Cierre de Vistalegre II: Nada de poder para los círculos

17:10:00

Pablo Iglesias sale reforzado de un congreso que ratifica un partido verticalizado pese a las demandas de mayor apertura y descentralización

Por: Nuria Alabao / CTXT

“Si os llaman podemitas decid que sois terrícolas”, decía alguien en el escenario de Vistalegre algo después de las 11 de la mañana. Se estaban explicando las medidas programáticas aprobadas durante el Congreso de refundación de Podemos. Delante del escenario, un enjambre de periodistas le daba la espalda al orador en un precario equilibrio, anhelantes de procurarse una buena imagen de los líderes. El vencedor del duelo, Pablo Iglesias, mismo secretario general pero convenientemente reforzado –con un 89% de los votos–, y los nuevos miembros del consejo ciudadano –sólo 17 repetirán cargo–. 
Un acto en el que nada fue como se esperaba, o quizás sí: la victoria de Pablo Iglesias se comentaba como probable, aunque el voto digital aportaba un grado de incertidumbre alto. ¿Quiénes son esas 150 mil personas que votan desde su casa? ¿Cuáles son sus motivos? La extensa demoscopia de que hace gala Podemos no ha llegado todavía a ellos. Pero el método que idearon Iglesias y Errejón en el primer Vistalegre para que el líder mediático pudiese copar la dirección e imponer un modelo organizativo vertical se ha reafirmado como efectivo una vez más. En su día, la justificación algo tecnócrata fue la de hacer un partido que no se pareciese a los otros. Lo que en realidad había detrás es un modelo que no tuviese que distribuir poder hacia abajo, a la propia organización o a los círculos, sino solo pedir opinión a telespectadores que intervendrían desde casa mediante un cómodo clic. Nada más se les exige.
Uno detrás de otro llegan los nuevos miembros del consejo ciudadano a las filas de sillas que quedan al lado del escenario. Abrazos emocionados entre ellos. Las cámaras no se pierden ni uno solo de los gestos de amor, de los gestos obligados también, con los derrotados en la contienda. Por segunda vez, Iglesias y Errejón se abrazarán sin sangre y sin consecuencias. En la TV todo es espectáculo. Iglesias se sienta con sus incondicionales, capitanes de una batalla que acaban de ganar: Irene Montero, Rafa Mayoral y Juan Carlos Monedero, las caras casi tensas de tanto sonreír. 
Los otros miembros de otras listas ocupan los lugares contiguos, aquellos con los que Iglesias tendrá que componer la próxima dirección. De la anterior, compuesta por diez personas, entre dimisiones y bandos, solo seguía con Iglesias Rafa Mayoral. La próxima ejecutiva es todavía una incógnita, pero es poco probable que Errejón siga liderando la Secretaría Política que fue creada expresamente para él. Carolina Bescansa y Nacho Álvarez observan la escena desde una esquina.
Un Podemos presidencialista
Si la estructura ya es de por sí presidencialista, los resultados refuerzan el margen de Iglesias para decidir. Ha obtenido mayoría absoluta con 37 consejeros frente a los 23 de Errejón y los dos de Anticapitalistas-Podemos en Movimiento. A ellos se sumarán los cuatro representantes de los círculos elegidos estos días. Aquí el sistema de votación “Desborda” sirve para perjudicar a la tercera opción. Este sistema fue propuesto por el Secretario de Organización, Pablo Echenique, y ratificado en la anterior consulta a las bases, pese a que las otras dos facciones importantes pedían un modelo de votación más proporcional.
Con este, Iglesias obtiene casi el 60% de los consejeros con el 50% de los votos. Mientras, Anticapitalistas –el tercero en apoyos–, con el 13% podrían haber optado a 7 u 8 en un sistema proporcional puro. Con un consejo más plural, quizás se podría haber dejado atrás un estilo de dirección que ahora tiende a las confrontaciones directas y a la exclusión del contrario; sin contrapesos internos no habrá necesidad, por tanto, de más negociaciones.
Cuando comienzan a leerse los resultados de las votaciones, las gradas estallan en vítores cada vez que se nombran los documentos aprobados de Iglesias. Las bases de Podemos, los círculos, muchas veces integrados por gentes de los sectores más precarizados, le adoran. En buena parte del territorio, una base popular tradicionalmente inaccesible para la izquierda se siente representada por él. La paradoja es que Errejón es el principal valedor del populismo de izquierdas, pero esos vítores, esa adoración –esos votos– son para Iglesias, que sabe movilizarlos.
Las gradas tiemblan pues, con cada referencia al líder, aunque griten ¡Unidad!. Abajo, en la zona central, se arremolinan cargos públicos y cargos del partido separados de las bases por varias distancias –simbólicas, culturales, de poder–. Distancias que, vistos los resultados de hoy, donde las propuestas organizativas más democráticas han recibido menos apoyo, no van a hacer sino acrecentarse. Las principales tendencias querían más descentralización, más poder hacia abajo, más sistemas proporcionales, pero las bases han votado más Pablo.
Las bases han votado que el Secretario General pueda preguntarles por internet –como hasta ahora– cuando surjan desavenencias en la dirección: diseñando el momento y la redacción de la pregunta. Esas bases han votado que la asamblea estatal pueda revocar decisiones de los territorios, e incluso convocar asambleas ciudadanas en cualquier lugar para sustituir direcciones locales –como ya sucedió en Galicia–. Han votado que el Desborda –con los problemas citados– sea el sistema mediante el que se elegirán todos los órganos. O sea, más allá de que Iglesias tiene que ser el Secretario General –y si no pasa nada grave–, también el próximo candidato de Podemos a la presidencia del gobierno, el otro consenso que planeaba sobre Vistalegre II es el de la necesidad de democratizar y descentralizar la organización. Cosa que ya no va a suceder.
Ese líder aclamado por las bases dice en el escenario, ahora rodeado por el nuevo consejo: “Gracias compañeros por recordarnos que para ser útiles debemos estar unidos y ser humildes” –lo mismo que dijo el sábado Teresa Rodríguez desde el mismo atril–. “Habéis votado un podemos plural, más femenino, fraterno y unido”.
Podemos se estabiliza, pero ¿a qué precio? 
Pese a la claridad del resultado, quedan un buen puñado de incógnitas. La primera es el destino de Íñigo Errejón –y su facción– en la organización. Si Iglesias será capaz de integrarlo –aunque atado en corto–, o quizás le proponga estar en la nevera hasta que purgue sus deudas de derrotado. Ahora mismo Errejón controla buena parte de los liberados del partido –al menos en Madrid, donde más hay– y también algunos cargos públicos. Si comienzan a ser apartados es posible que se visibilice otra vez la guerra interna. Aunque el contexto, con Iglesias reforzado, será otro.
Otra de las incógnitas es el sector de Anticapitalistas, que han jugado desde el principio la baza democrática y que representan el sector con más apoyo en los movimientos sociales. Esos que dice ahora Iglesias que son imprescindibles para “cambiar España”. Quizás el Secretario General les ofrezca algunos cargos relevantes de la organización. Así que probablemente se enfrentarán a esa disyuntiva: seguir vinculados con las organizaciones vivas en lo social, y representar el espíritu perpetuamente constituyente de Podemos, o dar apoyo al nuevo aparato pablista y legitimar quizás, el posible cierre de filas con el líder que se produzca ahora.
Estas son algunas incógnitas que permanecen: el lugar de las distintas tendencias en la nueva dirección. La otra que había al principio de este Congreso, si era posible un Podemos que distribuyese más poder a las bases, ha quedado dilucidada.
Hacia las tres de la tarde, y cuando ya no hay casi periodistas, las gradas están vacías, y en el terreno central aguantan unos cuantos grupos de público dispersos, Pablo Echenique anuncia los resultados de los cuatro representantes de los círculos que participarán en el Consejo Ciudadano. “Inaugurarán una nueva época en Podemos, una nueva manera de hacer las cosas”, dice. Los nuevos representantes –simbólicos, que no reales– de los cientos de círculos existentes en el territorio, suben al escenario. Pablo Iglesias les espera para hacerse una foto juntos. 

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