Duque es un nuevo interlocutor en la mesa, seguimos en transición.

16:28:00

“El verdadero jefe de debate de Iván Duque fue el Gobierno Venezolano de los últimos 12 años” 

Por: Ana Isabel Oñate / Democracia en la Red

De Iván Duque hemos escuchado poco. Es posible que verdaderamente no haya dicho mucho o tal vez hemos silenciado sus expresiones por darle más valor a las palabras del “presidente eterno” o las del “padre inquisidor”, las comunicaciones son muy difíciles y es casi imposible combatir los retos que impone la era de la pos verdad. Siendo muy objetivos, las amenazas al acuerdo de paz no provienen de expresiones del nuevo Presidente, aunque sí de sus mentores, quienes han sido su respaldo en el ascenso mediático del que ha gozado en los últimos seis meses y sin duda de su triunfo, contrario sensu, en Duque se puede encontrar un lenguaje más moderado,  sin que ello deje de ser lesivo para la garantía de un sistema de justicia equilibrado. 

Durante la Campaña Presidencial, el Centro Democrático hizo muy suyo el lema que recoge el miedo generalizado de los Países latinoamericanos gracias a Hugo Chávez y Nicolás Maduro: “para no convertirnos en otra Venezuela, vote por…”, el rechazo al castro chavismo (sistema que también repudio) hizo que el verdadero jefe de debate de Iván Duque fuese el Gobierno Venezolano de los últimos 12 años.

Representar el rechazo generalizado a la situación de Venezuela promovió una especie de mensaje esperanzador para los magnates empresarios de éste País, e incluso para aquellos humildes colombianos que no tienen propiedad alguna, pero tenían miedo a ser expropiados, también lo fue para aquellos héroes de la patria que han considerado una ofensa poner fin al conflicto a través del diálogo y no de las armas, para los políticos tradicionales de siempre quienes se oponen a que exguerrilleros hagan política y no la guerra y mezclamos los nexos políticos del castro chavismo con las FACR y ahí nos empelotamos en una avalancha de desconfianzas y legitimación de nuevas agresiones o en el mejor de los casos: mentiras.   

Casi que en una retoma del debate para el plebiscito por la paz iniciamos por definir nuestro candidato de segunda vuelta de acuerdo a sí representaba una garantía o no para los acuerdos. No son infundadas las preocupaciones por la implementación de los acuerdos de paz, realmente cuando se está en un proceso de transición hay tres ejes centrales que se hacen sensibles y que pueden desestabilizar el progreso o incluso la existencia de cualquier Nación: el Desarrollo económico, la participación política en medio de sociedades polarizadas o en tránsito al pluralismo y en torno a valores de convivencia - educación, factores estos que necesariamente deben coexistir con la superación de la violencia y la reparación de las víctimas con acceso a la verdad y a la justicia, puntos que como se concluyó en el reciente encuentro Internacional  realizado por la Oficina del Alto comisionado para la paz “Diálogos entre opuestos”, son el eje central de las discusiones de los próximos 30 o 40 años.

Parafraseando a Diego Bautista, quien diseñó este proyecto de diálogos entre opuestos logrando reunir a sectores de ambas campañas en plena  segunda vuelta creemos que la transición es una oportunidad para el desarrollo del País, para aprovecharla es necesario aglutinar desde el Gobierno todos los temas que están pendientes por la paz y para ello hay que hacer tres cosas: (i) Romper “YO con YO” (ii) Involucrar los territorios, generando asimetrías entre las potencialidades del territorio y los medios de desarrollo sostenible y (iii) alejar los liderazgos territoriales de los problemas abstractos nacionales o centralistas, alejarlos de la polarización nacional y enfocarlos en el reconocimiento del pluralismo que desde lo local que expone con suficiencia las necesidades propias de las regiones. En este encuentro asumimos con responsabilidad que el 17 de junio no daría por hecho nuestro futuro y que eliminaríamos de nuestra cultura el instintito de superioridad frente al que piensa diferente, que nuestro compromiso como constructores de paz desde las regiones continúa y que el éxito de los procesos de paz en el mundo se debe a ciudadanías empoderadas y conscientes de su historia y su vocación de futuro, pese a las coyunturas políticas o electorales. 

En un tono esperanzador y conclusivo quiero cerrar recordando un poco de nuestras experiencias pasadas cuando hemos creído que políticamente la paz se derrumbó, en 1982  Belisario Betancur y López Michelsen se debatían en las elecciones presidenciales de la época, y como hoy existía una filosofía del lenguaje muy similar, Betancur no era el “Presidente de la paz”, un acuerdo con los grupos revolucionarios no era un compromiso presente en su discurso, que sí en el de López; sin embargo, con mucha sorpresa, incluso lo referiría Jaime Bateman, Betancourt  logró un acuerdo con el M-19 y dio el primer paso para el proceso de transición de éste grupo, y hasta ahí, sin detenernos en toda la caja de pandora que se liberó en su contenido para lograrlo durante largos años de horror y violencia; podríamos concluir que no ser el candidato de la paz no determinó por completo la renuencia a lograr un acuerdo, quiero dormir tranquila hoy pensando que la historia puede repetirse, tal vez Iván Duque no haga trizas el acuerdo del Teatro Colón, es un futuro posible. Levantemos la esperanza, sigamos en la mesa. 

Share this

Related Posts