Venezuela, el incierto curso de una crisis de hegemonía ejemplar

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En las calles, unos y otros hacen ejercicios de democracia directa, en los que no pocas veces se enfrentan violentamente los defensores de la llamada revolución bolivariana, que, sin embargo, no ha tocado la estructura de la propiedad privada, de modo general, pero que sí redireccionó el destino de la renta del petróleo.

Por: Miguel Angel Herrera Zgaib / Semanario Caja de Herramientas

En conmemoración de los 80 años de la
muerte de Antonio Gramsci, 1937 – 2017

En términos de Antonio Gramsci, Venezuela experimenta el devenir de una específica crisis de hegemonía. Esta tiene que ver con la puesta en situación de la revolución bolivariana, un proyecto que se encuentra en la encrucijada y que arranca como experiencia de gobierno con respaldo de las mayorías subalternas en 1999.

Y es una revolución en la medida que esta rebeldía multitudinaria fue capaz de movilizar con la dirección del comandante Chávez, indultado por el presidente Rafael Caldera, a las masas populares, convirtiéndolas en activas, luego del desastre del frente nacional venezolano gobernante, corrompido por la distribución caprichosa, desigual, y delincuencial de la renta petrolera.

La clase media, en varios de sus estratificaciones, y algunas franjas subalternas descontentas se enfrentan en las calles con la sociedad abigarrada que puebla los altos de la ciudad de Caracas, quienes por doscientos años rodean con sus cinturones de pobreza, a las clases descontentas, y a las capas ricas que corrientemente ocupan los lugares mejor dotados de una capital segregada; ahora sacudida por marchas y contramarchas en las últimas tres semanas.

¿Democracia directa?

En las calles, unos y otros hacen ejercicios de democracia directa, en los que no pocas veces se enfrentan violentamente los defensores de la llamada revolución bolivariana, que, sin embargo, no ha tocado la estructura de la propiedad privada, de modo general, pero que sí redireccionó el destino de la renta del petróleo.

El comandante, nacido en Barinas, con núcleos rebeldes dentro de las fuerzas armadas, se dispuso, en forma clandestina, a mejorar la condición de los pobres y pobladores de las barriadas deprimidas de la gran ciudad, y de otros estados, la mayoría, para quienes la derrama de la bonanza de muchos años jamás llegó. Atesorada descaradamente por las burocracias del bipartidismo, y de los obreros de la industria del petróleo y sus derivados, cooptados, transformados y corrompidos sistemáticamente.

Estas multitudes en rebeldía, que ahora resisten a los miles de miles movilizados por la MUD son las mismas que bajaron un día, y saquearon a Caracas, hambreadas por las políticas del adeco Carlos A. Pérez. Hoy la MUD busca dirigir en su heterogeneidad, a los sectores medios de la sociedad venezolana, y reposicionar a la gran burguesía que se afianzó históricamente a partir del pacto de punto fijo, del año 58.

Una lección para no olvidar

“Hay más de 10 millones de colombianos exiliados por hambre, miseria y desempleo”.

Nicolás Maduro, ET, 21/04/2017, p. 2.

“Estamos muy preocupados por Venezuela”.

Nikki Haley, presidente del Consejo de Seguridad de la ONU.


Los dirigentes que hoy demandan “democracia”, en su sentido estrecho, en términos de representación, y de respeto a la división liberal de los poderes reales, Capriles, Borges, López, Machado, y Luis Florida, diputado presente hoy en Bogotá, en su campaña de denuncias, tienen un mal antecedente, el golpe de estado, perpetrado y fracasado en el año 2002.

Es un pésimo antecedente porque contrasta con otro intento de golpe en la tierra de Bolívar, el que ensayó Hugo Chávez y otros subalternos del ejército venezolano, y que decidieron parar, para precaver un baño de sangre innecesario, en razón de las resistencias encontradas, incluso por sectores de las propias fuerzas armadas.

Hecho lo cual, el golpista Chávez se entregó, y pagó varios años de cárcel, sin huir a otro país. No sucedió así, con quien se convirtió en un presidente fugaz del otro golpe, el reaccionario, quien huyó a Colombia, cuando la restauración se hundió por la tenaza que le impusieron las multitudes bajadas de las laderas inhóspitas y los militares fieles al presidente Chávez.

Operación ésta en la que se destacaron militares de rango intermedio como Diosdado Cabello, y otros que hoy son figuras del PSUV, entre los que, por supuesto, descuella quien era un dirigente sindical del sector transporte público municipal, Nicolás Maduro.

Es el mismo que hoy responde al presidente de Colombia, que denuncia en público lo que llama el fracaso de la revolución bolivariana. Le riposta diciendo, que en Colombia todo es privatizado, todo es para la oligarquía, nada para el pueblo”.

Con el acuerdo de Punto Fijo, los sectores organizados de obreros, burgueses, y pequeño burgueses, pusieron de patitas en la calle al dictador Marco Pérez Jiménez, un modernizador, al estilo que lo fueron, mientras pudieron, Juan Domingo Perón y Getulio Vargas. Este acuerdo con la hegemonía de la burguesía liberal y conservadora es el que aún no acaba de morir en la Colombia del otro lado de la frontera, sino que se prolongó a través de una guerra de más de medio siglo, que se sumó a los 100 años de soledad novelados por Gabo, en su obra inmortal aparecida, casualmente en 1967.

Pero, esta vez, las fuerzas no son las mismas. Las que son contrarias a los nuevos intentos de golpe, y que aspiraban en el curso creciente de las movilizaciones llegar a la Defensoría del pueblo, el pasado miércoles 19 de abril. Porque hay un sector popular heterogéneo, y son millones, quienes fueron beneficiados de algún modo con la redistribución de parte de la renta petrolera, de la tierra inculta o mal cultivada en algunos estados deprimidos en lo económico, cuando la bonanza lo permitió.

Ahora, ese flujo de caja está suspendido, y el gobierno del PSUV ha tenido que acudir a los préstamos extranjeros, mientras se beneficiaba de una nueva subida de los precios del crudo. Y a raíz del intento, en parte exitoso del dumping petrolero que prohijó el gobierno Obama, poniendo a circular en el mercado global al oro negro obtenido por vía del fracking. Lo cual no duró hasta hoy, porque los costos de producirlo son insostenibles a largo plazo. Pero, en cambio, sí logró hacer dura mella en los estados en rebeldía contra el oligopolio imperial del mundo.

Una sucesión presidencial mal concebida, y peor ejecutada

En el ocaso de la vida del comandante Chávez, de la cual aún se especula, insistiendo que fue envenenado, como él mismo trató de probarlo, en relación con el deceso del libertador de las cinco repúblicas, hubo primero que hacer arreglos con sectores capitalistas que los críticos agrupan en la Bolinburguesía. Lo cual le puso frenos al proceso del socialismo del siglo XXI. Todo para garantizar viabilidad a los triunfos electorales, ante la precaria transformación del sector real de la economía venezolana, donde era costumbre subsidiarlo e importarlo todo.

Sin que las misiones cubanas pudieran realizar cambios en términos productivos en el aparato oligopólico de la precaria industria venezolana, concentrada en lo fundamental en prestar y extender servicios básicos a las poblaciones pobres y segregadas de la república hermana, en un ejercicio parecido al que cumplieron en Angola, solo que allí tenía que librarse en paralelo una batalla cotidiana contra las fuerzas contra-revolucionarias. De aquella empresa fue emblemático el caso del fusilado General Ochoa.

De este modelo imposible, por su condicionamiento exterior, fue beneficiaria la burguesía colombiana en grado sumo, hasta el punto de ser Venezuela el segundo destino de sus exportaciones, que hubo momentos en que ascendieron a 8.000 millones de dólares, en los tiempos del presidente Álvaro Uribe.

Al mismo tiempo por años y años, hubo millones de colombianos aprovechándose de la bonanza petrolera, primero; viviendo una doble vida a lado y lado de la frontera, y haciendo negocios con la reventa a cuenta-gotas y en grandes cantidades en Colombia. Era una situación muy parecida, a las poblaciones de las dos Alemanias, que trabajaban en un lado, y comía y dormían al otro lado de la frontera trazada por el triunfo aliado de la II Guerra Mundial.

Pero las elecciones, con las mayorías subalternas organizadas, y movilizadas alcanzaron para elegir a Chávez varias veces, y con cierta precariedad al sucesor, Maduro, a quien Chávez escogió a dedo, atendiendo al círculo de consejeros más cercanos a él, desde el golpe fallido contra su primer gobierno.

Estas decisiones se granjearon la marginación de equipos intelectuales y políticos valiosos. Hasta que el cáncer del comandante lo hizo todo urgente, y la oposición escudándose en la Constitución Bolivariana pudo reponerse, y abandonar la fórmula de choque que puso a Leopoldo López en la cárcel, al tratar de estimular las guarimbas con piquetes armados, para tratar de ponerle “tatequieto” a las milicias bolivarianas que fueron apareciendo en los barrios más proclives al chavismo en la ciudad de Caracas.

De ese modo, la mesa de la unidad democrática, como se autodenomina la MUD, puso al frente al dirigente moderado, Capriles, y colocó en un segundo plano a María Corina Machado, de Vente Venezuela, de la misma línea que el encarcelado Leopoldo López, y en la dirección de las fuerzas congresistas al adeco Ramos Allup, con quienes conquistaron las mayorías en el poder legislativo.

El devenir de la crisis de hegemonía

“He recibido por varias vías sus mensajes, y les digo, esa es la única vía (el diálogo)”.

Nicolás Maduro


Las movilizaciones del jueves pasado fueron neutralizadas, al ponerse en la calle los efectivos de la guardia nacional, y la policía, luego que el comandante de las fuerzas armadas, el general Padrino pusiera en claro su lealtad al presidente Maduro.

Era ya la sexta convocatoria sucesiva, con apoyo en un sector mayoritario de países representados en la OEA, y donde Colombia, cada vez más, ha subido la voz, en sintonía con el gobierno de Donald Trump, que tiene en el canciller Luis Almagro su guante de seda blindado, para reclamar el cumplimiento de la Carta democrática que no se aplicó en los otros países, cuando los que caían eran gobiernos progresistas. Ahí quedaron a la vista los gobiernos de Honduras y Paraguay para refrescar las memorias más calenturientas.

Se han adelantado las misiones de buena voluntad internacional, con la mediación incluso, desde la distancia, del papa Bergoglio, quien conoció en su propio pellejo lo que fueron las dictaduras militares, cuando se dieron los golpes de estado que empezaron en el lejano 1955, y lo que vino después, cuando volvió a producirse el extrañamiento del peronismo con y sin Perón.

Pues, bien, el pasado sábado, luego que se contabilizaron nuevas muertes de parte y parte, siempre con disputa sobre los verdaderos autores de las mismas, se convocó la séptima movilización en la disputa por el control de las trincheras y casamatas de la sociedad civil venezolana, precavida la oposición de las divisiones que hay en el campo subalterno, donde las erráticas ejecutorias del gobierno del PSUV, han afectado a capas sensibles de la población favorable todavía al experimento del socialismo con capitalismo rentista, que sigue siendo la base real de la maltrecha economía venezolana.

Sin embargo, como lo recuerda Gramsci, en unas notas de los cuadernos de la cárcel escritas entre los años 1932 – 1934, en el análisis de situaciones, las relaciones de fuerzas sociales y militares están siempre mediadas por las políticas, aunque las militares sean las inmediatamente decisivas. A la vez que es relevante entender que se libra en América Latina, y en Venezuela en particular una guerra de posiciones democrática, cuyo desenlace nos afecta y afectará a todos, y en primer lugar, a Colombia.

De ahí que Santos se deslice ahora del escenario del mejor amigo al enemigo descubierto disfrazado con el ropaje de la “democracia representativa”. Y, claro, es explicable que Maduro le cante la tabla, y lo amenace revelando “toda la verdad sobre el proceso de paz”.
Pero, es en la calle y en los cuarteles, donde avanza la crisis de hegemonía, y la disputa ya adquirió dimensiones locales y globales. Esta situación local y subcontinental la seguiremos analizando durante las jornadas del VIII Foro Palabra y Acción, a las que los invitamos a todos nuestros lectores. Que este escrito les sirva como antesala.

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