Una ruta de inclusión para dar curso a los diálogos Gobierno - ELN

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El inicio de la mesa pública de conversaciones entre el Gobierno Nacional y el Ejército de Liberación Nacional- ELN, el próximo 27 de Octubre, se produce siete meses después de haber sido anunciado al país el acuerdo alcanzado en la fase exploratoria que contiene los puntos que posibilitan los diálogos.

Por: Carlos Medina Gallego / Democracia en la Red

El énfasis fundamental de este acuerdo está en la participación de la sociedad, la construcción de una democracia más amplia y profunda, la realización de una serie de transformaciones que posibiliten escenarios de construcción de paz, además de los puntos de víctimas, terminación del conflicto y seguimiento y verificación de los acuerdos.

El ELN coloca a la cabeza de la delegación a Pablo Beltrán, un miembro del COCE (Comando Central del ELN), ampliamente conocido y con experiencia en diálogos de paz, es un hombre inteligente, capaz y poseedor de una disposición especial para el dialogo y el entendimiento, es reconocido al interior de la organización como un intelectual disciplinado que tiene la virtud de contar con una amplia producción escrita en la que deja expresar sus puntos de vista en relación con las líneas de comportamiento político e ideológico de la organización. Lo acompaña un grupo totalmente renovado de militantes de quienes se tiene poco conocimiento pero que deben contar con las capacidades y virtudes para haber depositado en ellos la responsabilidad de llevar la vocería de la organización: Aureliano Carbonell, Gustavo Martínez, Bernardo Téllez y Consuelo Tapias.

El Gobierno le asigna la responsabilidad de conducir esta fase de conversaciones públicas a Mauricio Rodríguez, quien igualmente es un hombre de confianza del gobierno, capaz y conocedor de la organización armada y de las posibilidades del diálogo. A su lado coloca un importante grupo de profesionales, con altos niveles de experticia adquiridos en los diálogos anteriores con el ELN y las FARC, como José Noé Ríos y Julián Arévalo y la representación de la Fuerza Pública en la figura del MG® Eduardo Herrera Berbel.

Los diálogos en Quito-Ecuador contaran con el acompañamiento internacional de países como Venezuela, Brasil, Ecuador, Noruega, Chile y Cuba, los que seguramente jugaran como es su costumbre un destacado papel. El ELN y el Gobierno, igualmente pueden tomar en consideración la participación en distintos aspectos de Naciones Unidas, la Academia y la Iglesia, que a lo largo de los últimos años ha prestado importantes servicios a este proceso.

Un reto mayor lo constituye el uso racional y metódico del tiempo y las posibilidades de contar con adecuadas metodologías que le permitan al proceso andar al ritmo de las expectativas de la ciudadanía y en consonancia, con los distintos momentos políticos del país, que hoy son de incertidumbre de paz y de guerra. Si el momento es bien utilizado, el proceso con el ELN puede impulsar de manera definitiva la iniciativa de paz completa que desde hace varios meses impulsan sectores importantes de la sociedad civil.

La naturaleza de la agenda obliga a echar mano a la mayor imaginación y apertura posible para que pueda tener curso, en especial en los aspectos pertinentes a la participación de la sociedad. En el proceso de ambientación de los diálogos considero que sería pertinente seguir un camino marcado por los siguientes aspectos:

Primero. Resultaría pertinente para construir confianza que el ELN mantenga el Cese Unilateral al Fuego y el Gobierno extienda el Cese Bilateral, a los diálogos con el ELN, lo que generaría una atmósfera excepcional para avanzar en las conversaciones y posibilitar la participación segura y amplia de la sociedad y las comunidades organizadas.

Igualmente resulta muy útil evacuar el punto previo humanitario que conduzca a la liberación de los retenidos (secuestrados) y mejore las condiciones de reclusión de los prisioneros, porque eso va dando mayores apoyos sociales al proceso.

Segundo. Sería muy pertinente una reunión de la delegación del Gobierno con los representantes de las iniciativas civiles por la paz y algunos movimientos sociales que vienen trabajando en propuestas de metodologías de participación de la sociedad en los diálogos, para escucharlas, conocer y tomar en cuenta sus puntos de vista, creando con ellos, dinámicas de participación concertadas que le permitan al proceso andar con cierta celeridad. Estoy haciendo referencia a una reunión de la delegación del Gobierno, básicamente con la Mesa Social por la Paz, Paz Completa, el Congreso de los Pueblos, la Minga Indigena o la ONIC, representantes de las comunidades negras, Marcha Patriótica y, en lo posible, representantes de la SAC, ANDI, FEDEGAN y otros gremios que estén dispuestos a participar.

En este proceso jugará un papel determinante la SOCIEDAD porque es de ella que depende en gran medida la dinámica de los diálogos y los temas a tratar. Pero la SOCIEDAD debe ser entendida de manera amplia, lo que compromete sectores sociales, empresariales, indígenas, afrodescendientes, campesinos, comunales, militares, académicos, iglesias, mujeres, jóvenes, ambientalista, defensores de derechos humanos, población LGTBI, partidos políticos, entre otros, para que sea un verdadero DIALOGO NACIONAL de paz.

Tercero. Permitirle a esa misma comisión reunirse con la delegación de paz del ELN, para que den a conocer sus iniciativas y puedan escuchar de esos sectores aspectos que podrían ir perfilando no solo las metodologías de la participación, sino, igualmente bosquejos de lo que puede ser el punto tres de la agenda. En este aspecto, es necesario colocar con la mayor objetividad y realismo, las posibilidades actuales del país y el momento que atraviesa.

Cuarto. Gestionar una reunión de la Academia, la Iglesia y la Oficina de las Naciones Unidas, con la delegación de Paz del ELN, para que puedan comentar las experiencias tenidas en materia de participación social y las metodologías utilizadas para realizar las relatorías pertinentes y convertirlas en insumos útiles a las conversaciones.

En estos momentos se trata en lo esencial de reconocer la especificidad del proceso con el ELN, que la organización desde su concepción de los diálogos pueda protagonizar sus propios espacios e iniciativas y que sea el proceso mismo el que persuada en la necesidad de cruzar las agendas de la Habana y de Quito en lo que es estrictamente necesario y posible.

Una ruta pensada colectivamente, sin prevenciones innecesarias, construidas con objetividad y realismo, flexibles y dispuestas a abordar temas cruciales y a llegar a acuerdos realizables, sentaría un precedente de efectividad y aumentarían las esperanzas de paz en este momento determinante de la historia del país.

Tengo el convencimiento, que este momento en América Latina es de la defensa, fortalecimiento, ampliación y profundización de la democracia en una ruta de reformas estructurales generadoras de mayor equidad y justicia.

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