¿Cómo dejamos de ser una opción de cambio, para convertirnos en el Caballo de Troya de la ultra; y “derecha”?

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Días después de que se conocieran los resultados de intención de voto para las presidenciales 2018, en los que por primera vez Gustavo Petro tomaba la delantera sobre Sergio Fajardo; la sensación entre risa y pena siguió a confusión; sin embargo, durante estos días, luego de las elecciones a la Cámara de Representantes y consultas interpartidista, e, “Iván Duque 40%, resto de la humanidad 0,5%”, la confusión derivó en aporía absoluta. Por supuesto, debido a la torpeza con que la “Coalición Colombia”, por mantener el fuego de la polarización entre “comunistas y fascistas”, paradójicamente se inmoló.

Por: Octavio Enrique Isaza Pedreros* / Democracia en la Red

¿Quién los puede culpar? Sí “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Así, ser presa fácil del vaivén desinformativo de las redes sociales, y, no ser inmunes del caldo de toxinas que los medios masivos de comunicación cultivan y diseminan como propaganda para los que el ejercicio del poder supuestamente corre por la venas, son la “excepción que confirma la regla”.

Lo que entre otras cosas explica cómo, el anhelo colectivo de paz previo al “Plebiscito por la Paz”, resultó en la deshumanización del país luego de la reivindicación en “democracia” de la guerra. Asimismo, explica nuestra pasividad frente al detrimento patrimonial, según la Contraloría, por más de $50 billones de pesos perdidos anualmente en corrupción. De la misma manera explica, el insondable letargo general, ante la reciente inferencia de la Registraduría Nacional en las consultas interpartidistas.

Pues, este es un virus que ha infectado a organismos de todos los colores, incluso, a los más “serenos”, de colores “verdes y amarillos”; que no desaprovecharon ninguna oportunidad mediática para “macartizar” soterradamente a la “izquierda”; vinculándola con esa idea trasnochada pero efectiva, sacada del forro del orto de la época de la “Guerra Fría”, envuelta en esa nueva animadversión denominada “Castro-chavismo”; llevándolos a perder desde hace ya varias semanas, el foco y los esfuerzos políticos sobre el fin último, como son sus propuestas de campaña.

Sin embargo, de lo que si son culpables directos; es de no haber permitido que en su momento (ni ahora), se hubiera materializado esa coalición realmente amplia y necesaria, que involucrara a más sectores políticos de “centro” y de la “izquierda”; también, por su falta de pragmatismo actual, queda la sensación en el aire de que su único objetivo en esta campaña presidencial, era nada más que su eje mediático para asegurarse unas cuantas curules para el Congreso entre “verdes y amarillos”.

Por ello, la opción de cambio se esfuma, para convertirse en ese mítico regalo para los “dioses”; ese enorme caballo de madera abandonado a las puertas de la Casa de Nariño, desde donde el “Uribismo” (ultra derecha), se esconde y espera pacientemente el momento oportuno para descender de él, y recuperar a su amada Helena de las manos de la “derecha tradicional”, o si se quiere, “Frente Nacional”, es decir: Partidos de la U, ¿Liberal?, Cambio Radical y ¿Conservador?

No es difícil adivinar quienes se van a disputar las presidenciales de cara a una segunda vuelta, teniendo en cuenta como quedaron los pesos en Cámara y Senado. De una parte, Vargas Lleras tiene un cupo asegurado gracias a sus “clientelas” y “maquinaria política”. De otra parte, la “ultra derecha”, para pasar a segunda vuelta solo depende de la incapacidad del “centro” y de la “izquierda” para concretar una coalición mucho más amplia.

Por lo tanto, estas elecciones conmemoraran las celebradas hace cuatro años y por fin, unirán a “Petristas” y “Fajardistas” en un solo objetivo; votar en bloque por la “derecha tradicional” para evitar el mal peor, la vuelta a casa de los que hace doce años, corrompieron las instituciones para perpetuarse en el poder, que además; urgen para garantizar la tan anhelada impunidad de su “mesías”, ad portas en los próximos años de un proceso penal ante la Corte Suprema de Justicia.

De acuerdo a la leyenda del “Caballo de Troya”, esta también es una invención, pero producto de la imaginación de un ciudadano impotente ante la guerra, y la muerte, y el miedo con las que nos gobernaron los que siempre ostentaron y heredaron el poder; sumiéndonos entonces, en esa espiral de perenne ignorancia, pobreza, subdesarrollo y desigualdad que irradia en la debilidad de nuestras instituciones.

No obstante, este cuento de especulativa oscuridad y sangrienta reivindicación de la guerra, no solo puede encontrar sus similitudes en los pasajes de la Ilíada de Homero, sino también en una historia aciaga del país, que en algún momento ya fue.

Historia que según (Rojas; C. 2014.), germino ya hace más de 70 años, justo para las elecciones presidenciales de 1946; en las que la “derecha” de ese entonces, demostró mayor pragmatismo a la hora de jugarse el poder y, con el apoyo de la prensa conservadora, indujeron en el electorado el clima social adecuado para recuperar el poder.

En este sentido, el Partido Liberal llegó a las elecciones dividido entre gaitanistas y turbayistas; la prensa conservadora agudizó la división, mediante el ataque sistemático hacia los dos candidatos, tildando a uno de “indio” y al otro de “comunista”.

Por su parte, el Partido Conservador para mantener su ventaja y evitar una candidatura única de los liberales, en vez de lanzar a su líder natural, pero radical, Laureano Gómez; ganó las elecciones con un moderado, tecnócrata, moderno y conciliador Mariano Ospina. Quien perdió su toque conciliador tan pronto ganó la presidencia, preámbulo del periodo de la segunda mitad del siglo XX que todos conocemos como La Violencia.


Así como los liberales del 46, el “Petrismo”, el “Fajardismo” y de La Calle, están en deuda con sus electores; por no escuchar el clamor del pueblo que demanda coalición. Cabe preguntarse, ¿a quiénes estén representando; si al electorado, o a ellos mismos de la mano de algún grupo de poder económico qué no permite más asociaciones?

Las “uvas” aún siguen verdes (afortunadamente). A pesar del evidente malestar social que cotidianamente aflora, y aboga; por despertar al “Leviatán Capitalista”, que no solo salvaguarde las reformas sociales sino también la eficiencia de los mercados económicos; pero sigue embebido en el hipnótico canto de los “fundamentalistas del libre mercado”; endémica melodía que continuamente, se propaga por los medios masivos de comunicación tradicionales y alternativos; manteniendo las “uvas” a salvo, y, colgando del racimo.

“[...] Hombres que han creado nuevos frutos en el mundo no pueden crear un sistema para que sus frutos se coman. Y el fracaso se cierne sobre el Estado como una enorme desgracia. [...] en los ojos de la gente se refleja el fracaso; y en los ojos de los hambrientos hay una ira creciente. En las almas de las personas las uvas de la ira están engordando y se vuelven cada día más pesadas, listas para la vendimia.” (Steinbeck; J. 1939)

* Octavio Enrique Isaza Pedreros; Estudiante de Economía; Miembro del laboratorio de iniciativas sociales y políticas – Somos Ciudadanos.

Notas:

Rojas; C. (2014) “La campaña presidencial de 1946 en Colombia: Estrategia y discurso de la victoria conservadora”

Steinbeck; J. (1939) “The Grapes of Wrath” 


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