Elecciones presidenciales y clases sociales: la desintegración del voto de izquierdas continúa en Francia

13:19:00
Los estudios de sociología electoral habían concluido, después de casi setenta años, que el voto de clase se caracteriza por una marcada división política, en la que las clases populares optan por un candidato de izquierda y las clases privilegiadas por un candidato de derecha. 
Por: Martial Focault / Sin Permiso
En 1944, el sociólogo estadounidense Paul Lazarsfeld escribió que "las características sociales determinan las características políticas." Hoy en día, el voto de la clase no ha desaparecido por completo, pero ha cambiado profundamente . Las diferentes categorías profesionales tienen una relación con la economía de menos confrontación y muchos partidos políticos se han alejado del programa que los unía a su electorado natural.
La undécima ronda de la encuesta de Cevipof confirma la erosión del voto de clase, amplificada por una reestructuración del espacio electoral francés en cuatro grupos de familias políticas (izquierda, centro, derecha y extrema derecha). En cada elección se plantea la cuestión del voto de las diferentes categorías socio-profesionales generando importantes controversias. Para responder con precisión, es importante distinguir el efecto composición (de cien trabajadores, ¿hay una mayoría que apoya al Frente Nacional?) y el efecto estructural (de cien electores de Benoît Hamon, ¿cuántos son trabajadores?).
Analicemos el efecto composición. En febrero de 2017, teniendo en cuenta todos los trabajadores inscritos en las listas electorales, el 42% de ellos no tienen previsto votar, contra un 39% para los empleados y el 34% de los directivos y profesionales graduados. De este modo, de 100 trabajadores, 42 de ellos son abstencionistas potenciales, 25 votarían a Le Pen, 10 elegirían a Emmanuel Macron, 8 a Jean-Luc Mélenchon y 7 a Benoît Hamon.
El primer partido de los trabajadores es la abstención, muy por delante del FN. Sin embargo, entre los trabajadores que irán a votar (58%), el 44% votarán por el FN, el 16% a Macron, el 14% a Mélenchon y un 12% al reciente ganador de las primarias socialistas, Hamon. En total, el voto de clase encarnado por los trabajadores se ha apartado de la izquierda, porque todos los candidatos situados a la izquierda (Nathalie Arthaud, Philippe Poutou, Jean-Luc Mélenchon, Benoît Hamon, Yannick Jadot) recogen sólo el 16% del total de los votos de los trabajadores y el 28% de los votos de los tienen decidido votar.
De acuerdo con la misma lógica aritmética, el voto de los empleados se reparte entre la abstención (39%), Le Pen (21%), Macron (13%) y Hamon (8,5%). Aquí, entendemos mejor la disgregación del voto de clase, porque las izquierdas ya no suman el voto de las clases populares. El fenómeno no es nuevo, pero está creciendo: en 2002, el 43% de los trabajadores y el 39% de los empleados votaron a la izquierda.
En la derecha, también operan las transformaciones. Mientras que los ejecutivos, profesionales independientes e incluso los agricultores constituyen el corazón del electorado de la derecha, estas categorías sociales no son tan dominante. Por ejemplo, de 100 ejecutivos que tienen decidido votar, el 32% de ellos dicen que lo harán por Emmanuel Macron, el 19% por Fillon, el 18% por Benoît Hamon y el 15% por Marine Le Pen. A pesar de un alto nivel de abstención (51%), una tercera parte de los agricultores parece seducidos por la candidata del Frente Nacional, y sólo el 20% opta por Fillon. Por último, es entre los jubilados donde Fillon obtiene de sus mejores puntuaciones: el 28% le apoya.
Entre los directivos y profesionales independientes, que combinan atributos de un patrimonio rico y actitudes económicas más liberales, la derecha de François Fillon, recoge el 19% y el 22% de cada categoría respectivamente. Otras opciones electorales amenazan ahora el voto de la derecha: el 32% de los directivos votarían a Emmanuel Macron y el 29% de los profesionales independientes elegirían a Marine Le Pen.
Sobre la estructura censo electoral de cada candidato, hay muchas similitudes. En primer lugar, la categoría de jubilados es dominante: el 52% de los votantes de Fillon, el 33% de los votantes de Macron, el 30% de los de Mélenchon. Con 14 millones de pensionistas en Francia (un elector de cada tres), no es de extrañar que todos los candidato busquen seducir a ese electorado específico. Sin embargo, esta categoría ocupacional está lejos de ser homogénea a la hora de compartir los problemas comunes de una clase social.
Además, la estructura ocupacional de los electores de Hamon y de Macron es relativamente porosa, ya que atraen más o menos el mismo porcentaje de directivos, mandos intermedios, empleados y jubilados. Por el contrario, los electores de la candidata del FN destaca por recoger más de un tercio de votantes de las clases populares (el 21% de los empleados y el 16% de los trabajadores) contra el 15% de Fillon y el 21% de Macron.
A pesar de sus virtudes innegables para entender la dinámica electoral, el voto de la clase se divide en 2017. En un sistema político cada vez menos bipartidista, el anclaje electoral de las categorías socio-profesionales trasciende la división izquierda-derecha y destaca una atracción cada vez mayor hacia los candidatos que pretenden superar esta oposición histórica.

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