Novoa: magistrado incómodo

15:03:00

Novoa no se arredra ante las dificultades y, sin rodeos, declara que el Consejo Nacional Electoral debe abandonar el secretismo y actuar de cara a la ciudadanía haciendo públicas sus actuaciones en tiempo real pero, más aún, es el mismo CNE el que debe desaparecer.
Por: Luis I. Sandoval / El Espectador
El 18 de septiembre de 2014 se posesionó Armando Novoa García, abogado externadista, reconocido constitucionalista, como magistrado del Consejo Nacional Electoral.
Por primera vez entraba a ese cuerpo de control de las elecciones y los partidos una persona que no pertenecía a las fuerzas políticas tradicionales de origen liberal y conservador. Su elección en el Congreso de la República fue posible por los votos coaligados de los partidos Polo Democrático, Alianza Verde y Mira.
En esa oportunidad expresó el presidente de la República: “Me complace como colombiano y como demócrata, porque aquí se está dando un paso adicional en algo que creo: en ir abriendo esta democracia lo máximo posible para hacerla cada vez más incluyente, para darle cada vez más espacio a la oposición, para que todos los colombianos sientan que hay unas reglas de juego que son unas reglas justas dentro del quehacer democrático”.
Santos destacó las calidades y la hoja de vida del magistrado Armando Novoa y dijo que “su presencia en el Consejo Nacional Electoral, a nombre de partidos políticos que no tenían representación en este ente, se constituye en garantía para la institucionalidad y la transparencia de los procedimientos democráticos. Lo que le deseo es muchos éxitos. Su éxito es el éxito de nuestra democracia”.
Pero la realidad ha sido muy otra. El magistrado Novoa, el único funcionario en un órgano de control que no pertenece a las fuerzas políticas mayoritarias, ha encontrado todo tipo de dificultades para el ejercicio de sus funciones, hasta el punto que sus colegas del CNE, aceptando recusaciones forzadas, lo han apartado del estudio de los dos más sonados casos de dineros de Odebrecht en la política, como serían los de los partidos Centro Democrático y de la U.
Digo recusaciones forzadas porque lo que las genera no son las supuestas declaraciones imprudentes que haya hecho Novoa sino noticias, filtraciones en los medios, de actuaciones o propuestas del magistrado. Muy rápidamente el CNE ha aceptado las recusaciones al parecer pretermitiendo el debido proceso lo cual ha conducido a Novoa a plantearse acciones de tutela ante las autoridades judiciales.
Aparte de ello hablar de manera hipotética de que si se configura un delito ello acarrea determinada sanción de ley para nada es prejuzgamiento de una situación de la cual conoce la sala plena. La lógica espontánea que se aplica en tales casos para nada configura anomalía alguna.      
El hecho de que se constriña y acorrale a un magistrado que está cumpliendo con la función de procurar la transparencia en la política, en un país abrumado de corrupción y con su legitimidad institucional cuestionada con razón, es extremadamente preocupante. Hoy, por demanda ciudadana y por desarrollo de lo acordado en el punto 2 de La Habana, es preciso proceder a una gran reforma política que incluya, por supuesto, la reforma del poder electoral carente de condiciones que garanticen el ejercicio transparente del sufragio, la vida democrática de los partidos y la financiación sana de la política. Novoa está actuando en favor de cambios ineludibles.
Novoa García no se arredra ante las dificultades y, sin rodeos, declara que el CNE debe abandonar el secretismo y actuar de cara a la ciudadanía haciendo públicas sus actuaciones en tiempo real pero, más aún, es el mismo CNE el que debe desaparecer: “Se necesita un poder neutro, un órgano de control de las elecciones no controlado por los partidos políticos, de origen técnico, con magistrados que piensen en términos más jurídicos que políticos y electorales, y eso obliga a la modificación de algunas normas de la Constitución”, plantea. 

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