Humberto a la calle por la paz

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Un encanto que es preciso devolver a la política es su carácter serio de anuncio, propuesta, promesa, sueño.
Por: Luis I. Sandoval / El Espectador
La política entendida como acción colectiva para resolver problemas o realizar proyectos colectivos, la política restauradora de confianza y esperanza cuando ellas, esenciales, están agotadas; la política del sujeto multitud que, como está pintado y escrito en los billetes de mil, cuenta con un(a) líder plenamente consciente de que “yo no soy hombre, soy un pueblo” sobre la premisa de que “el pueblo es superior a sus dirigentes”, esa es la política transformadora que necesitamos. 
Colombia tiene hoy la posibilidad extraordinaria de que el país de las regiones, los territorios, los proyectos de vida y las demandas de justicia social se sobreponga al país de los cálculos, las dinastías, la clientela y la corrupción. El país nacional palpitante de los movimientos por la paz transformadora puede sobreponerse al agobiante país político en decadencia. El voto crítico y propositivo puede ser asumido como nueva dimensión de la movilización.
Colombia irá hacia ese atrayente horizonte germinal si logra hacer viable una gran coalición por la paz como la que vienen proponiendo Alfredo Molano, Patricia Lara, Alpher Rojas, Piedad Córdoba, Elizabeth Úngar, Camilo González,  Clara López, el Senador Iván Cepeda, entre otros, y ahora el exjefe de la Delegación del Gobierno en la mesa de paz de La Habana.
Efectivamente en entrevista del 13 de febrero (El Tiempo) Humberto de la Calle expresa con toda nitidez: “Todos los amigos del proceso tenemos que ponernos en guardia. La amenaza es seria (“Centro Democrático si gana la elecciones en 2018 modificaría los acuerdos de paz con las FARC”: José Obdulio Gaviria, Senador). En lo personal creo que hay que volver a salir con toda la fuerza a defender lo obtenido. No nos van a quitar la paz. No lo  podemos permitir. Ahora sí que es necesaria una coalición amplia, para que de aquí al 2018 nos movilicemos en defensa del acuerdo y de su  implementación genuina”. 
Considero que la propuesta de gran coalición por la paz merece toda atención porque es un recurso político válido y pertinente ante la situación de crecientes dificultades que atraviesa el cumplimiento e implementación de los Acuerdos de La Habana. El país requiere una voluntad política sostenida de paz, paz de Estado, que asegure que se cumplen los acuerdos con las insurgencias políticas y no se defrauda al pueblo colombiano. 
Sería inconcebible que firmada la paz y abocados a su construcción no hubiera quien la enarbolara como bandera en la campaña electoral que se avecina. Hace bien Humberto de la Calle en no dejar expósita la frágil criatura de la paz.
Paz, transparencia, equidad, reforma política son necesidades vivamente sentidas que serán asumidas programáticamente en la campaña al Congreso y la Presidencia. Otro país, otra democracia, otra forma de vida, otro aire es posible.
Todo está dado para que una poderosa corriente de entusiasmo vital desde abajo y desde la periferia se produzca en los intensos y decisivos meses que vivimos y elija en mayo de 2018 a la presidencia de la república a una figura capaz de cerrar el aciago siglo veinte y comenzar por fin un luminoso siglo veintiuno.
Tiene el país una oportunidad de oro para articular la idea de república democrática a la idea de justicia social y dignidad nacional que aportan los insurgentes decididos a la paz. Ese sueño es posible. La consigna, el santo y seña, el grito de los años 40 “¡A la carga!”, se transmuta hoy en el clamor “¡A la paz!”.
@luisisandoval

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