¿#Todos somos la próxima víctima?

08:08:00

En lo que va corrido de éste año, en Colombia se registran más de 4.000 denuncias por abusos sexuales a niños y niñas y cerca de 400 feminicidios, cifras que nos indignan y conmueven; unos con mayor visibilidad que otros, la mayoría de ellos ni siquiera registrados en los medios de comunicación. 
Por: Ana María Manzanares / Democracia en la Red
Bajo el hashtag  #TodosSomos y el nombre de la víctima de turno, evidenciamos nuestro dolor y reclamamos justicia. Hace 5 meses fue el secuestro, abuso sexual y feminicidio de la niña Yuliana Samboní, una tragedia a la que se le dio muchísima visibilidad y que fue atendida con mayor celeridad que otras, porque además del origen humilde de la niña, el agresor pertenecía a una “prestante” familia bogotana lo que contribuyó al boom mediático. Hace un mes Claudia Johana fue asesinada en un centro Comercial  a manos de su ex – pareja quien acto seguido se suicidó sin que las autoridades hayan intervenido a tiempo; posteriormente se supo que la víctima había denunciado ante las autoridades quienes emitieron una medida de protección, que como se hizo evidente, no sirvió para detener el tiro que la mató. Hace dos semanas en el Municipio de La Peña, a dos horas de la capital de la república fue asesinada Mónica, de 17 años por su ex – pareja de 63 años, por negarse a volver con él; la semana pasada fue abusada y asesinada Sara, una niña de origen humilde en un municipio del Tolima. Y así las agresiones contra mujeres, niños y niñas se van volviendo parte del paisaje. 
Llama la atención que en estos casos los reclamos ciudadanos sobre la administración de justicia giren en torno a dos elementos: o bien se pide cadena perpetua o bien se pide la pena de muerte, a más de reflexiones que circulan en espacios como redes sociales en las que se convoca a acudir a las vías de hecho y torturar a los agresores. Asombra ver que desde la directora del ICBF pasando por congresistas y políticos, soliciten cambio en la legislación que penaliza estos actos (desconociendo  que ya hay un ordenamiento jurídico que en la mayoría de casos no se aplica) pero que no se haga referencia a medidas de tipo preventivo ni se ahonde en las causas que los produce; en el imaginario social se atribuyen estas agresiones contra mujeres, niños y niñas a enfermedades mentales no diagnosticadas, lo que los justifica y contribuye a desdibujar la responsabilidad que les corresponde. 
De otro lado, mientras nos solidarizamos con las víctimas de manera efímera a través de los hashtag y sancionamos moralmente a quien comete estos actos, en la vida cotidiana reproducimos comportamientos que alimentan la estructura en la que se dan las agresiones: defendemos toleramos y hasta justificamos el acoso callejero, seguimos utilizando la frase “pareces una niñita” como insulto en una discusión, seguimos pensando que la crianza es una obligación para las mujeres pero es un voluntariado en el caso de los hombres, seguimos riéndonos de los chistes machistas, seguimos diciéndoles “zorras” a las mujeres que nos caen mal, seguimos pensando que si matan mujeres “por algo será” y que si las violan “es porque quién sabe cómo iban vestidas”, seguimos pensando que si el estado garantiza los derechos de las personas LGBTI nuestros hijos e hijas se volverán gays. 
Es fácil hablar de prevención de la violencia de género en abstracto, lo difícil es atacarla en su materialidad; generar condiciones para que las mujeres vivamos en mundo libre de violencias pasa por entender que la violencia, el maltrato y las violaciones hacia el que socialmente es considerado el más débil son consecuencia de un sistema estructural que privilegia las relaciones de poder inequitativas, descalificadoras y jerárquicas y que se llama “patriarcado”; mientras no entendamos que los violadores y feminicidas no son enfermos mentales, sino hijos sanos de un sistema que desde todo punto de vista avala y aplaude sus comportamientos mientras condena sus consecuencias, seguiremos siendo la víctima de turno a través de un hashtag mientras conocemos el nombre de la próxima víctima.
Todos podemos contribuir a que esto cambie tomando conciencia de que nuestros actos cotidianos fortalecen o debilitan un sistema que nos está matando.

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