Los niños de las Farc

09:58:00

No sólo ahora, a raíz de las negociaciones con las FARC, he tenido la oportunidad de conocer y hablar con las guerrilleradas. 

Por: Luis Carlos Pulgarín Ceballos / Canal 3 Sistema en Línea

A principios de los años 90s, en la región de Urabá, ya mis pasos se habían cruzado con la insurgencia colombiana, con todos los frentes que allí hicieron presencia: El EPL, con el cual compartí sus sueños de paz en la vereda de Pueblo Nuevo, durante sus conversaciones con el gobierno de Gaviria; con los Elenos y su fracción de la Corriente de Renovación Socialista reinsertada en el año de 1994 cuando cierto elefante habitaba en la Casa de Nariño, y con las FARC que tenía la región bananera como uno sus territorios propios desde el V Frente. Y tanto ayer como hoy he tenido la misma sensación después de hablar –aún- con guerrilleros que bordean los 24, 25 y hasta más allá de los 30 años; que a pesar de estar acorazados con la piel de la adultez, en sus gestos y  en lo profundo de sus ojos, se adivina el niño que detuvo su infancia en el tiempo porque la guerra los convirtió en viejos prematuros. 


A raíz de las escandalosas alharacas que suelen hacer los senadores del inescrupuloso Centro Democrático, de sus aliados solapados de Cambio Radical, de la vieja godarría nacional agrupada en el vetusto partido conservador, y aún, de aquellos personajes que me parecen peligrosos por su actitud ambidiestra como la senadora Claudia López; por la supuesta lentitud de los Acuerdos entre las FARC y el Gobierno para la entrega de los niños que hay en las filas del grupo subversivo, me permito recuperar dos reportajes que escribí -en meses anteriores- sobre dos niños guerrilleros que con plena lucidez y madurez nos plantean otra versión sobre la presencia de niños y adolescentes en la guerrilla.


Pero antes de ir a los reportajes quisiera plantearme los siguientes interrogantes para esta sociedad mezquina y de doble moral que, apegada al discurso falaz de las élites corruptas y criminales, sigue poniendo trabas a la rueda de la paz  ¿Cuándo han hecho alharacas por los niños que asesinan los corruptos políticos de la Guajira? ¿Acaso no es un crimen que la clase mafiosa y paramilitar avalada por los partidos de derecha, sobretodo, Cambio Radical, condene a la muerte a miles de niños por el desangre de la corrupción? ¿Dónde están las alharacas de los adalides de la moral reclamando para que haya justicia y se sancionen a los militares colombianos por los miles de niños que han sido asesinados por el ejército nacional, en contubernio con el paramilitarismo, para hacerlos pasar como guerrilleros y que tuvo su nivel criminal más alto en el gobierno de Uribe Vélez; caso de tres niños de 2, 5 y 9 años masacrados brutalmente en el 2005 en San José de Apartadó?  ¿Dónde están los grandes titulares de los medios de las élites de derecha reclamando que la paquidérmica Comisión de Investigaciones y Acusaciones de la Cámara de Representantes destrabe las investigaciones contra Álvaro Uribe Vélez por inducción a las Fuerzas Armadas para perpetrar los denominados Falsos Positivos (donde muchas víctimas fueron niños apenas), desde su criminal política de la Seguridad Democrática?  ¿Dónde están los reclamos que se deben hacer contra la corrupta clase gobernante colombiana que a través de la historia ha condenado a muerte a los niños del Chocó, Tumaco, la Costa, y tantas otras regiones, debido a la corrupción rampante que nace en la Casa de Nariño, pasa por el ICBF y se reparte la torta de la contratación estatal en el Congreso, las gobernaciones y alcaldías? Cuántos de esos niños que mueren de hambre a diario en la Guajira, el Chocó, en las laderas de Medellín, en los cinturones de miseria de Cali y Bogotá, etc.; cuántos de esos niños víctimas de la barbarie paramilitar y víctimas del glorioso ejército nacional en los mal denominados Falsos Positivos; cuántos de ellos no se hubieran salvado si hubieran estado protegidos en las filas de la insurgencia de las FARC.  Dejo por ahí y paso a los reportajes:


1. Mariana, la ecónoma del Frente.

Mariana, tiene 17 años “a punto de cumplir los 18” aclara con énfasis tranquilo; delgada y de tez trigueña, cabello negro largo y lacio, recogido en una cola de caballo, de facciones mestizas muy propias de las mujeres de la región;  es la ecónoma del Frente 34 de las FARC, ahora tiene tiempo de poner al sol de la tarde, una docena de tomates que se le han humedecido, para que no se pudran, mientras su fusil permanece en silencio sobre una banca de madera. De allí se levanta para indicar al “ranchero”, un joven un poco mayor que ella, donde están los insumos con que éste ha de elaborar la comida. 

En la mañana siguiente me encuentro con Mariana, en la orilla del río. Lava algunos trastes. Me cuenta que ingresó a los 15 años a la guerrilla, desde los 12 años quería ingresar pero no la aceptaban, una vez cumplió los 15 se voló de la casa, dejó a sus padres con el ponqué y la fiesta de celebración para su cumpleaños preparados. Su padre durante muchos días persiguió un novio que ella tenía, pues estaba seguro que éste se la había llevado a vivir con él y la tenía escondida, hasta que ella les mandó una boleta para avisarles que no la esperaran pues se había enguerrillerado.  

Desde pequeña vio la guerrilla en su entorno, ésta era la autoridad a lo largo y ancho de Bajirá, municipio de donde ella proviene. La guerrilla es posibilidad de cambio, allí encontró un grupo, una nueva familia. Le pregunto por su novio en Bajirá, si  no lo quería, por qué dejarlo y meterse a la guerrilla, y ella responde de manera espontánea y rápida “es que ese me las había hecho, cada rato por ahí bebiendo y paseándose con las putas”. Entonces le indago si se metió a las FARC por despecho, y me recuerda que me ha dicho que desde los 12 años; que mucho antes de tener novio, ella ya quería meterse a guerrillera. 

En su tiempo como combatiente lo más duro para ella, además del temor a morir en los combates –aunque ya no le tocaron mucho por lo del proceso de paz en la Habana-, son las caminatas con los pesos del fusil y los morrales con víveres y sus cosas personales a sus espaldas. Una vez cargaba una pistola, no cargaba fusil, pero sí el morral con víveres, sus cosas personales y ese día también llevaba los accesorios del radio de comunicaciones; y atravesando un río, se creció la corriente y la mula en que montaba la botó al agua con toda su carga, estuvo a punto de ahogarse, como pudo se liberó de su carga y salió a flote, perdió los aparatos de comunicaciones y lo más grave: la pistola 38, perder un arma en el Frente es un crimen castigable. Para ella fue un gran alivio no sólo salvar su vida, sino saber que no habría sanción por la pérdida del arma, pues a decir del comandante Jimmy, era mejor que se perdieran esas maricadas y no la vida de un combatiente.

Para Mariana estar sancionado genera cierta vergüenza ante los compañeros de combate, no es que sea duro el castigo, es cosa de peso moral y social, ella ya ha sido sancionada en una ocasión por dejar dañar una carne, ocho días cocinando para todos en el Frente fue el castigo, ocho días en la ranchería. Es que en la guerrilla hay sanción para todo, me comentará después otro combatiente: “hasta por dejar quemar un arroz nos sancionan, claro que ahora no tanto, como antes de los diálogos, cuando todo era más estricto, por ejemplo, en las noches para desplazarnos de un lado a otro, así sea para orinar, nos orientábamos con cuerdas amarradas entre los árboles, nos vamos por toda la cuerda, porque si prendemos una luz nos sancionan, pues se corría el peligro de alertar al enemigo sobre nuestra ubicación”.

Volviendo con Mariana: Ahora, tiene un novio en la guerrilla, desde hace dos diciembres que es su forma de contar el tiempo, unos meses después de su ingreso al Frente, “Erly, es el nombre de combate de él”, me cuenta mientras concluye su tarea y amontona los trastes en que muy seguramente servirán el desayuno.
Qué harás cuando la guerra termine, cuando todo esto del proceso de paz concluya, le indago, y ella responde con seguridad y esperanza “volver con mi mamá, con mis padres y compartir, compartir mucho tiempo, volver con ellos a compartir”.
2. Erly, joven guerrillero de base: vida de avatares y violencias que lo arrojaron al campo de la guerra.

Por más edad que tenga, cuenta con 18 años recién cumplidos; su vida, aunque corta, es ya una suma de persecuciones, desplazamientos, duelos familiares, despojos; pero también de combates y esfuerzos personales por no doblegarse ante las circunstancias de violencia que lo han marcado desde que tenía un año de vida, las mismas que lo llevaron a tomar la decisión de ingresar a las FARC EP cuando sólo tenía 14 años. Cansado de huir, de correrle -con la familia- a los paramilitares, primero en Río Sucio, Chocó, donde le mataron un tío, torturaron y le quitaron la finca a su papá; luego en San José de Apartadó, Antioquia, donde la situación de violencia paramilitar también era intensa, decidió buscar las filas de las FARC para sentirse protegido.

Es una biblia empírica para las rutinas de la vida campesina, mantiene un estado de ánimo despierto en todo momento; siempre alerta, pendiente de las tareas asignadas en el Frente 34, en el que participa de las FARC, y de colaborar en las demás labores que se presenten, así no sean su responsabilidad. Hiperactivo, inquieto; encargado de las comunicaciones del Frente, salta aquí y allá buscando por donde enredar los cables para la antena del radio, buscando el mejor lugar para la recepción de señal. 

De estatura baja, unos 1,65 cms; pero alto nivel de autoestima y confianza en sí mismo, nos habla de su vida como una anécdota superada, no hay dejo de dolor o de ganas de venganza; piensa en que la paz es una oportunidad, para él y para todos. De tez trigueña y rostro alegre en todo momento; conversador nato, fluido en su palabra y con un discurso coherente en todo tema que se le proponga. Aunque tiene un gran conocimiento de la situación social del país y es consciente de la miseria de sus gobernantes, dice que no le interesa la política, que lo suyo es “eso de salvar animalitos… la veterinaria”, que es lo que le gustaría estudiar cuando se silencien de una vez por todas las armas de las FARC. 

“Yo aquí en la guerrilla me llamo Erly, un tío mío se llamaba así, él fue torturado, cuando Uribe le puso un plazo para acabar con las FARC y se inventó los falsos positivos, que le dio tan duro a los campesinos que los mandaban a matar y luego les ponían un camuflado, yo tuve mucha familia que sufrió con eso… a mi tío lo torturaron, esto así: uña por uña fue arrancada… lo golpearon todo y luego le echaron acido en la cara, hasta que lo mataron… simplemente porque bajó con unas botas embarradas y dijeron que era un guerrillero… él era un  civil, no tenía nada que ver con la guerrilla, pero es que en ese tiempo los “paras” mataban por matar… así uno fuera nada, lo paraban por ahí y lo mataban… cuando esa arremetida de los paramilitares, hace como 17 años, entonces nosotros vivíamos en Unguía, Chocó… yo fui nacido ahí… en ese tiempo yo tenía un añito y mi hermana dos… imagínese y ahora tengo 18… y después fue que vinimos a Urabá, que ahí yo terminé de estudiar.
“A mi papá lo tuvieron amarrado tres días los paramilitares, eso fue por allá en Río Sucio… por ejemplo, mi papá se pone a contarle la historia a uno y se le salen las lágrimas; ahí dice “ah, es que yo estoy vivo es de buenas”, mi papá estuvo amarrado...  lo acusaban de guerrillero, y de cabecera le ponían un barretón y una pala… yo no sé qué diablos hizo mi mamá, pero el caso es que a mi papa lo aflojaron… y ahí le dijeron viejo guerrillero tiene 24 horas para que se pierda de aquí.Mi papá vendió unas novillonas y se rebuscó el pasaje. Al Urabá cayó y por allá terminó la vida “jornaliando”… la tierrita en el chocó todo eso se perdió. Por eso es que casi toda mi familia ha buscado para la guerrilla, por ejemplo el viejo flaco, el abuelo mío… y en el Frente 57 también tenía un familiar, sólo que ese lo mataron “los chulos” en combate… los chulos son los mismos militares, nosotros los llamamos así; él tenía 3 años de estar en la guerrilla, tenía 18 años. Y en el “quinto” también tengo otro tío, a él le pegaron un tiro una vez, y como tres días para poderlo sacar… con esos chulos encima, de suerte por ahí había una tropa grandecita de la guerrilla y se pudo salvar… y ahí llamaron fue la Cruz Roja Internacional desde Medellín para poderlo sacar…
Detiene un momento el relato para enseñarle a alguien cómo se debe cortar las alas de un loro, pues según su conocimiento, éstas no deben amputarse totalmente a tijera como lo han hecho con un loro que tienen en el Frente, y al cual llaman “Timo” y apellidan “Chenko”. Una de las tantas mascotas que hay en la guerrilla y que se convierten en compañeros inseparables de los combatientes, referentes de afectividad y compañía.  
Yo antes de ingresar iba a ingresar era al “quinto”, yo vivía en San José de Apartadó, imagínese… allá opera el “quinto”… cuando mataron a mi hermano yo me pensaba ir al quinto, la cuñada, la que era mujer de mi hermano se fue para el 57 y me dijo vengase para el 57, que vengase para el 57, y el viejo Flaco que en esa época estaba en el 34, me decía: que vengase para el 34. A mi hermano lo querían mucho en el 57, decían que era muy buen muchacho y que era muy bueno para el plomo… a él lo mataron por Cacarica, fue confiado, muy confiado, lo asaltaron y lo mataron… mataron como tres más con él… A mí me gustaría haber estado en una comisión que sacaron para los lados del 57, una comisión de orden público y seguridad por allá… de orden público con las “paras”… los paramilitares son otra cosa, ellos sólo se forman para matar, nosotros sí tenemos formación política…”
 “Vine por los lados del Atrato con mi mamá a visitar unos familiares, y cuando nos íbamos de regreso, mi mamá se montó en la lancha y se quedó mirando cuándo era que yo iba a subirme,  desde la orilla del río le dije: mamá, que le vaya bien, yo me quedo, usted sabe con quiénes. Y ahí se fue en la panga, se fue “chillando”… mi mamá se vino a visitar al papá, al viejo flaco, él es un miembro de la dirección del Frente…”
“El pensado mío, por ejemplo, dándose esto de la paz, verdaderamente, es hacerle hasta donde pueda, hasta donde llegue esta vaina y después si se puede recoger la familia; primero que todo el viejito, y como yo no tengo la facilidad para eso de hacer política, eso no es lo mío, a mí  me ha gustado mucho es eso de joder con la ganadería. Yo soy amante de eso y a mantener montado en un “taparo” de esos... cómo dicen que van a ver cursos de esos, a mí me gustaría hacer curso de eso para, como se dice la palabra… veterinario… eso de salvar animalitos… la veterinaria”. 
Fuente: https://canal3sistemaenlinea.blogspot.com.co/2017/03/los-ninos-de-las-farc.html 

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