Laval y Dardot: “Lo común no es el consenso, la construcción de lo común debe generar conflicto”

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Dardot Laval

Común. La palabra que han utilizado los nuevos movimientos municipalistas de Barcelona, Zaragoza, Valencia, León, Bilbao... La que usa un cierto sector de la intelectualidad europea, convirtiéndola en procomún o llevando en su bandera el inglés commons, para hablar de municipalismo y democracia directa. 

Por: Clara Morales / InfoLibre


La palabra que iba a vehicular la mil veces prometida confluencia mediante la plataforma Ahora en Común. La palabra que se repetía en Gezi, en el 15-M, en las plazas griegas. ¿Qué demonios quiere decir ese nuevo significante que se ha hecho ya un hueco en la política y en el imaginario? ¿Común, pero qué y a quiénes?

Los filósofos franceses Christian Laval y Pierre Dardot llegan para tratar de despejar la incógnita. Al final de su libro La nueva razón del mundo (Gedisa, 2014), en el que analizaban la lógica del sistema neoliberal, los pensadores llegaban a esta palabra que había resonado en las plazas europeas. Descubrieron que tras esa palabra se ocultaba una "racionalidad alternativa" aún algo indefinida que aglutinaba a movimientos de distinto pelaje. 

Meses después tienen un nuevo libro en las manos que lleva el sencillo nombre de Común (Gedisa, 2015). Sentados a la mesa de un aula del Instituto Francés de la capital y tras una gira por Madrid y Barcelona que les ha llevado desde una cooperativa hasta el Reina Sofía, tienen claras las características de un "paradigma político" que ven como "la revolución del siglo XXI". 



Pregunta. ¿Por qué esta aparentemente súbita popularidad del término común?

Christian Laval. Cuando se usa común, se hace referencia a cosas muy diferentes. Y lo que quisimos hacer fue despejar el principio que comenzaba a utilizarse en prácticas alternativas, como los movimientos de las plazas. Cuando se habla de común, se habla de dos principios estrechamente ligados. Primero, el de la democracia radical, entendida como el compromiso y la participación de los ciudadanos. Segundo, el de la limitación de la propiedad privada; lo que se convierte en común regulando su uso sin hacerse su priopietario. La idea de común es el nombre que ha tomado el paradigmo político contra el neoliberalismo.

P. La democracia radical y la limitación de la propiedad privada no son ideas que parezcan, precisamente, comunes a las distintas sensibilidades políticas. 

Pierre Dardot. El término de común podría dar paso a una confusión, como si fuera algo que puede unir a todo el mundo, izquierda, derecha, centro, en una especia de enorme consenso. Pero lo común algo que se construye, y por lo tanto genera conflicto. Hay muchas fuerzas sociales, políticas y económicas que van a querer impedir la democracia radical y la prevalencia del derecho de uso sobre el derecho de propiedad. Lo común es conflicto, desde el momento en que lo común no es algo dado que solo tiene que ser reconocido. Sí, el aire es común, el agua es común, pero incluso esos elementos son objeto de conflictos entre fuerzas económicas. 



P. ¿Hasta qué punto lo común es una reacción al liberalismo? Hay prácticas como las asambleas o las cooperativas que han formado parte de la vida política, aunque en sus márgenes. 

Dardot. Lo común se ha dado como reacción a dos caras de la misma moneda: por una parte, la hegemonía neoliberal, y por otra la crisis del Estado social. Esta crisis es el efecto, no de un asalto de las fuerzas del mercado, sino de un cambio dentro del mismo Estado. Es el Estado el que se ha vuelto empresarial. Esto hace que la gente que quiera reaccionar contra esta situación, deba plantearse en torno a qué principio hacerlo, porque el viejo recurso de utilizar el Estado para oponerse a las fuerzas del mercado ya no está disponible. 

P. En su libro oponen lo común al "sentido común", detrás del que se encontraría una lógica neoliberal encubierta.

Dardot. Tenemos que hablar de un sentido de lo común, y no del sentido común. El sentido de lo común no se posee de manera innata, frente a la idea que se tiene del sentido común, sino que es un efecto de la participación y de la toma de decisiones comunes. 

P. ¿Va el término común camino de convertirse en una marca comercial? ¿Puede morir de éxito?

Dardot. Tiene tanto éxito que muchos ámbitos van a querer apropiarse de él, y notablemente el mercado. Lo común va a ser tomado por el marketing. Estos días hemos visto un anuncio de un banco en el que se leía “Sentir común” [publicidad de Abanca, fusión de Caixa Galicia y Caixanova]. Va a estar amenazado por el vacío, y habrá que hacer un esfuerzo por determinar su significado por medio de las prácticas. 

Laval. Si queremos que siga siendo un terreno de lucha. 

P. ¿Qué significa que alguno de los partidos que usan la idea de lo común no se definan como de izquierdas?¿Es una manera de crear un nuevo paradigma, o es una estrategia de marketing?

Laval. Hay un posicionamiento electoral. En el caso de Podemos me resulta evidente. Pero es verdad que hay muchos símbolos de la izquierda clásica que han envejecido terriblemente y que han hecho que parte de la izquierda prescinda de ellos. Lo que hay que pensar es si hay algo positivo, culturalmente, socialmente y políticamente, en la idea de pretender haber superado la dicotomía izquierda-derecha. 

P. "Para cambiar algo, primero tienes que imaginar la posibilidad del cambio", decía hace unos días la alcaldesa de Madrid respondiendo a los que tachan sus ideas de "ocurrencias". ¿Es esta la imaginación política de la que ustedes hablan?

Dardot. Hay que rehabilitar la imaginación como facultad política. Para nosotros, esto es más urgente en tanto que todo el mundo se ha encerrado, por la hegemonía neoliberal, en el interior de un cuadro muy estrecho. De manera que se le pide a cada uno: "¿Has calculado lo que cuesta tu propuesta?". La imaginación es una manera de romper con ese realismo de contable. 

P. Hace unos días, de hecho, el líder de Ciudadanos reprochaba justamente eso al de Podemos en un cara a cara en la televisión. Pero, ¿es posible evitar ese tipo de contabilidad?

Laval. Si todo el mundo hubiera usado ese argumento, no habría salario mínimo, seguridad social ni pensiones. De hecho, esa ha sido la lógica de la burguesía dominante desde el XIX. Desgraciadamente, una gran parte de la izquierda gubernamental ha interiorizado de esa lógica y participa de la destrucción del Estado social. 

P. Tanto Podemos como Ciudadanos se debaten por "la centralidad del tablero". ¿Qué diferencia hay entre el centro y lo común?

Laval. Es curioso. La discusión en torno al centro es algo muy español, en Francia no existe. El centro y lo común no tiene nada que ver.
Dardot. En la breve historia de Podemos hay una tensión entre dos polos. Por una parte, la forma en que se funda el partido, nada tradicional, a través de consejos de barrio y de una exigencia de democracia interna que rompía de inmediato con los viejos partidos. Por otra, la construcción de una estrategia de la centralidad en el plano electoral. Esta última, para algunos dirigentes de Podemos, ha transformado el partido en una máquina para ganar las elecciones. 

P. ¿Cómo se puede construir lo común en una sociedad cada vez más desigual, en la que hay un vacío cada vez mayor entre dos polos enfrentados?

Laval. No se puede. El principio político de lo común, que es la toma de decisiones por todos desde el mismo plano, exige la igualdad. La lucha por la puesta en marcha de lo común y de las instituciones de lo común supone una lucha encarnizada por la supresión de la desigualdad. Si para nosotros la batalla por lo común es una batalla de la izquierda, es porque es una batalla por la igualdad. Y eso significa una lucha contra el capitalismo. El común triunfará en la medida en que consiga expandir esta idea. 

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