¿Por qué gano Trump?

07:27:00

Desde horrorizados hasta deprimidos, pasando por toda la gama de las emociones negativas posibles se están mostrando los analistas de todo el mundo ante la victoria de Donald Trump.

Por: Carmen Eugenia Ruano / Democracia en la Red

La primera reacción ha sido de sorpresa y estupor no obstante que las encuestas durante las últimas semanas daban un empate técnico en el que Trump y Hillary se alternaban hora tras hora a la cabeza de los vaticinios.

Al final se impuso Trump con 306 votos electorales contra 232 de Clinton a pesar de que la candidata demócrata obtuvo más de 2 millones de votos populares en las urnas por encima de los del vencedor.

El asombro y la extrañeza no resultan comprensibles a la luz del impacto demoledor que la globalización ha producido sobre las clases medias y los trabajadores industriales de todo el mundo y en los propios Estados Unidos.

Las cifras traídas a colación en su especial “la victoria de la ira” publicado en el Tiempo por Gabriel Silva contribuyen a aclararlo todo. Según estudio del Pew Research Center la participación de la clase media en el total del ingreso nacional pasó del 62% en 1970 a 43% en el 2014. El déficit comercial de manufacturas estadounidenses como porcentaje del PIB es dramático al igual que la caída del empleo en la industria manufacturera de los Estados Unidos.

Mientras la clase alta sigue acumulando la riqueza en una era de productividad extrema apuntalada por el desarrollo tecnológico y la revolución digital, vastos sectores medios han visto evaporarse sus seguridades y las perspectivas de bienestar.

La apertura materializada en los tratados de Libre Comercio despojó a los trabajadores de sus empleos y les está impidiendo ascender a la clase media. Por eso las convocatorias de Trump a la guerra comercial contra chinos, mexicanos y asiáticos en general, contra todos aquellos que les sustraen sus trabajos en vez de desalentar a los votantes atrajo a su causa un gran caudal de sufragantes.

Para muchos de ellos el sueño americano dejó de existir. Están abrumados por la sensación de que ya no es factible que la generación de sus hijos y nietos pueda ser más rica y tenga mayor número de oportunidades que la propia. Todo lo contrario, abocada a la incertidumbre, la clase media en retroceso, se aferra a un pasado de prosperidad ligado a las grandes realizaciones de posguerra y a una especie de aspiración colectiva de invulnerabilidad, heredada de Reagan y derivada de su condición de potencia unipolar, que dejó de ser y seguramente no podrá recuperar. En este contexto su compromiso caudillista de traer a América de vuelta o de hacerle grande otra vez tuvo enorme eco.

Con Trump cobran nueva vigencia las tendencias aislacionistas, la profundización del individualismo cerrero que forma parte de la idiosincrasia de los americanos, la desconfianza hacia las instituciones y el establecimiento político y las tendencias ultraconservadoras

Trump no se inventó el descalabro, supo leerlo y traducirlo en una propuesta populista y demagógica de enorme resonancia, vertida en términos soeces y con actitud de matón, muy asimilable en el clima de furia que predomina sobre todo en los sectores blancos empobrecidos por la desindustrialización, que sin embargo tiene sólidos anclajes en la realidad cuotidiana de millones de sus conciudadanos, golpeados en el marco de la globalización por políticas económicas manipuladas por intereses financieros e ideológicos que le han permitido a los opulentos amasar fortunas extravagantes sin haber cumplido la promesa de mejorar la vida de la gente común.

No puede resultar extraño que las promesas de Trump hayan atraído tantos partidarios.

Por Trump votaron en gran número:

- Los evangélicos incitados por sus pastores con los mismos argumentos falaces que utilizaron en Colombia los promotores del No en el plebiscito.

- Los electores blancos independientemente de edad, sexo, nivel de educación o estrato social y en gran proporción los habitantes rurales conminados a hacer alarde de la “supremacía blanca”

Se cumplió el pronóstico del cineasta y documentalista Michel Moore quien predijo que Trump ganaría las elecciones .Se decantaron también a favor de su candidatura los sectores rurales, con menor nivel de educación, mientras los residentes de las grandes ciudades casi en su totalidad votaron por Hillary Clinton quien obtuvo 7 millones de votos menos que Obama y no pudo movilizar con suficiente contundencia ni a las mujeres ni a los afroamericanos.

Optaron igualmente por Trump las minorías elitistas hispanas que se perciben a sí mismas como pertenecientes a la mayoría blanca y que desprecian profundamente a sus compatriotas que no han podido obtener el estatus de legalidad y los cubano- americanos de la Florida empecinados en obstaculizar la apertura de Obama hacia la normalización de las relaciones con Cuba y el fin del embargo.

Trump con mayoría en la Cámara y en el Senado y con la posibilidad de asegurar el influjo del conservadurismo en la Corte Suprema, tiene en sus manos todos los instrumentos para poner a andar una agenda que estremece al mundo, si la retórica de la campaña se aplica en el gobierno: el uso de armas nucleares contra ISIS, el desmantelamiento financiero de la Otan, el cese de la lucha contra el cambio climático y el calentamiento global, y el retorno a los puestos de comando del complejo industrial-militar que representa el ultraconservadurismo y los intereses especiales, esos mismos que desataron las guerras todavía no resueltas en el Oriente Medio.

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