Semana de infarto

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La semana que comenzó con el plebiscito perdido terminó con el Premio Nobel de Paz ganado por el Presidente Santos. Impactante. ¿Se enderezarán las cosas?

Por: Luis I. Sandoval / El Espectador

Semana paradójica: el respaldo nacional en votos al Acuerdo Final de Paz con las FARC es insuficiente, el respaldo internacional es prácticamente unánime y el premio lo reafirma en forma contundente. Los promotores del NO dicen que ese NO fue una forma de decir SI. O sea, en el fondo la paz tuvo 13 millones de votos porque nadie estaría contra la paz, sino una parte por el acuerdo sin modificaciones y otros, con ligera mayoría, por el acuerdo con modificaciones.

La pírrica victoria del NO se revela cada día más inconsistente, incluso inexistente. Es un hecho que 33 municipios de la Costa Caribe, de reconocida proclividad al SI, no pudieron votar normalmente a causa del Huracán Matthew. Así se habrían perdido 500.000 votos. Otro volumen significativo de votos se perdió en el malentendido sobre la familia con activistas políticos de confesiones cristianas.

A ello se suman las revelaciones del Gerente de la Campaña por el NO, Juan Carlos Vélez, quien paladinamente admite que se utilizó una estrategia sucia basada en producir indignación en los votantes. La Fiscalía ya abrió investigación al Partido Centro Democrático, partido del Expresidente y Senador Álvaro Uribe, por presunta incursión en “fraude al sufragante” mediante utilización de “maniobras engañosas”.

Pero el hecho más relevante de esta memorable semana fueron, sin duda, las multitudinarias marchas ciudadanas, con iniciativa y participación predominante de jóvenes, en 14 ciudades del país, incluidas Bogotá, Medellín y Cali. Jóvenes son también los que levantaron y sostienen día y noche un campamento por la paz en plena Plaza de Bolívar de Bogotá.

Nuevas marchas convocadas por organizaciones indígenas, populares y redes de paz tendrán lugar el 12 de octubre con ocasión del Congreso de ONIC y el 14 de octubre en convergencia de un amplio espectro de expresiones sociales, culturales, eclesiales y políticas. La movilización, o sea, votos con los pies (Hobsbawm), se suman a los millones de votos con las manos en las urnas en el contexto del inmenso apoyo internacional referido.

Ni vacilación ni duda, la paz tiene mayorías movilizadas y decididas a ir hasta el final, esto es, hasta el reconocimiento pleno de la existencia del Acuerdo y su intangibilidad en lo sustancial.

En medio de los altibajos señalados, la anterior fue una semana reveladora de un extraordinario fenómeno político. Desde Barcelona un agudo observador lo percibe así: “Entramos en el juego del plebiscito porque nuestro objetivo no era simplemente el de ganarlo sino el de cambiar cosas y seducir a los pobres del campo, las minorías excluidas y a los jóvenes que por primera vez ejercían el derecho a decidir. Y así sucedió. Las víctimas del agro, los indígenas, los afrodescendientes y millares de jóvenes urbanos se mancharon las manos de forma adrede por el Sí en un diáfano posicionamiento político que perdurará en el tiempo. Es un activo político que puede ir in crescendo si se apaciguan las escenas de llanto, drama y aturdimiento causadas por una lectura distorsionada de una realidad política que debería preocupar más a la élite uribista y santista que a los 13 millones que votaron por el Sí y el No. Es una buena señal que en el país más ultraconservador del Continente se vaya perfilando -como se vio en la campaña del Sí- una robusta y dinámica tendencia alrededor de los temas punteros de la política moderna. Una razón para llorar, pero de alegría” (Yesid Arteta, Revista Semana).

@luisisandoval

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