¡Garantías! ¡Garantías! ¡Garantías!

16:56:00

Las víctimas exigen garantías: verdad, justicia y reparación, reales, efectivas, oportunas, ¡no con exasperante lentitud como la restitución de tierras! 

Por: Luis I. Sandoval / El Espectador

Los movimientos sociales y expresiones de oposición exigen garantías para sus líderes y lideresas, basta ya de asesinatos y amenazas, ¡no más exterminio sistemático! Los excombatientes de movimientos insurgentes que firmaron la paz exigen seguridad jurídica, socioeconómica y física cuando están a punto de volver a sus pueblos, sus hogares de origen, la vida corriente de ciudadanos y ciudadanas; ¡demandan el desmonte real de los grupos herederos del paramilitarismo que los tiene en la mira!       
Garantías es hoy el clamor que se levanta en todos los rincones para que de verdad llegue la paz, para que la terminación del enfrentamiento político no se diluya en nueva ola de sangre. Se tienen infinidad de informes, unos nacionales, otros internacionales, que describen y analizan este fenómeno en todos sus aspectos y alertan sobre las consecuencias nefastas que de mantenerse tendría para la paz. En una columna titulada “Deja Vu” Antonio Caballero trata el tema en la revista Semana que está circulando.
Dice Caballero: “Siguen las matanzas del paramilitarismo en las narices del gobierno y de la Fiscalía, los cuales aseguran que el paramilitarismo no existe. Se acumulan las denuncias… Las matanzas presentes son una amenaza para la construcción de la paz mucho más seria que las discrepancias bizantinas sobre las gradaciones de la administración de justicia para las matanzas pretéritas. Ignorarlas como pretenden la Fiscalía y el gobierno, bajo el pretexto ridículo de que ‘no existe sistematicidad’, el mismo pretexto que ha sido usado de manera infame para disculpar o negar detenciones-desapariciones y ‘falsos positivos’, no es solo ceguera, es también complicidad”.  
Y con aguda visión de historiador observa el Maestro Medófilo Medina, de la Universidad Nacional, en muy reciente escrito: “En las consideraciones sobre el posconflicto en el orden de urgencias ocupa un lugar muy importante la cuestión de los asesinatos de líderes y lideresas sociales y políticos. Con resignación, si no con cinismo en Colombia se admite que los acuerdos de paz o a los eventos de entrega de armas han sido seguidos por el asesinato de sus protagonistas del lado popular o insurgente. 
La lista se inicia con el caudillo llanero Guadalupe Salcedo y se cierra con el exterminio de la Unión Patriótica. Esto se asume como una especie de tradición nacional, lo cual resulta monstruoso… El gobierno ha manejado el tema con notable frivolidad… Nada hay de aleatorio en estos crímenes. No son resultado de riñas, ni cobertura de robos. Son claramente víctimas de agentes con objetivos políticos criminales que es característica central del paramilitarismo. La negativa oficial a reconocer el fenómeno es una forma de connivencia con el mismo… 
Hoy ante la conciencia pública debe plantearse la necesidad de una lucha frontal e inaplazable contra el asesinato político y su agenciamiento por el militarismo. La eliminación física de los líderes y lideresas no puede seguir aceptándose como una tradición nacional. No es el problema de solidaridad con las víctimas. Es la cuestión vital de si Colombia accede a la definición mínima de democracia: no se puede prolongar la desgraciada tradición de un sistema político que para reproducirse a la vez cuenta cabezas y las corta”.
Cito estas autorizadas voces para dar mayor fuerza a lo que mi modesta pluma ha explicado en varias columnas: las garantías son condición sine qua non de la paz. No “garantías hostiles”: monopolio real de la fuerza en el Estado y garantía de que éste la usará para preservar las libertades de todos. ¡Garantías ya!   

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