La caída de los demócratas y la izquierda el 2-0

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Si Santos perdió el plebiscito del 2-O contra todo pronóstico, la izquierda colombiana extravió su alma y su capacidad crítica durante ese proceso. Mientras Uribe ganaba precaria y tramposamente esa elección, los demócratas perdían la vergüenza al no ser capaces de idear una estrategia para deslindarse del gobierno. No se necesitaba mucho, sólo era decisión.

Por: Fernando Dorado / Democracia en la Red

“Pero no deja de ser alentador advertir que esta vez no les fue posible polarizar a los colombianos.”

William Ospina

¿Por qué ocurrió esta situación? ¿Por qué los demócratas y la izquierda desaprovecharon la ocasión de hacer notar su posición política y su mensaje ante la población colombiana? ¿Por qué renunciaron a jugar un papel preponderante y visible en la lucha por la terminación negociada del conflicto armado en Colombia? ¿Acaso no era su consigna de toda la vida?

Esta es la tragicomedia más incomprensible de todo lo que ocurrió el 2 de octubre pasado. No se trata de “egos” como muchas personas creen. Todos sabíamos que hacer protagonismo individual o partidista no era muy conveniente ni para la causa del SI ni para quien lo hiciera. Algunos partidos o figuras políticas lo hicieron pero tal parece que su acción no fue la más efectiva.

Se intuía y se propuso que una campaña por el fin del conflicto tenía que ser liderada por un auténtico movimiento ciudadano. Pero nadie lo promovió. Además, como el gobierno monopolizó los recursos económicos estatales, los partidos políticos quedaron maniatados. Una campaña electoral es costosa y más “costosa” si los votos no se pueden “cobrar”, de acuerdo al utilitarismo que predomina en todos los partidos. He allí un problema y un dilema. Pero si hubiera existido claridad y voluntad ese asunto se habría resuelto con facilidad. No obstante, ese limitante sirvió para justificar la pasividad. Es parte del drama y la comedia.

Es tragicómico porque es un hecho triste que causa risa. En este caso sarcástica. Algunas organizaciones de la izquierda más cercana a la insurgencia que contaron con recursos económicos para la campaña, se dedicaron a realizar marchas para mostrar su “poder” (más rural que urbano), lo que generaba un triunfalismo infundado en las fuerzas del SI, mientras provocaba resentimiento y envalentonamiento en las huestes del NO, que denunciaban que esas actividades se realizaban con recursos gubernamentales o con dineros aportados por la insurgencia. O sea, tales acciones causaban un efecto totalmente contrario al que se perseguía.

Pero lo más cruel y lo que explica realmente la derrota es la confusión ideológica.

Hay organizaciones que sobredimensionan las fuerzas de Uribe para seguir cómodamente al lado de la burguesía burocrática. Esa actitud se convirtió en costumbre, tradición y traición. Se hacen las alianzas más estrambóticas y se utilizan los argumentos más ridículos para pelechar en los puestos y contratos con la excusa del “coco uribista”. Se necesita la sombra del fascismo para “calmar conciencia” y creerse ellos mismos unos “sacrificados”. Cuando la dictadura de Pinochet ese fenómeno fue muy visible en Chile, hasta el punto que se elaboraron chistes crueles con historias y anécdotas verídicas. Dueños de ONGs se enriquecieron “luchando contra la dictadura”, acumulando dineros de cooperación y solidaridad internacional. Aquí, con la “lucha por la paz y contra Uribe” ha ocurrido algo similar.

Existen otro tipo de situaciones conflictivas que generan confusión. La de la izquierda que nunca se alzó en armas, que se enfrentó política e ideológicamente con las FARC y que sufrió agresiones de la insurgencia en muchas regiones del país. La del progresismo que justificadamente cuestionó los crímenes y excesos cometidos por la guerrilla durante las diferentes fases de degradación de la guerra. La de los demócratas que saben que la superación del conflicto armado es una condición indispensable para construir democracia pero no tienen claro en qué momento y por qué causas la guerrilla se convirtió en un obstáculo de esa lucha. Todas esas situaciones y muchas más creaban dudas y confusión.

Por ello los mensajes y discursos que impulsaban el SI, eran tan diversos y contradictorios. En vez de concentrarse en el “fin negociado del conflicto armado”, se enredaron con el tema de la “paz”. Por eso surgió el lema de la “paz pura y simple”. Algunos no querían deslindarse del gobierno, otros no podían hacerlo y unos más, no fueron capaces. No se logró construir una narrativa con un mensaje de futuro y esperanza. En muchos casos el llamado a apoyar el SI se promocionaba diciendo que era para derrotar o desarmar a las FARC. En fin, era un NO invertido, o un SI vergonzante, que fácilmente podía convertirse en un NO contundente o en abstención.

Pero el grave problema consistió –como siempre– en la división, dispersión y ausencia de debate colectivo que hubiera podido ayudar a aclarar el problema. Ni siquiera al interior del Polo, Alianza Verde y los Progresistas, se desarrolló una discusión sistemática para unificar el contenido y la forma de desarrollar la campaña por el SI. Las diversas tendencias, grupos y subgrupos tenían sus propias lecturas y, tal vez conscientes de esa realidad, no se hizo el esfuerzo para construir esa estrategia unificada. Ello explica que fuera el presidente Santos el que encabezara el SI, y con sus torpezas demagógicas ayudara al triunfo del NO.

Todo lo anterior revela en gran medida la ausencia de liderazgos demócratas, de izquierda y progresistas en las movilizaciones que han surgido después del 2-O. También, que el único mensaje sea el de “Acuerdo YA”, sin mayor contenido. Los jóvenes presionan al gobierno, a Uribe y a las FARC para que se pongan de acuerdo. No quieren más guerra, se solidarizan con los campesinos e indígenas, pero hasta allí llegan. Y no podía ser de otra manera. Los demócratas, la izquierda y los progresistas no sembraron más. Y para completar, todos ilusamente creen que la juventud movilizada los apoya… ¡Hasta el gobierno y las FARC!

Lo que es evidente es que el ambiente político ha quedado abierto hacia el futuro, especialmente hacia el 2018. La polarización Santos-Uribe, sufre en el post-plebiscito un mayor desgaste. Poco a poco se aclara que el uribismo “puro” no representa ni encabeza totalmente a los que votaron por el NO (18,7%). El “coco uribista” utilizado por sectores de la izquierda para justificar su alianza con Santos, se va desdibujando. Además, el bloque “santista”, ya desgastado con los resultados del 2-O, va a sufrir nuevos deterioros en lo inmediato con la aplicación de la reforma tributaria, el aumento ínfimo del salario mínimo y la crisis fiscal.

El surgimiento de una nueva alternativa política queda servida sobre la mesa. El 2-O fue una prueba no superada para la clase política colombiana. Todos quedaron al borde del nocaut. Se necesita que un “nuevo movimiento” se apoye en un “outsider” que tenga una narrativa que enamore a los jóvenes, que nos vincule a la modernidad que pasó por encima del país sin tocarlo, que nos ayude a visualizar y diseñar la democracia que necesitamos, que abra las compuertas para los “invisibles” de que habla William Ospina en su último artículo (goo.gl/Q8mN6O) y que nos entusiasme de verdad para construir una “paz estable y duradera”.

En fin, se necesita un mensaje de futuro y esperanza que durante todo este proceso nadie logró ni elaborar ni posicionar.

Popayán, 14 de octubre de 2016

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

https://aranandoelcieloyarandolatierra.blogspot.com.co/2016/10/la-caida-de-los-democratas-y-la.html#.WAE51MeZKLR

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