de prohibición, de silencio, con miedo a quedar peor de lo que ya la imborrable primera impresión de la sociedad se fijó. La desacreditación de quienes simbolizan debates públicos que nos debemos como Nación es producto del odio, pero también de una estrategia de manipulación, hay una erosión gigante en la calidad de las discusiones públicas, fue cierto, cambiamos las balas por palabras. 

Ojalá que la desacreditación no se nos tire la consulta, la Redefinición de la Línea negra y mucho menos la Justicia, como las mentiras y Mathew el plebiscito. 

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