La disputa hegemónica, de las armas a las urnas

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Es ahora, después de un decenio, que la insurgencia subalterna descubrió que la disputa por la hegemonía era una tarea no cumplida, esto es, la dirección de la sociedad civil, y que aquí, el poder no nacía del fusil. La guerra popular prolongada no abría las puertas de las ciudades, y consagraba su triunfo.

Por: Miguel Angel Herrera / Semanario Caja de Herramientas

Adiós o rendición

Juanita León, activa periodista en su portal, lanza también útiles apreciaciones sobre el fin de la guerra para el espacio virtual del New York Times. La dejación de las armas por la insurgencia subalterna que el presidente Santos denomina entrega, selló un ciclo de disputa política, donde la legitimación del régimen era el asunto fundamental.

La foto con Rodrigo Londoño, luciendo la camiseta de Noruega/Norway, acompañado de una autoridad policial, con tres barras en la gorra, y una camarógrafa que parece ser de las Farc – EP, con un helicóptero emblemático detrás de los tres, tiene la fuerza de un editorial colorido que hace presente el tránsito de la pura creencia en que la dominación tradicional y carismática son suficientes para los subordinados.

Estos con los nuevos abanderados, que el 27 de junio hicieron su adiós a las armas, entran a exigir satisfacción a sus intereses postergados por siglos. Es el tiempo de la hegemonía, y la ciudad y el campo son los principales escenarios para materializarlo bajo una democracia de nuevo tipo, donde la igualdad social es el objetivo principal.

Una despedida anticipada

Santos, entrevistado por Blu, a apenas algo más de un año para el fin de su reelección, que como la de Uribe, estuvo fundada en un cohecho probado, dijo que él consumió su capital político por una causa histórica de largo aliento, y no por la ilusoria popularidad coyuntural, como la que obtuvo, por todos los medios, el más agresivo opositor de hoy, Uribe Vélez y su partido de bolsillo, cuando gobernó.

De otra parte, Santos insiste en que la razón de su estruendosa caída en las encuestas, igualmente, se debe a su firme compromiso con la paz, y no, en que la popularidad que mantiene, y que no supera el 20 por ciento, por el contrario obedece, precisamente, a la firme defensa de la paz neoliberal. Porque, y no es un secreto, que las encuestas que se aplican en Colombia, miden por lo general la percepción de la clase media, o lo que otros llaman los sectores medios, que claro son una parte significativa, pero minoritaria de la ciudadanía subalterna en nuestro país.

Sobre la paz querida, Pastrana y Santos jugaron sus cartas, pero en direcciones diferentes, mientras que las Farc - EP, antes y ahora, entendieron, con dolor, en un primer momento, que la guerra que libraban y su desenlace era otro, la conquista del poder político total, abierta por el poder de sus armas.

Es ahora, después de un decenio, que la insurgencia subalterna descubrió que la disputa por la hegemonía era una tarea no cumplida, esto es, la dirección de la sociedad civil, y que aquí, el poder no nacía del fusil. La guerra popular prolongada no abría las puertas de las ciudades, y consagraba su triunfo.

La lección histórica establecía que no era suficiente la derrota de la sociedad política en un acto de guerra de movimientos, o en uno a mayor escala, la guerra de posiciones, rompecabezas analítico que sepultó los arrestos analíticos no solo de Eduardo Pizarro, sino también de Alfredo Rangel, el hoy senador del Centro Democrático, especialista, dice, en temas de seguridad y democracia.

El economista de la universidad Nacional, que después de hacer un posgrado en estudios políticos fue impulsado por Enrique Santos Calderón, cuando dirigía El Tiempo, graduándolo de “especialista” en los asuntos de la guerra subversiva, ahora se dedica, con su jefe político, a denostar de la paz en curso, que anhelan sepultar, una vez triunfen en las elecciones de 2018.

Recordando de atrás hacia adelante

Pastrana perdió en ese juego, y San Vicente del Caguán, para el bloque dominante, fue un fracaso, porque se trataba de lograr la entrega de las armas por las Farc – EP, a cambio de promesas, que en nada se parecían a los acuerdos de San Francisco de la Sombra.

Vino entonces, el hacer de su detractor principal, Álvaro Uribe, hoy su nuevo mejor amigo, en lucha contra Juan Manuel Santos, quien sí logró pasar del muro de la legitimidad, la creencia/incredulidad de la insurgencia subalterna. Ahora dirigida por Timochenko después del asesinato de Alfonso Cano, quien en el análisis resolvió el entuerto del Caguán, pero no vivió para contarlo.

El tiempo de la disputa hegemónica

En el terreno de la sociedad la iniciativa la tiene el Gobierno nacional. Mientras tanto, las Farc – EP están pidiendo que liberen a todos los prisioneros, esto es los presos políticos de esta guerrilla, quienes siguen en las cárceles.

La sonrisa de Londoño, ex Timochenko, y su discurso del 27, es la otra cara, cuando dijo en su discurso que la insurgencia no desaparece, sino que se convierte en partido político. Timo, como le dicen algunos, encarando la vida de civil, con camiseta y botas pantaneras, habló delante de un grotesco monumento dorado artificialmente, un fusil de asalto que termina en una pala.

Es el emblemático regalo que le hizo el presidente, marcando el tránsito de la modernidad violenta a una tradición campesina inviable, la de la agricultura premoderna de pico, pala y rastrillo.

De otra parte, la Corte confirmó la legalidad de la representación de las Farc en el congreso, esto es, los 6 intelectuales, una mujer y cinco hombres, que llevan su vocería por el tiempo que resta de aquí al cumplimiento de los trámites legislativos pendientes, cuando el fast track se encuentra en aprietos.

La situación actual está afectada negativamente por los bloqueos dentro y fuera de la coalición de gobierno, esto es, los practicados por las alianzas congresionales de la reacción, el CD, y sus aliados circunstanciales, la derecha conservadora, el partido de la U, y algunos compañeros de viaje, el más notorio de todos, Cambio Radical, que tiene candidato presidencial propio, el exvice Germán Vargas Lleras.

En el horizonte inmediato, las Farc, desarmadas, entregadas las armas individuales y las caletas, a través de la palabra, y su disposición táctica vuelven a ser relevantes en la coalición que permita la derrota del partido de la guerra, que abra las puertas de la dirección hegemónica a las fuerzas sociales y políticas subalternas, agrupadas por necesidad, en un frente común, cuyos candidatos resultan de una consulta democrática sin exclusiones.

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