¿Tiene arreglo la economía de Venezuela?

19:58:00

Debe quedar claro, sin embargo, que la economía venezolana no se recuperará, incluso si los precios del petróleo llegasen a subir, sin importantes reformas para resolver sus graves desequilibrios económicos.

Por: Mark Weisbrot / Le Monde Diplomatique

Los medios de comunicación nos han bombardeado, desde hace tiempo, con artículos sobre el “colapso” de la economía venezolana. Los reportajes han estado dominados por historias sobre la escasez de alimentos y de medicinas, las colas para comprar productos básicos, los salarios erosionados por la inflación y los disturbios por la comida. Nos ofrecen una serie de argumentos para explicar el “caos económico” actual: “el ‘socialismo’ fracasó”, nos dicen, sin tener en cuenta que la mayoría de los empleos creados por Hugo Chávez (1999-2013) lo fueron en el sector privado y que el tamaño del Estado aún es mucho menor que, por ejemplo, Francia. Nos cuentan que el experimento “falla” desde sus inicios. Y nos repiten que las nacionalizaciones, las políticas antiempresa, el gasto excesivo durante los años de altos precios de petróleo fue lo que definió el destino de Venezuela. Finalmente, nos anuncian que la espiral en descenso continuará hasta que los chavistas sean expulsados del poder de cualquier modo, elecciones o golpe de Estado... Pero la realidad es más complicada.

El experimento bolivariano fue bastante exitoso en Venezuela al principio. A partir de 2004, después de que el Gobierno de Chávez tomase el control del petróleo, y hasta 2014, el ingreso per capita real subió un 2% al año. Esto significó un enorme cambio con respecto al declive que hubo durante los veinte años previos a Chávez, cuando el Producto Interior Bruto (PIB) per capita se contraía un promedio anual del 1,2%. Durante ese mismo periodo, la pobreza se redujo el 49% y la pobreza extrema el 63%. Se triplicó el número de personas mayores de sesenta años perceptoras de jubilación, y millones de venezolanos obtuvieron por vez primera acceso a servicios de sanidad y de educación. Eso explica por qué el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) pudo conseguir el 41% de los votos en las elecciones legislativas de diciembre 2015, a pesar de la escasez de productos de consumo, una inflación del 180% y una profunda recesión.

En cuanto a la caída económica de los últimos tres años: ¿era inevitable?, ¿es irreversible hasta que el PSUV pierda el poder? Para dar respuesta a estos interrogantes debemos evaluar cómo llegó a esta situación Venezuela y cómo podría salir de ella.

Durante el otoño de 2012 y en febrero de 2013, el Gobierno redujo bruscamente la disponibilidad de divisas. Durante este periodo se disparó la escasez de productos básicos, al mismo tiempo que la inflación y el precio del dólar en el mercado negro. La tasa de cambio oficial, a la cual el Gobierno vendía la gran mayoría de los dólares generados por las ventas del petróleo, estaba en 6,3 bolívares (Bs) por dólar. Pero el mercado negro ya existía y la escasez de dólares a tasa oficial impulsó su alza en el mercado paralelo. Al mismo tiempo, el precio más elevado del dólar en este mercado hizo subir la inflación, dado que incrementa el precio de los bienes importados.

Y al subir la inflación, más personas quisieron comprar dólares, porque perciben el dólar como un activo seguro que no perderá su valor. Esto presiona el precio del dólar al alza en el mercado paralelo, lo cual incrementa aún más la inflación. Este ciclo genera una espiral “inflacionaria-depreciativa”. En octubre de 2012, la inflación estaba en un 18% y el cambio en el mercado paralelo estaba en 13 Bs por dólar. Para finales de 2015, la inflación anual alcanzó un 180% y el cambio en el mercado paralelo 833 Bs por dólar... La escasez de bienes de consumo contribuyó a alimentar esta espiral, la cual, a su vez, acentuó la escasez.

A finales del primer trimestre de 2014, la economía venezolana ya estaba en recesión, a pesar de que el precio internacional del petróleo se ubicaba en más de 100 dólares por barril. En enero de 2015, el precio había caído a 48 dólares por barril (y así sigue hoy). Esto redujo los ingresos del Gobierno, el cual acudió a imprimir dinero para cubrir sus gastos... Esta creación de dinero no tenía por qué acelerar la inflación necesariamente, pero, en el contexto de la espiral inflacionaria-depreciativa, lo hizo. De esa manera, la inflación aumentó rápidamente.

Desde finales del pasado mes de marzo, el mercado paralelo ha caído, de su máximo de más de 1.211 Bs por dólar a aproximadamente 1.025 al día de hoy, tras haber subido fuertemente durante más de tres años. Al mismo tiempo, el Gobierno permitió que subiera el precio del dólar en un tercer mercado, denominado SIMADI o DICOM. Éste se establece en la actualidad en aproximadamente 640 Bs por dólar, o sea a un 60% de la tasa del mercado paralelo.

Esto, sin embargo, no significa que la economía va por el camino de la estabilización. Primero, la tasa de cambio paralelo sigue siendo 100 veces superior a la tasa oficial de 10. Segundo, uno de los elementos fundamentales que ha frenado la espiral inflacionaria-depreciativa ha sido la profundización de la recesión. Hay mucha menos gente con recursos para adquirir dólares, y muchos están gastando sus ahorros en dólares para cubrir sus necesidades básicas. Lo cual ha empujado el precio del dólar, en el mercado paralelo, a la baja.

Esto significa que la economía venezolana no puede recuperarse con el sistema de cambio actual. Está atascada en la recesión. Adicionalmente, el sistema de cambios múltiples, con sus grandes diferencias entre las tasas, crea un incentivo inmenso para la corrupción. Cualquier persona que tenga acceso a dólares oficiales puede multiplicar sus ingresos por 100 simplemente vendiéndolos en el mercado paralelo, al cual casi todo el mundo tiene acceso.

El sistema de cambio oficial, sin embargo, es solo una de las maneras a través de las cuales se pierden los recursos en divisas del Gobierno. Incluso después del reciente incremento del precio de la gasolina, ésta sigue costando aproximadamente 6 Bs por litro –o sea, un centavo de dólar– a tasa SIMADI. La electricidad y el gas también están fuertemente subsidiados. Estos subsidios le cuestan al Gobierno más del 13% de su PIB. A modo de comparación, el ingreso total del Gobierno federal de Estados Unidos procedente de los impuestos sobre la renta (individual y corporativa) en 2015 fue aproximadamente del 10,6% del PIB... Al mismo tiempo, hay controles de precios que son difíciles o imposibles de mantener en la situación económica actual. En 2015, los precios de consumo en general subieron un 180%, pero los precios de los alimentos, que están controlados, subieron un 300%... Esto es una clara demostración de que los controles de precios no están funcionando.

Millones de venezolanos obtienen sus ingresos a través de algún chanchullo: por esperar horas en colas para obtener alimentos subsidiados y luego revenderlos; por comercializar divisas en el mercado paralelo; por vender bienes robados... Incluso una dictadura que tuviera un poder considerable de represión para atacar todas las transacciones ilegales, tendría dificultades para mantener una economía que funcione bien con esta magnitud de distorsión en los precios. Pero Venezuela no es una dictadura; de hecho, el Estado es muy débil en cuanto a la limitación de sus cuerpos policiales.

Tomando en cuenta esta situación, está claro que son necesarias serias reformas para volver a activar la economía. La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) congregó a un grupo de economistas, coordinados por el ex presidente de la República Dominicana Leonel Fernández, que presentó una serie de propuestas.

La reforma más necesaria es la unificación del sistema de cambio. Esto se debe hacer muy rápidamente, de una sola vez. El Gobierno puede subastar una cantidad fija de dólares cada día, permitiendo que su precio sea establecido por la oferta y la demanda. El precio del dólar sin duda se establecería por debajo de la tasa del mercado paralelo actual. Una tasa flotante es la única manera de evitar el despilfarro de las escasas reservas de divisas por intentar mantener (en vano) una tasa fija sobreevaluada.

Tomando en cuenta que las devaluaciones provocan un incremento de los precios, sería necesario proteger a la gente de cualquier subida de precios de productos básicos, incluyendo los alimentos. Esto se podría lograr a través de la masificación del sistema actual de “Tarjetas de Misiones Socialistas”, el cual podría ofrecer descuentos importantes que compensen cualquier aumento de precios. Este sistema tendría que activarse antes de la unificación de las tasas de cambio.

Los subsidios a la energía podrían luego ser eliminados gradualmente en el transcurso de los 18 meses siguientes. Para que sea aceptable, la recaudación adicional del Estado por el incremento de los precios de la energía debería ser depositada en las tarjetas. Esto constituiría una ganancia neta para la mayoría de los venezolanos. Algunos controles de precios, incluyendo los que no permiten que los productores cubran sus gastos, serían eliminados.

Otras medidas para proteger la calidad de vida sería indexar los sueldos a la inflación y crear un programa temporal de obras públicas para generar empleo. Estas se podrían financiar con un impuesto sobre el lujo, parecido al que existe en Colombia, y un impuesto sobre las transacciones financieras.

El Gobierno puede vender parte de sus activos internacionales para ayudar a financiar esta transición. Al mismo tiempo deberá reestructurar su deuda soberana para reducir los 17.000 millones de dólares que le corresponde pagar en el transcurso de los próximos dieciocho meses (intereses y principal).

Todo esto se puede hacer, incluso con los precios actuales del petróleo, porque Venezuela ya ajustó su nivel de importaciones a la caída de los precios del petróleo, que proveen más del 90% de los ingresos en divisas del país. Esto ha sido un ajuste enorme; las importaciones cayeron en más del 50% desde 2012. A modo comparativo, Grecia redujo sus importaciones en un 28% después de más de seis años de depresión.

Esto significa que la parte difícil del ajuste –que le exige a la gente que rebaje su estándar de vida para poder reducir fuertemente las importaciones– ya se ejecutó. Ahora hay que ajustar los precios relativos para lograr la recuperación. Venezuela podría volver rápidamente al crecimiento económico sin necesidad de pasar por la recesión prolongada que crea normalmente un ajuste neoliberal.

Una parte de la izquierda, incluyendo a miembros del Gobierno y de la base del partido del Gobierno, el PSUV, rechazan estas reformas económicas. Estiman que se trata de un “paquetazo” neoliberal parecido al del FMI que, en el pasado, incrementó la pobreza. Estiman que mantener una tasa de cambio fija es “socialista” y que una tasa de cambio flotante es una reforma de “libre mercado”. En realidad, el mercado negro es uno de los mercados más destructivos que existen; es el “capitalismo salvaje” que Hugo Chávez denunciaba. (El mismo Chávez permitió que el bolívar flotase en febrero 2002, y las reservas de divisas subieron a pesar de la fuerte inestabilidad política de la época). Y recordemos el apoyo del FMI a tipos de cambio fijos y sobreevaluados con resultados desastrosos en Argentina, Brasil, Rusia y varios países asiáticos en los últimos años del siglo XX.

No hay nada de neoliberal en un programa de Gobierno que genera empleo, protege los sueldos de la inflación, ofrece subsidios para los alimentos y productos básicos, y protege a la población de la carga asociada al ajuste de los precios relativos.

Aún así existen personas en la izquierda que piensan que Venezuela se puede recuperar sin arreglar sus desequilibrios más fundamentales y destructivos (1).

Al mismo tiempo, el Gobierno de EEUU –que lleva 15 años promoviendo un “cambio de régimen” en Venezuela– busca desestabilizar aún más la economía. En marzo de 2016, el presidente Obama declaró nuevamente que Venezuela presentaba una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional” de Estados Unidos e impuso sanciones económicas. Las sanciones en sí no son importantes, pero envían un mensaje muy negativo a los inversionistas.

Los medios de comunicación internacionales también están jugando su papel de siempre, y muchos reportes ampliamente difundidos resultaron ser falsos. En 2015, se difundieron informes que reportaban que la tasa de pobreza se había incrementado en un 76%, cuando esto era prácticamente imposible. El FMI, que tiene una larga historia de generar pronósticos influenciados políticamente, predijo que el PIB se contraería en un 10% el año pasado, cuando en realidad fue solo de un 5,7%. Los medios de comunicación han reportado que las proyecciones de inflación del FMI estarán en el orden del 720% este año, aunque es probable que estén lejos de esa cifra.

Debe quedar claro, sin embargo, que la economía venezolana no se recuperará, incluso si los precios del petróleo llegasen a subir, sin importantes reformas para resolver sus graves desequilibrios económicos. …………………………………………………………………………………………..

(1) Léase, por ejemplo, el artículo de Alfredo Serrano, asesor del Gobierno, “Las tesis económicas del chavismo” (Le Monde diplomatique en español, septiembre de 2016), en el que no se menciona ni una sola vez el sistema de cambio disfuncional de Venezuela.

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