Una tragedia: fútbol, subalternos y lógica del capital.

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En Medellín, una afición golpeada por el insuceso de la muerte de los deportistas brasileños levantó un himno a la vida, dijo sí, en los mejores términos, y dio el espaldarazo al triunfo del equipo brasileño que no pudo ni podría jugar los dos partidos de la final suramericana. Un ejemplo conmovedor, extraordinario de solidaridad brindada por los subalternos que no se volvieron a dejar intimidar por el terror, y o la ignorancia.

Por: Miguel Angel Herrera Zgaib / Semanario Caja de Herramientas

“Habíamos utilizado esta aerolínea para ir a La Paz y Asunción...”

Juan Carlos de la Cuesta, presidente del Atlético Nacional.

El pasado miércoles –noviembre 30– en el estadio Atanasio Girardot se enfrentarían el Atlético Nacional, y el equipo revelación brasileño, el Chapecoense Real, que dejó en el camino al San Lorenzo de Almagro; luego en la suerte de los penaltis al Independiente de Avellaneda, y al Junior de Barranquilla, al que venció 3-0. Era el equipo revelación que ascendía, y no parecía tener límite en las alturas de la gloria.

Su nombre es debido a la ciudad que es su sede, Chapecó, que tiene una población similar a la de Girardot (Cundinamarca), en el sureño estado brasileño de Santa Catarina, que vive los azotes de la despiadada explotación de la selva amazónica. Al club lo llaman, por, obvias razones, “Verdao del oeste”, pero el martes, a eso de las 10.15 pm., experimentó la tragedia de su vida sufrida en común, de la que poquísimos jugadores se salvaron. Aquel fue el momento en que la nave desapareció del radar colombiano, y la controladora hacía esfuerzos para auxiliar a un piloto que reclamaba desesperado “vectores”.

El avión charter contratado, piloteada por su propietario partía de Santa Cruz de la Sierra, un trayecto más largo que el anunciado originalmente. Era un aparato del año 1999, perteneciente a la línea La Mia, de oscura propiedad, de acuerdo a la cadena de títulos que se reconstruyó después de una tragedia cuasi anunciada.

En su destino fatal, la nave chocó contra el Cerrogordo, en el municipio de la Unión, departamento de Antioquia, donde quedaron esparcidos cuerpos, heridos, y pedazos del avión en un radio de más de 500 metros como se puede ver en los registros fotográficos.

La aeronave se enfilaba para aterrizar en el aeropuerto José María Córdova de Medellín, una ciudad no solamente famosa por sus dos equipos futboleros, sino también porque en el antiguo aeropuerto Enrique Olaya Herrera se siniestró una nave que llevaba a bordo al zorzal criollo, Carlos Gardel, y su orquesta acompañante, cuando se aproximaba a la pista de aterrizaje.

Esta vez, la aeronave de matrícula CP2933 de Bolivia, que llevaba 81 personas, entre ellas los 22 integrantes del equipo brasileño, más 20 periodistas, y gente de cuatro nacionalidades que sepamos. Un día después la cuenta de fallecidos iba por 72. Estaba por rescatarse otro cadáver de la montaña, entre los municipios de la Unión y la Ceja, un paraje ubicado a 50 kms. de Medellín.

Ya se recuperaron las cajas negras, que determinan que comentó la tripulación hasta último momento con la torre de control. La nave se destruyó y esparció cuerpos en 500 mts. a la redonda, pero no se incendió; y la razón que se aduce es porque en los tanques de abastecimiento no apareció la más mínima gota de gasolina.

Y claro a partir de allí, de la información recuperada, se desarrollaron las hipótesis del trágico accidente que enluta el fútbol internacional, y pone en cuestión la lógica capitalista salvaje de quienes contratan este tipo de transporte.

Un misterio por resolver

En cuanto a las causas del fatal accidente, que conmueve a la afición futbolera suramericana y mundial, se piensa en las fallas eléctricas, que en vuelo reportó la tripulación a la Torre de control en Colombia. Otros han pensado, que la razón del desastre de la aeronave se debió a un agotamiento del combustible, debido a un posible error de cálculo para cubrir la distancia efectiva entre Santa Cruz y Medellín, violando todos los reglamentos internacionales, a cuenta de hacer ahorros pírricos.

Otros utilizan una hipótesis combinada, que al presentarse las fallas eléctricas, y no lograrlas reparar, el piloto procedió a vaciar de gasolina los tanques del avión, para intentar un aterrizaje forzoso en el primer escampado que apareciera. El resultado fue el trágico balance que ya conocemos.

Pero la incógnita muy pronto se conocerá, una vez que se escuchen varias veces las voces de la tripulación antes que el choque definitivo sobreviniera, y se hagan los cotejamientos en terreno. Mientras tanto se reparten los cadáveres a sus lugares de origen, empezando por Bolivia, y les rinden honores militares antes de partir.

Ya están también las directivas del balompié suramericano, aquejadas hace poco por la corrupción, en la capital de la montaña, para conocer de primera mano todos los detalles, al igual que para decidir qué se hará con respecto a la final por disputarse ante la casi completa desaparición de uno de los dos equipos rivales.

La última víctima que fue reportada es el arquero Danilo, fallecido en el centro de atención en Medellín, luego de una inmensa cruzada de twitteros acompañando minuto a minuto su desenlace.

Poco tiempo atrás, Danilo había sido el héroe, cuando con su pie providencial logró sacar el balón de un disparo hecho por el San Lorenzo al último minuto del partido que acercó a la Chapecoenses a la gloria, después que este humilde equipo, en una ciudad de 200.000 habitantes, empezara su irresistible ascenso en el 2009.

La vida humana sacrificada al minotauro capitalista

Pronto quedará claro que el transporte de los equipos de fútbol tiene que tener estrictos controles, y que estos no pueden viajar en un mismo avión todos, y en un mismo día, para lidiar con las contingencias, uno, de las fallas humanas, mecánicas, y, dos, a veces de desastres naturales impredecibles.

Queda de luto el deporte suramericano y latinoamericano, como luto se respira con pocos días de diferencia a raíz del fallecimiento de Fidel Castro Rus, que no por ser “esperado” su deceso por varios años, a raíz de sus duros quebrantos de salud y su avanzada edad, no dejó de sorprender a millones cuando ocurrió luego de celebrar sus lúcidos 90.

La referencia a la tanato-política de los exiliados cubanos y sus descendientes quienes celebran con algarabía la muerte de Fidel en la Pequeña Habana, en Miami, mientras en La Habana, miles se mueven en cola solemne para rendirle un tributo final, con sobriedad, dignidad y tristeza a su líder revolucionario, cuyas cenizas después empezaron la marcha en un modesto transporte a su sitio final, en Santiago de Cuba.

En el entre-tanto, en Medellín, una afición golpeada por el insuceso de la muerte de los deportistas brasileños levantó un himno a la vida, dijo sí, en los mejores términos, y dio el espaldarazo al triunfo del equipo brasileño que no pudo ni podría jugar los dos partidos de la final suramericana. Un ejemplo conmovedor, extraordinario de solidaridad brindada por los subalternos que no se volvieron a dejar intimidar por el terror, y o la ignorancia.

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