La receta de Stiglitz y la Paz de Colombia

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El crítico de la globalización recuerda el credo del progresismo conservador de Belisario, quien habló de las causas objetivas y subjetivas de la violencia de clase que anega de sangre y miseria a Colombia. A su modo, lo vuelve a recordar ante el dilecto auditorio, el economista estadounidense.

Por: Miguel Angel Herrera Zgaib / Semanario Caja de Herramientas

“Colombia no debe vacilar en incurrir en los gastos de la paz”.
Joseph Stiglitz, Foro “El futuro de Colombia: justicia social y economía”. Universidad del Rosario, Bogotá, 16/02/2017.


Cuando el cotarro político nacional se alborotó agitando como consigna la corrupción, porque a la vista teníamos primero el robo de Reficar, y luego las contrataciones múltiples en un sinnúmero de obras civiles del gigante brasileño OdeBrecht, se pasa a hacer cuentas de los costos reales de la paz.

Y es ahora, cuando nos adentramos en los meandros económico sociales del posconflicto, porque, en efecto, las fuerzas de la insurgencia subalterna, las Farc-EP, cumplen con el postacuerdo movilizándose al rastrojero de las 26 zonas de concentración ubicados en yermos ámbitos veredales, peor dispuestos, sin duda, que en los lugares que fueran su habitación regular en las selvas, altiplanicies, y montes escarpados en los alrededores del imponente macizo colombiano.
Entonces vuelve a Colombia el premio nobel de economía, Joseph Stiglitz, uno de los profesores estrella en la Universidad de Columbia, para realizar un conversatorio con el presidente Santos, galardonado también con otro nobel, el de Paz, teniendo por anfitrión a José Manuel Restrepo, rector del Rosario, acompañado por Roberto Pombo, y Martín Santiago coordinador de la ONU. Pero, claro, como casi siempre, sin que sepamos quienes son los paganini en dólares revaluados, de esta fiesta intelectual con exclusivos convidados.

¿Quiénes fueron los convidados?

“Este es un año para cosechar, y los principales frutos los dará el desarrollo de las vías 4G, pues se hará el 21 % de las obras”.


Mauricio Cárdenas, minhacienda, en el Conversatorio, ET, 17/02/17, p. 2.

Si miramos el listado de los que se sentaron a manteles con los nobeles, queda claro, que allí no estuvo para participar de la interlocución ninguna representación de los grupos y clases subalternas que padecen y sufren por más de medio siglo las inequidades. Los que sí estaban allí son los que El Tiempo llama líderes económicos, Bruce Mac Master, Guillermo Perry, Mauricio Cárdenas, todos de capa caída, porque la fórmula neoliberal vio caer el telón al comienzo del 2017.
Esto según un vocero muy autorizado, la cabeza monárquica del orden imperial. Es la declaración del proteccionismo rampante del presidente bocón, Donald Trump, quien funge de defensor del proletariado industrial estadounidense, dizque olvidado y relegado por la explotación del proletariado joven, global, en las cuatro esquinas del sistema mundo, como llama I. Wallerstein al capitalismo desde prácticamente el siglo XV-XVI.

Pero no, ninguno de nuestros “sabios de la economía dependiente” dijo nada; y menos Mónica de Greiff y Miguel Cortés, quienes están al frente de la Cámara de Comercio, y del Grupo Bolívar, uno de los conglomerados que más esquilma a los colombianos.

A manera de ejemplo, conviene recordar que el capital financiero con asiento nacional paga a los inversionistas 4 billones en el año 2009, mientras que se apropia “legalmente” de 24 billones, según los estudios publicados en el libro del profesor Villabona del sello editorial de la Universidad Nacional.

La receta de Stiglitz

“La inequidad genera conflicto; sin esto, el proceso difícilmente podrá ser sostenible”.
J. Stiglitz, conversatorio en la U. del Rosario.


El crítico de la globalización recuerda el credo del progresismo conservador de Belisario, quien habló de las causas objetivas y subjetivas de la violencia de clase que anega de sangre y miseria a Colombia. A su modo, lo vuelve a recordar ante el dilecto auditorio, el economista estadounidense.
Sin embargo, el neoliberal Santos sigue moviéndose con otro cuento, el de la tercera vía que se hundió con todo el edificio neoliberal en sus narices. Pero, él sale con el descarado planteamiento que la inmensa desigualdad de Colombia obedece a la “acumulación de inequidades que durante tantos años se generaron, producto de una pésima distribución de regalías”.

Después le pregunta a Stiglitz sobre cómo reactivar el desarrollo económico en esta destorcida neoliberal. Y Joseph se parece en su recetario al mejor Cdte. Chávez, cuando dice. “ES necesario que Latinoamérica marque sus propias normas para el comercio del siglo XXI en la región”.

Pero, de nuevo Santos, el neoliberal “ignorante” le pregunta a Mr. Stiglitz, ¿qué tipo de inversión atraer?, y la respuesta fue “desconcertante”, a raíz del saqueo de la salud colombiano, desde los tiempos de la Ley 100, luego con los fiscales y ministros que se hacen los de la vista gorda, como lo prueba la tremenda estafa de Cafesalud, y el “pobrecito” Palacino.

Para enfrentar el proteccionismo de Trump y Cía., una receta a flor de labios, del nobel díscolo es: producir medicamentos genéricos, en un país que como Colombia, permite comercializar drogas con más del 20 y el 200 % de ganancias para los intermediarios, y concesionarios de patentes. Y para colmo de males, una advertencia a la fórmula del estado depredador, que tiene que ser contenida.

Ni más ni menos que la advertencia de gravar la explotación del carbón nacional, para que a la par que se generan ingresos públicos, y nos roban y disfrazan, se desestimulan las actividades extractivistas destructivas.

El parto de los montes

Juan Manuel, a quien el Bolivarianismo le produce urticaria, insiste en la integración con los países latinoamericanos de la Alianza Pacífico, luego que los Estados Unidos les dan la espalda a esos procesos integracionistas a medias. Él se olvida, por completo, de los esfuerzos de integración que se impulsaron con el Alba y el Mercosur.

Una integración que iba a contramarcha de las fórmulas más ortodoxas del modelo exportador promovido por el Consenso de Washington, después que los Estados Unidos, a partir de 1967, ya no fue capaz de producir excedentes, y decidió vivir de los déficits comerciales.

Pronto saca Santos, el jugador de un póker vetusto, la carta ganadora, hacer de Colombia el “país más educado de América Latina en 2025”. Porque según él, con educación se combatirá eficazmente la desigualdad. Stiglitz no se entusiasma del mismo modo, pero insiste sí, en que la educación es necesaria pero no suficiente para cerrar las brechas.

Una advertencia inmediata

“Hay una gran incertidumbre respecto a los mega acuerdos regionales”.
Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de Cepal.


Hay que parar la explotación minera, porque el país está gastando su riqueza sin beneficio, la gente para nada está obteniendo mejoría en sus vidas. No se dio como en Venezuela, una redistribución de la renta petrolera. Aquí la renta minera se fue al bolsillo de unos pocos súper ricos, internos y externos, mientras que la desigualdad crece.

Colombia Repunta, el nuevo empujón a la economía, no se separa del moribundo neoliberalismo, pero sí se especula en que habrá crecimiento, bajo los imperativos esquilmadores del capital financiero. Pero, la productividad derivada de la transformación agrícola, impulsando los proyectos asociativos campesinos ni aparece en el horizonte de nuestro presidente, y los que ya hacen fila para reemplazarlo en 2018.

Está claro entonces, que es necesaria una fuerza transformadora, con la presencia y la exigencia de los subalternos, que aprenda de estos cambios de política, en perjuicio regular de los de abajo. Los pobres, los trabajadores, los subalternos tienen que exigir otro rumbo, y proponer desde ya reglas para establecer una perspectiva creíble de izquierda en materia de democracia representativa y directa.

Es igualmente urgente relanzar un proyecto bolivariano que corrija los yerros de los gobiernos progresistas, que no ajustaron cuentas con el capitalismo neoliberal, y fortalezca la interlocución con los grupos y clases subalternas, para que la gente defina el cambio de rumbo, y se redistribuya la riqueza social, y se fortalezcan los procesos productivos internos sin más.
Es tiempo de pensar en el Estado integral latinoamericano, con presencia decisoria de las organizaciones plurales de las multitudes, que han aprendido muchos de los gobernantes de izquierda, y su inconsecuencia en materia de cuidada y adecuada inversión de la riqueza obtenida, y destinada, en no pocas ocasiones a llenar los bolsillos de sus falsas dirigencias y sus compañeros de viaje.

De lo contrario, la paz de Colombia no será más que una entelequia y una estafa que permita el florecimiento carnívoro del parapresidencialismo que no ha sido extirpado como la mala hierba que es y parasita e intimida los procesos democráticos en el campo colombiano, aplazados desde el primer mandato campesino de comienzos de los años 70.

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