Busquemos el derecho para Colombia

16:44:00

El presente texto, realizado por Nicolas Realpe Villota, hace parte de la serie "reflexiones sobre un Nuevo Proyecto Político en Colombia", artículos que recogen el espíritu y contenido de los debates desarrollados en el Encuentro realizado los días 14 y 15 de enero en la ciudad de Cali, con un grupo de jóvenes y algunos colaboradores veteranos. 

Por: Nicolas Realpe Villota / Democracia en la Red

En Colombia nos han enseñado a entender al revés cada situación. Los gobiernos que en los últimos 60 años nos han regido se han y nos han acostumbrado a negar el conflicto social como origen del conflicto armado, asimilando a este último todo problema que sufre el país.

Decir que Colombia tiene una sociedad mal organizada y que la riqueza está mal distribuida es blasfemar contra el establecimiento, sin embargo, no hay una razón distinta para la desigualdad social y la corrupción que florece en nuestras instituciones. El sistema, lejos de asimilarse a una democracia, se caracteriza por la falta de información del ciudadano y la manipulación de esta por los medios y el estado. En esas condiciones hemos llegado a tener lo que actualmente podemos llamar como un mal remedo de democracia.

La democracia no es posible sin educación, en otras condiciones se abona el terreno para los gobiernos defensores del Statu Quo que nos hacen día a día creer que la situación es soportable y que así es como todo debe ser por nuestro bien. Son mandatos cuya intención está lejos de proponer políticas sociales estables que reflejen el real ejercicio de derechos ciudadanos, son gobiernos limosneros.

En este contexto, quedando el ciudadano por fuera de la ecuación, nos han propuesto por años un falso bipartidismo donde las propuestas de cada nuevo movimiento son idénticas a las anteriores y las propuestas más audaces se quedan en los nombres que llevan los partidos que nos rigen y colocan los gobernantes pero sin que estos representen un cambio radical y menos la unidad nacional.

Luego, qué interés va a tener o se va a interesar por tener el ciudadano común y corriente en la política. Pues ninguno. Precisamente porque todo debe seguir igual y así se lo enseñaron. No hay mas opciones. Es la historia de la polarización que vivimos. No existe tal cosa, se trata de un discurso para que el más débil puje con otro más débil por temas sin importancia, pero las discusiones reales que apunten al desarrollo social no son las que lidian nuestros gobiernos que poco a poco han ido permitiendo, guiados por un sistema defensor de la élite y condescendiente con la trasnacional, que la economía se trague a la política.

Esta debilidad me hace pensar en la izquierda, pero no la que se dispersa en disertaciones, sino en la izquierda que se piensa como necesidad de una sociedad incluyente, que actúa como posible forma de resurgimiento, como esa que carga históricamente con la posición de aquellos con menos privilegios, la del homosexual, la de la mujer, la del indígena; esa que nos permite ver la situación desde un contexto más objetivo. Dicen que desde el dolor y el sufrimiento surgen las verdades más crudas, verdades que por años se han ocultado.

No creo en sociedades utópicas sin clases donde se espera un profundo cambio de la condición humana, creo que la única salida posible es seducir y animar a actuar de forma activa a esa gran mayoría de personas que han estado lejos de la política, como también a esos a quienes el mismo estado se ha encargado de alejar de ella, y también, al ciudadano que no piensa en esa palabra pero sí cancela recibos de servicios públicos y paga impuestos.

Y vuelve a jugar el tema de la educación, para informarnos, entender y saber elegir. Porque nuestros líderes deben ser ejemplo, el gobernante debe ser un referente de conducta y el ejercicio del poder no puede ser posible por fuera del interés común, no puede estar por fuera de lo que la gente quiera y en ese sentido se debe dirigir, esa es la utopía.

La meta es hacer las cosas al derecho, con una propuesta política ciudadana seria y la construcción de institucionalidad cercana a la gente, incluyente, informada y participativa. Sin sectarismos pero sin ambigüedad.


Share this

Related Posts