Gentrificación: Los marginales en el medio urbano

14:35:00

No hace falta ser “Don Carmelo” (Buñuel, Los Olvidados, 1950) para no reconocer la miseria que se vive en las ciudades, sobre todo en éstas, las latinoamericanas; las cuales resultan ser (en conjunto) unas de las más frágiles y vulnerables de todo el planeta. 
Por: Fernando Reséndiz / Arquine.com
Don Carmelo, a pesar de ser un ciego, necio y aprovechado, era el único personaje que podía observar lo peor de la situación de miseria urbana en una ciudad de México que apenas comenzaba a construirse con el paradigma de la modernidad. Se percataba de los olvidados que habitaban ahí, escondidos por las clases altas, en un medio urbano llano y abandonado por la élite, en un lugar que se convertiría en una gran megalópolis con el paso del tiempo y el sueño de un cambio revolucionario.
En esa época, Luis Buñuel (1950) tuvo un ojo crítico y meticuloso que le sirvió para enseñarle a la población que no todas las cosas en el mundo eran la nueva televisión, el entretenimiento, la modernidad y el codiciado dinero. Existía una ciudad oculta y olvidada; incluso dividida y segregada por fronteras espaciales y de infraestructura, donde “se habla de -guetización- (y) pueden identificarse las barreras que limitan el porvenir de esta población, barreras tanto más poderosas en cuanto segmentan la ciudad de manera invisible y estropean la vocación de acercar a sus habitantes” (Donzelot, 2012:14).
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Un medio semi-urbano que ya se empezaba a consolidar dentro del pensamiento global; un lugar donde ya se advertía la marginación urbana, donde se comienzaban a tratar las siguientes formas de violencia: infantil, física, psicológica, estructural, intrafamiliar, urbana y verbal. Se intenta mostrar, o más bien, dejar en evidencia clara, la triste realidad de ciudad de México de los años 50, de la capital mexicana que ya se transformaba a través de los pensamientos del Movimiento Moderno en la Arquitectura y el Urbanismo. Ésta obra social, habla claramente de esta ciudad, sin embargo deja en claro que existe el mismo problema -el de los marginales- en todas las urbes del mundo, el conflicto de los delincuentes segregados por la sociedad. Mientras los problemas sociales, como el de los sin techo, la pobreza y la segregación, sean solo apreciables y aparentes para aquellos que lo experimentan, seguirán habiendo pocos programas sociales enfocados en un cambio, estos problemas se convierten en legibles y solubles solo si son evidentes en el espacio público. Se puede insistir en el punto, tal como lo escribe puntualmente Arjun Appadurai y Zygmunt Bauman, citados por Montaner y Muxí (2011:188), “los marginales, son molestos porque representan a los marginados del mundo del consumo y de las fuerzas económicas de la globalización”. Así mismo, sin una ideología política clara, también simbolizan un “recordatorio del fracaso de diversos proyectos de Estado (socialista, desarrollista y capitalista). Las minorías (marginales) son señales que apuntan el fracaso y la coerción. Son la vergüenza para toda imagen de pureza nacional y de injusticia pública patrocinada por el Estado.” (Appadurai 2013:60) Esa presencia es muy molesta, inquietante; pero ¿cómo es que un grupo de personas se puede excluir del consumo sistemático en el mundo Global? Es probable que por lo mismo “nos” -o más bien “les”- moleste tanto la presencia de algunos países con políticas anti-globales, a los cuales no les interesa consumir el mundo material, como por ejemplo Corea del Norte al extremo, una Cuba en decadencia o la Venezuela que ya no es (el miedo a la diferencia). Es por esto que son considerados extraños, apartados de un sistema -según el mismo sistema creado- que se dice incluyente y benefactor para todos, “como siempre en la historia del hombre, constituyen un problema para la élite”. (Appadurai 2013:51) Como lo menciona Pierre Bordieu en los Efectos de Lugar: “En efecto, ciertos espacios, y en particular los más cerrados, los más ‘selectos’, exigen no sólo un capital económico y cultural sino también un capital social. Procuran capital social y capital simbólico mediante el -efecto club- resultante de la reunión duradera (en los barrios elegantes o las residencias de lujo) de personas y cosas que, diferentes a la mayoría, tienen en común no ser comunes; esto es, en la medida en que, por derecho (mediante alguna forma de numerus clausus) o de hecho (el intruso está condenado a experimentar una sensación de exclusión capaz de privarlo de algunos de los beneficios asociados a la pertenencia) excluyen a quienes no presentan todas las propiedades deseadas o presentan (al menos) una de las propiedades indeseables”. Cuando es en este embrollo sistemático, en el cuál, se han generado las privatizaciones del espacio, donde todos los que nos encontramos inmiscuidos en la corriente, tenemos que ser buenos ciudadanos, siguiendo las regulaciones de comportamiento en público, y sobre todo, humanos de calidad, para poder adquirir una vivienda asequible y supuestamente habitable. Tenemos que representar el ser un potencial cliente de productos; aunque resulte evidente la existencia de la realidad contraria, como en “los inmensos barrios autoconstruidos, como el que en Ciudad de México se considera que aloja a seis millones de personas, o los minúsculos barrios precarios construidos con hendiduras o solares abandonados, junto a canales, torrentes, ríos o líneas de ferrocarriles” (Montaner, Muxí 2011:183) como los que se establecieron en el municipio de Naucalpan en la Zona Metropolitana, habitando los abandonados vagones de las vías y adecuando el espacio de manera efímera para satisfacer una necesidad.
Estas poblaciones, marginadas por un sistema, en el cual, sufren de esta condición por no encajar en él; representa una situación que se le sale de las manos a las organizaciones (ONG’s), al Gobierno y a los ciudadanos, sin considerar que siempre y en cualquier momento, todos podemos estar en esa situación en cualquier momento de la vida, ya que lo que si es incluyente en el problema, es que resulta ser una condición humana, pues “las razones que llevan a esta situación límite de exclusión (la más marginal), que comporta vivir y dormir en la calle, llevando a cuestas lo poco que se tiene, son diversas, pero generalmente se unen la falta de trabajo y de recursos con la pérdida de lazos familiares y sociales que ayuden a disponer de un hogar, aunque sea provisional, y obligan al sin techo a habitar cualquier rincón de la ciudad. (…) Cualquiera puede verse envuelto en una situación en la que se vayan acumulando desgracias y pérdidas”. (Montaner, Muxí 2011:187) Así como nos podemos desgraciar (según lo que el sistema sea lo que esto signifique), otra condición humana es la movilidad, llevamos cosas todo el tiempo y a todos lados, esta movilidad cada día es más compleja gracias a las facilidades de la tecnología, no por nada se escribió “los no lugares” de Auge, viajamos, nos mudamos, trabajamos aquí y allá, nos desarrollamos en el mundo de forma libre, nuestro “hogar” puede ser donde sea, somos nuevos seres hiper-texto, siempre que nos encontremos inmersos en el mundo global, el cual también es de la discontinuidad y la prohibición. Otro problema que nos ha heredado las movilizaciones masivas, es la famosa “burbuja inmobiliaria” ya tan sonada y estudiada por los mejores especialistas, la cual ha generado la dinámica, de movimientos internos y externos, pero también, la mayoría de las veces, segregando a ciertos poblados de sus territorios (gentrificación). Es decir, si un territorio tiene potencial para ser un gran desarrollo de multi-tiendas, ultra-oficinas e hiper-viviendas (aunque todos estos modelos representen 40m2), la población que radicaba ahí, es re-ubicada para el buen funcionamiento del capitalismo desmedido que ahora se presenta sin máscaras, totalmente descubierto, pero sin una proyección futura clara. Esto ha generado, exponencialmente que “en todas las ciudades aumenten los grupos humanos que son excluidos por NO responder al modelo dominante, como los ancianos, los discapacitados, los enfermos, los drogodependientes, los inmigrantes, los gitanos, los sin techo, que son marginados y convertidos en minorías, chivos expiatorios de las contradicciones y presiones del sistema económico.” (Montaner, Muxí 2011:187)
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REFERENCIAS

Appadurai, Arjun, 2013, EL RECHAZO DE LAS MINORÍAS. Fábula en Tusquets, México, 192 pp.
Augé, Marc, 2000, LOS NO LUGARES. ESPACIOS DEL ANONIMATO. UNA ANTROPOLOGÍA DE LA SOBREMODERNIDAD. Gedisa, Barcelona, 125 pp.
Bourdieu, Pierre, 1999, LA MISERIA DEL MUNDO, FCE, Buenos Aires, 564 pp.
Donzelot, Jacques, 2012, ¿HACIA UNA CIUDADANÍA URBANA? LA CIUDAD Y LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES. Nueva Visión, Buenos Aires, 64 pp.
Giglia, Angela, 2012, EL HABITAR Y LA CULTURA. PERSPECTIVAS TEÓRICAS Y DE INVESTIGACIÓN. Anthropos/UAM-I, Barcelona/México, 159 pp.
Montaner, Josep; Muxí, Zaida, 2011, ARQUITECTURA Y POLÍTICA. ENSAYOS PARA MUNDOS ALTERNATIVOS. Gustavo Gili, Barcelona, 251 pp.

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