El modesto camino de la democracia. Respuesta al maestro Enrique Dussel

07:15:00

En síntesis, no le podemos pedir a la Derecha que no se comporte como Derecha; no le podemos pedir al Imperio que no se comporte como Imperio; no le podemos pedir a nuestro adversario que se convierta en aliado (salvo si lo persuades, algo contradictorio), pero está en nuestras manos, como propuesta alternativa desde la izquierda democrática, lo que hacemos y cómo lo hacemos. De esto depende también el futuro y las luchas que vienen.

Por: Carlos A. Duque* / Democracia en la Red

En un reciente vídeo publicado inicialmente en su página de Facebook (https://www.youtube.com/watch?v=0OM2z-F9YCk) el maestro de la Filosofía Latinoamericana, Enrique Dussel, expresa su postura respecto a la carta-petición firmada por académicos, intelectuales y activistas sociales de varios lugares del mundo, titulada "Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela" (http://llamadointernacionalvenezuela.blogspot.com.br/2017/05/llamado-internacional-urgente-detener_30.html). En este breve artículo quisiera compartir, como uno de los firmantes de esta declaración colectiva, mi respuesta al apreciado filósofo.

De entrada, Dussel afirma que criticar en esta coyuntura al gobierno venezolano "supone inevitablemente un apoyo a los grupos opositores". Esta es una forma de negar la función crítica del intelectual (al menos, del no-orgánico). Pero, no me interesa seguir esa línea del argumento porque, a mi juicio, el punto central de la declaración es más sencillo e incluso no es como tal una crítica sino una modesta petición: retomar el curso democrático. ¿Qué significa esto?, además de solicitarle respetuosamente al gobierno venezolano que no continúe concentrando el poder público desconociendo otras instancias del Estado, principalmente: realizar las dos elecciones aplazadas y no intentar a la fuerza vía una ilegítima asamblea constitucional corporativista, "cubanizar" Venezuela. Aclaro la última frase: respeto el proceso cubano y lo comprendo desde su complejo contexto explicativo que inicia en 1959 (o antes), pero creo que avanzar artificialmente hacia alguna variación de aquel modelo (vía un "Estado comunal", como se ha planteado) es en este momento de crisis un grave error estratégico, que podría abrir la puerta a una guerra civil (o incluso, a la intervención militar extranjera).

Enfatizo mi lugar de enunciación: retomar el curso democrático tiene que ver con empoderar al pueblo no con empoderar al poder. Precisamente, el maestro Dussel, ha olvidado esta vez que detrás de las manifestaciones en Venezuela, que ya superan los dos meses, hay también pueblo, "bloque social oprimido". Usando otra idea dusseliana, podemos afirmar que hoy el "poder obediencial" no se ejerce en el hermano-país. El "pueblo mandante" ha sido interpelado. El maestro desatiende en su alocución la gente-de-abajo que hoy se expresa en las calles de Venezuela. Siguiendo el llamado zapatista, exaltado en su obra filosófico-política, hoy podemos afirmar que en lugar del "mandar obedeciendo" y "andar preguntando", hoy asistimos al "mandar mandando" y "andar predicando".

No obstante, se nos pregunta, al retomar el curso democrático, ¿tendría que aceptar el oficialismo su previsible derrota y realizar las elecciones aplazadas? Es posible. La modesta idea de la alternancia democrática, que hoy queremos recordar, funciona desde la lógica del no-todo: en democracia puedes perder y, muchas veces, lo que necesitas es, precisamente, perder, de manera temporal. Perder, replegarte, analizar errores, afinar las estrategias y volver: es lo que tendrá que ocurrir a mediano plazo, antes o después, en la Argentina y en Brasil. La democracia, como método perfectible de convivencia entre desiguales, además de ser antídoto contra la violencia lo es también contra la concentración corruptora del poder.

Al final de la alocución, Dussel llama de manera sorprendente a sus colegas a no seguir el libreto de una definición de "democracia" que "están proponiendo los medios de comunicación". Más allá del paternalismo, esta es una de las objeciones que nos exponen a quienes insistimos en el camino de la democracia (radical); en una de sus variaciones ─usualmente luego de llamarnos inocentes o formalistas─ la crítica afirma la fetichización del concepto "democracia" pero, por ejemplo, en ningún momento se interroga por la posibilidad de que también se haya fetichizado desde la otra orilla el concepto de "imperialismo". En muchos discursos radicales, podríamos intercambiar la palabra "imperialismo" por "el demonio" y el sentido sigue siendo el mismo.

Respecto a la terminología que usamos en el debate, ¿por qué "democracia" es fetichización pero "imperialismo" expresión de objetividad? En este caso, Dussel, apelando al "juicio de la historia", se deslinda de posiciones más moderadas que llaman al cese de la polarización, y toma el camino del "expediente-Imperialista", que sin ser inexacto (¿cómo pedirle al Imperio que no lo sea?), invisibiliza las tensiones que este proceso hoy afronta, en especial, la ruptura hegemónica, la perdida de gubernamentalidad, el debilitamiento del tejido social y la aguda crisis de desabastecimiento.

En síntesis, no le podemos pedir a la Derecha que no se comporte como Derecha; no le podemos pedir al Imperio que no se comporte como Imperio; no le podemos pedir a nuestro adversario que se convierta en aliado (salvo si lo persuades, algo contradictorio), pero está en nuestras manos, como propuesta alternativa desde la izquierda democrática, lo que hacemos y cómo lo hacemos. De esto depende también el futuro y las luchas que vienen. En medio de tanta violencia, en medio de tanta polarización, recordando que el garante constitucional de la seguridad y el orden institucional es el Estado, hoy insistimos, más allá de todos sus abismos y contradicciones, en el camino de la democracia.

* (Profesor universitario, doctorando en filosofía política, Unicamp, Brasil)

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