¿Es posible un mundo sin bancos?

06:20:00

Millones de personas en todo el mundo viven sin bancos. Sin embargo, la mayor parte lo hacen porque han quedado excluidas del sistema financiero por vivir en zonas rurales y de escasa población (exclusión por razones geográficas) o por tener unos niveles de renta muy bajos (exclusión por razones económicas).

Por: Joan Ramon Sanchis / El Viejo Topo

Efectivamente, la exclusión financiera, entendida esta como la imposibilidad o dificultad por parte de las personas para acceder a servicios bancarios básicos, ha ido aumentando durante los últimos años de manera alarmante. A ello ha contribuido de manera significativa la concentración del sector bancario a través de fusiones y las prácticas abusivas de estas entidades: comisiones cada vez más altas, desahucios, y en general condiciones cada vez más duras para poder disponer de una cuenta bancaria. Requisitos como disponer de un saldo mínimo de mil euros en la cuenta como establece algún banco o el cierre de oficinas bancarias en pequeñas poblaciones como están haciendo la mayoría, deja fuera del sistema financiero a un número cada vez mayor de personas. Esta es la imagen de la exclusión financiera, siendo España uno de los países donde más ha aumentado durante los años de la crisis, al igual que las desigualdades económicas, la exclusión social y la pobreza.

Se dice que los bancos son imprescindibles en el funcionamiento de un sistema económico, que sin ellos no es posible generar actividad económica y empleo. Precisamente por esto justificaron el saneamiento de la banca española y un rescate europeo de más de 40 mil millones de euros que ha supuesto fuertes recortes en sanidad, educación y servicios sociales. Pero, ¿es esto realmente cierto?. Si los bancos son tan necesarios, ¿porqué después de sanearlos con dinero público, la economía no está remontando?. ¿Qué han hecho los bancos con la inyección de dinero público realizada por el Banco Central Europeo?. ¿Estan prestando dinero a los emprendedores, autónomos y pequeñas y medianas empresas?. La realidad es que estos grandes bancos que tantos beneficios económicos acumulan (los 6 grandes bancos españoles del IBEX ganaron en 2015 un 8,1% más que el año anterior, lo que supuso un beneficio neto total de 11.275 millones de euros) se están dedicando a la especulación financiera y no a reactivar la economía como sería de esperar. Una muestra evidente de ello es que los grandes bancos españoles han creado numerosas empresas offshore (sociedades pantalla) en paraísos fiscales para ayudar a sus clientes “preferenciales” a evadir dinero y no pagar impuestos. Tres grandes bancos españoles (Santander, BBVA y Sabadell) aparecen en los famosos “Papeles de Panamá”. Otro ejemplo a señalar es el caso de Bankia, que ha representado la mayor estafa bancaria de la historia en España. ¿Es esto lo que se espera de un banco?. Evidentemente no.

Solamente la banca de proximidad (cooperativas de crédito y cajas rurales) y la banca ética están realizando las funciones que realmente debería hacer un banco: prestar dinero a la economía real, a la economía productiva y a quienes realmente lo necesitan. La banca de proximidad es una banca fuertemente arraigada al territorio que se dedica a financiar las actividades de las empresas locales y a las personas que más lo necesitan. De hecho, muchos de estos bancos son creados por sus propios clientes, que son a la vez socios y participan en sus decisiones. La banca ética, por su parte, financia proyectos sociales y medioambientales y en ningún caso financia actividades ilegales o poco éticas ni se dedica a la especulación. Porque aunque muchos piensan que la creación de dinero ficticio por parte de los bancos es una práctica con la que habría que acabar porque genera especulación y abusos, también hay que señalar que si se usa de manera ética y responsable puede ser muy beneficiosa. Pero al margen de este debate, que no es objeto del presente artículo, lo cierto es que una banca como la que domina en estos momentos el sistema financiero español y mundial, siguiendo un modelo especulativo y oportunista, no es ni necesaria ni deseable y, por tanto, podríamos prescindir de ella perfectamente, si no fuera por el enorme poder que acumula. El problema es que la banca de proximidad apenas representa el 6% del sistema bancario español y la banca ética está todavía en una fase muy incipiente; no son, por tanto, aún suficientes para sustituir a la gran banca.

Volviendo a la pregunta inicial de si es posible un mundo sin bancos, conviene señalar que durante los años de la crisis financiera han ido surgiendo iniciativas financieras no bancarias que nos llevan a responder afirmativamente a la pregunta formulada. Las finanzas colaborativas como el crowdfundingy el crowdeling, los fondos financieros solidarios como las comunidades autofinanciadas y los bancos de tiempo, las monedas sociales y encriptadas (bitcoin), las finanzas solidarias y cooperativas como las cooperativas de servicios financieros y las cooperativas integrales y la expansión de bancos alternativos como los bancos éticos y los bancos de desarrollo comunitario locales, son muestras evidentes de que se puede vivir sin bancos y a la vez acabar con la especulación monetaria. Todas estas iniciativas surgen de la sociedad civil y ante los abusos de los bancos y la extensión de la exclusión financiera y se gestionan a través de la transparencia, la democracia y la cooperación, tres ejes claves para asegurar un comportamiento socialmente responsable. Pero aún son muy poco conocidas y utilizadas y no están exentas de dificultades.

Dos aspectos son claves en todo este proceso de cambio: el uso de las tecnologías de la información y la comunicación y de las redes sociales y la eliminación del dinero físico. Pero estos aspectos pueden ser engañosos y muy peligrosos. La eliminación del dinero físico no significa que los bancos desaparezcan, si no simplemente que el dinero se usa a través de otros medios (móviles, ordenadores, …) y canales virtuales (Internet); es más, esto puede suponer un mayor poder para los bancos, dado que dominan y controlan a las empresas que gestionan estos nuevos sistemas de pago y transacciones financieras. En cuanto a las TIC y las redes sociales, es preocupante el avance que los grandes bancos están realizando en este campo, sobre todo en el de las redes sociales. La banca siempre se ha caracterizado por saber aprovechar las oportunidades que le han ido surgiendo; lo hicieron con el tema de los microcréditos y las microfinanzas, donde actualmente están ya fuertemente asentados (CaixaBank es el banco español que mayor volumen de microcréditos ofrece), y lo están comenzando a hacer con las finanzas colaborativas, donde están iniciando el control de las plataformas de crowdfunding. La banca se reinventa a sí misma y por eso es cada vez más poderosa. Si todas estas iniciativas ciudadanas y solidarias acaban en manos de los bancos, estaremos de nuevo en el punto inicial, o incluso en un punto peor porque las iniciativas se nos habrán acabado.

Si de verdad queremos buscar y consolidar alternativas a los grandes bancos, se hace necesario iniciar una revolución financiera. Esta revolución financiera silenciosa ha de basarse en las tres C’s: Conocimiento, Conciencia y Consumo financiero responsable. El proceso se explica en mi nuevo libro editado por El Viejo Topo. En él se ofrece información detallada sobre todas y cada una de las iniciativas sociales y ciudadanas que han ido surgiendo frente al poder de los grandes bancos y que ya hemos mencionado: banca cooperativa, banca ética, bancos de tiempo, cooperativas de servicios financieros, cooperativas integrales, monedas sociales, comunidades autofinanciadas, finanzas colaborativas, … Con la información sobre ello se consigue el Conocimiento y tras el conocimiento se alcanza la Conciencia, de manera que solo nos queda tomar la decisión a nivel individual del Consumo financiero responsable.

No todos los bancos son iguales ni todos los bancos tienen porque dedicarse a la especulación. Existen bancos y otras alternativas financieras no bancarias que están al servicio de las personas y que se dedican a financiar proyectos sociales. Hemos de conseguir que estas nuevas iniciativas sean conocidas y sobre todo practicadas por cada vez más personas, extendiendo la revolución financiera silenciosa. Como ciudadanos del mundo tenemos la responsabilidad porque además nos va la vida en ello.


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