El pos-No: qué pifiada

04:49:00

Desconcierto, dolor. Creía que el Sí ganaría con sesenta y pico por ciento.

Por: Rafael Orduz / El Espectador

Por la mañana del domingo había leído al exprocurador ligando el Sí con la elevación de la ideología de género a norma constitucional y que la paz se invocaba “para robar la inocencia a los niños y destruir la familia”. Sentí que era imposible que una mayoría comprara el argumento.

Equivocados quienes creemos en un Estado secular.

Comentarios breves y situaciones que vislumbran la complejidad del 2/10/16:

Cuando en días anteriores al plebiscito escuché acerca del apoyo de iglesias evangélicas al No me consolé al ver que Carlos Baena, el presidente del MIRA, apoyaba el Sí. Sin embargo, la campaña de la mayor parte de las iglesias por el No fue exitosa. Un mensaje en Facebook a las 7 p.m. del domingo, de una instructora deportiva, comenzaba así: “Con lo que pasó hoy con el plebiscito nos queda demostrado que sí podemos llegar a un cambio donde primeramente incluyamos a DIOS…”.

Un conductor conocido, tipo responsable, afiliado a otra iglesia, siguió cabalmente las instrucciones del pastor y votó No. Escuché un audio en redes sociales que involucraba al demonio con el Sí.

Una persona muy cercana, buen profesional, también dijo No. Me recordó que no era uribista y que lo hizo porque se sentía decepcionado del gobierno Santos, de su frivolidad e ineficacia. Ha vivido años en el subempleo. ¿Qué motivación podría tener para votar Sí si consideraba que tal opción era un apoyo a un gobierno que juzga malo? Su voto fue de protesta.

Los siete argumentos de Hugo Palacios Mejía contra el Sí, alrededor de lo que él considera un “salto al vacío” de la institucionalidad, merecen debate. En casos así, votar No no representa querer guerra.

Por supuesto, el mercadeo político que logró que amplios sectores urbanos de Antioquia y los Santanderes compraran el argumento del regalo al castrochavismo.

La soberbia. ¿No había que realizar el acto del acuerdo del pasado lunes en Cartagena, al que asistí, después del plebiscito?

Santrich, al día siguiente de la firma, despachándose contra el fiscal. Y la amnesia de Romaña.

Me pareció que la posición de Francisco Santos encuadraba con la de su primo, el presidente: la paz es el objetivo, habría que introducir correctivos… ¿Será viable?

Me consuelan los resultados en municipios asolados por la violencia. El Sí ganó en Caloto (72.9%), Barbacoas (73%), Bojayá (96%), Valle del Guamuez (86%), San Vicente del Caguán (62%).

Repaso mis razones y sigo firme: suficientes los 220.000 asesinados en 52 años, los millones de desplazados y miles desaparecidos y secuestrados; mi confianza en el equipo negociador del Gobierno —con De la Calle, Jaramillo, el general Mora— que suscribió el mejor acuerdo posible. La esperanza de salir del capítulo del conflicto para pensar y trabajar este país diverso hacia más equidad, respeto y productividad, articulado a las modernas sociedades del conocimiento.

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