Cuentas alegres con la venta de la Empresa de Energía de Bogotá.

08:03:00

Los argumentos de la Alcaldía para justificar la venta de una parte de la Empresa se basan en supuestos poco realistas y en destinación de los recursos a proyectos para los que no tiene aún plata, ni socios. ¿Qué viene ahora que se ha aprobado la venta?


Por: Fernando Rojas Parra* / Razón Pública

La venta

Bogotá era dueña del 76,28 por ciento de la utilidad distribuible de la Empresa de Energía. Según datos de la administración, “históricamente se ha evidenciado (sic) un crecimiento constante en el pago de dividendos distribuidos al Distrito Capital. A lo largo de los últimos 5 años se ha recibido un promedio anual de 384.905 millones de pesos”. Incluso, a partir de 2017 la empresa de energía liberará de sus reservas 350.000 millones de pesos destinados a la construcción del metro.
No obstante, a finales de septiembre la administración Peñalosa radicó ante el Concejo de Bogotá el Proyecto de Acuerdo 473 de 2016, donde se autorizaba la venta del 20 por ciento de la participación accionaria del Distrito en la Empresa de Energía de Bogotá (EEB).
Según las proyecciones presentadas por la EEB, esta venta provocaría una reducción de los dividendos que recibe la ciudad, tal como lo muestra el siguiente gráfico:
dividendos
Fuente: EEB
Esto significa que, con lo que aportará la empresa para la construcción de metro anualmente y lo que dejará de recibir en los próximos seis años por reducir su participación accionaria, la ciudad tendrá menos recursos para invertir en proyectos sociales.

El diablo está en los detalles

Planeación del Metro en Bogotá por la actual Alcaldía bajo el mando de Enrique Peñalosa.
Planeación del Metro en Bogotá por la actual Alcaldía bajo el mando de Enrique Peñalosa. 
Foto: Metro de Bogotá
Para justificar la venta de las acciones, la administración afirma que esta operación traería beneficios para la ciudad, pero omite una parte importante del contexto en el cual los proyecta. Esto ocurre en los casos de beneficios como:
  • La creación de alrededor de cien mil empleos entre 2019 y 2021 por obras que no se sabe si se harán, así como tampoco se sabe si se darán las famosas alianzas público-privadas;
  • Un crecimiento de entre 0,1 y 3,6 puntos porcentuales anuales adicionales en el PIB en el período 2017-2021, como efecto de las inversiones realizadas por 21,1 billones de pesos. No obstante, estos cálculos parten del supuesto de que se invierta el 100 por ciento de los recursos estimados, aunque no se tiene certeza de su disponibilidad;
  • Un mayor recaudo del Impuesto de Industria y Comercio (ICA), que aumentaría cerca de 3,4 billones de pesos entre los años 2017 y 2027, aunque no es claro cómo se dará este aumento;
  • Ahorro en tiempos de viaje equivalentes a 48,6 y 79,5 millones de horas en transporte privado y público, respectivamente. No obstante, como lo reconoció la misma administración en el diagnóstico que presentó durante la discusión del Plan de Desarrollo, “la ciudadanía está insatisfecha con la calidad del servicio de transporte: apenas 19% reporta estar satisfecho con el transporte troncal, 32% con el zonal y 43% con el colectivo tradicional. Se ha perdido la cuarta parte de los viajes en transporte público en los últimos 15 años”. Y el número de carros y motos sigue aumentado vertiginosamente.

Mucha obra, poca plata

En este contexto, la administración presentó el siguiente listado de proyectos para la construcción de vías en la ciudad que tendrían un costo aproximado de 21,1 billones de pesos “que incluyen diseños, compra de predios y obra y serán ejecutados entre 2017 y 2021”. Estos proyectos podrían ser cofinanciados con el dinero de la venta de las acciones de la Empresa de Energía de Bogotá.
Inversiones en infraestructura. Valor aproximado en etapa de perfil 2017-2021
(Millones de pesos de 2016)
Fuente: SDM.
Todos estos son proyectos importantes para Bogotá. Sin embargo, los 3,4 o 4 billones de pesos que se espera obtener por la venta de las acciones no están focalizados en proyectos fundamentales, de  modo que acaban por diluirse en una lista de mercado donde difícilmente se vería su utilidad.
A esto hay que sumarle que, como afirmó el alcalde en una rueda de prensa, la administración tiene el propósito de construir una troncal de Transmilenio entre Soacha y Chía con buses eléctricos y trolebuses. Sin embargo aquí hay dos cosas que llaman la atención:
  • Por un lado, no hay ningún estudio que respalde este proyecto.
  • Por otro lado, como expuso el concejal Juan Carlos Flórez durante el debate en el Concejo, la administración Peñalosa se contradice, pues archivó la licitación de la troncal de la Avenida Boyacá porque privilegiaba los buses eléctricos. Esto lo confirman las afirmaciones de la gerente de Transmilenio, quien el 28 de marzo de este año declaro que “los buses eléctricos son la tecnología más riesgosa. Hay riesgos operativos pues la autonomía máxima de un bus eléctrico es de 280 km y el promedio de lo que recorre un bus de Transmilenio, diario, son 270 km. Por otro lado, todo el planteamiento tiene que ser modificado cuando uno tiene una tecnología que se demora 3 horas cargando. El siguiente tema son los mayores costos de inversión y el desconocimiento de los costos operativos y ahí me parece importante mencionar que los buses eléctricos sí son más costosos. Estamos hablando de unas inversiones en tecnología que son hasta 139% más costosas”.
Por último, aunque los usuarios de Transmilenio somos conscientes de la necesidad de construir nuevas troncales, seguimos esperando que esta administración tome medidas concretas para mejorar la calidad del servicio que presta.

¿Qué viene?

Intención de ampliar rutas en Transmilenio, y espera por parte de los usuarios que refleje mejora en el sistema.
Intención de ampliar rutas en Transmilenio, y espera por parte de los usuarios que refleje mejora en el sistema.  
Foto: Oscar Amaya
El 9 de noviembre el Concejo aprobó, con 31 votos a favor y 12 en contra, la venta del 20 por ciento de las acciones de la Empresa de Energía. La decisión pasará a sanción del alcalde. Luego vendrá un proceso establecido por la Ley 226 de 1995 para poder llevar a cabo la venta de las acciones. Este proceso se puede sintetizar en cuatro etapas:
1)         Decidir o autorizar la enajenación de un activo específico (artículo 6);
2)         Elaborar un programa de enajenación (artículo 7);
3)         Aprobar y adoptar el programa de enajenación (artículo 8);
4)         Difundir del plan de enajenación y su ejecución (artículos 9, 10 y 11).
Estas etapas deberán cumplirse y los recursos serán incorporados al presupuesto de la ciudad una vez sean recibidos.
Mientras tanto los bogotanos tendremos que encomendarnos a la providencia para que Peñalosa y su equipo inviertan bien los recursos que recibirá la ciudad por la venta, para que hagan las obras en los tiempos proyectados y sin sobrecostos, y para que no nos arrepintamos de haber vendido la gallina de los huevos de oro.
Politólogo con maestrías en Gestión Urbana e Historia. Estudiante de doctorado en historia de la Universidad de los Andes.

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