Después de Hábitat III: un futuro urbano más fuerte deberá basarse en el derecho a la ciudad.

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Ciudades ágiles e innovadoras están mejor posicionadas que los gobiernos nacionales –rehenes de la inercia del siglo pasado- para enfrentarse a grandes retos globales, pero la lucha debe empezar ahora, afirma la primera mujer alcaldesa de Barcelona. 

Por: Ada Colau* / The Guardian 

Todos los grandes retos a escala global -el cambio climático, la economía, la desigualdad, el futuro mismo de la democracia- se resolverán en ciudades. Si los estados quieren tener éxito en sus políticas, las ciudades debemos ser tomadas en cuenta como actores serios en el escenario mundial. Creo que los gobiernos nacionales son rehenes de la inercia del siglo pasado y ese ya no es el mundo actual. Vivimos en un mundo que funciona por redes, por contactos cada vez más ágiles y rápidos entre ciudades.

Desde luego, la ciudad perfecta no existe, la ciudad democrática está en permanente conflicto, en permanente construcción. Se trata de estar abiertos, innovando, escuchando a la ciudadanía y viendo lo que se hace en otras ciudades para hacer mejoras constantes.

Las ciudades tenemos una forma de hacer política más cooperativa y no tan competitiva. Aunque estemos gobernadas por partidos diferentes, nos ponemos de acuerdo en objetivos concretos y de forma ágil cooperamos para intercambiar experiencias y soluciones. Creo que esto debería inspirar la política a todos los niveles.

Siempre habrá miedo al cambio -pero las ciudades intentamos decirles a nuestros líderes nacionales, en positivo: “Pueden contar con nosotras para actualizar vuestras políticas para tener éxito, porque si no, vais a fracasar”.

El derecho a la ciudad

Creo que no se puede hablar de ciudad justa, sostenible, equitativa e inclusiva si no hablas del derecho a la ciudad (un modelo de desarrollo urbano que incluye a todos los ciudadanos).

La referencia a esto en la Nueva Agenda Urbana de las Naciones Unidas (documento ratificado esta semana en Quito, durante Hábitat III) podría ser más ambiciosa, desde mi punto de vista. Pero también hay que saber ver las conquistas que hemos logrado. Grandes potencias como Estados Unidos y China se resistían completamente a que en la declaración entrara el derecho a la ciudad.

Pero gracias a la gran movilización popular que ha habido en América Latina y en algunos países europeos, este movimiento político se ha impuesto en la agenda urbana – y esto es un logro significativo. Los miembros que se resistían se han visto obligados a ponerlo, debieron aceptar que la inmensa mayoría de la población se concentra en las ciudades y eso es una tendencia que va en aumento.

Pero para que el derecho a la ciudad se vuelva real debemos pelear, a partir de mañana, para que se transforme en políticas y en regulaciones concretas.

El problema es que las ciudades están infrafinanciadas. En España, por ejemplo, los ayuntamientos solo tenemos acceso al 13% del total de los ingresos públicos, que es muy bajo cuando tenemos que dar respuesta inmediata a todos los problemas cotidianos de educación, salud, movilidad y desigualdad.

Igualdad de género

El rol de la mujer en el cambio político ha sido mucho más prominente en Hábitat III que en otras conferencias. En la intervención que hice en la Asamblea Global de Ciudades, hablé de la feminización de la política y hubo aplausos muy fuertes.

Vivimos todavía en ciudades machistas y patriarcales –de hecho, el patriarcado va de la mano de la ciudad neoliberal, son dos caras de la misma moneda. Pero ahora tenemos una oportunidad para que aquellos sujetos que hemos sido ciudadanos secundarios seamos protagonistas.

No solo es una cuestión de justicia de género, es también una oportunidad para mejorar nuestras democracias. Hay un debate ciudadano que nos está exigiendo a los políticos, a las instituciones, que cambiemos nuestras prioridades.

Convertirme en la primera alcaldesa mujer de Barcelona ha tenido, inmediatamente, mucho significado político. Muchas mujeres en mi ciudad le han dado mucha importancia y aquí en Quito también he vivido una experiencia parecida. En todas las conferencias en las que he estado, han venido decenas y decenas de mujeres a decir “es muy importante que seas la alcaldesa”.

El siglo XXI es el siglo de las ciudades –en parte porque es un momento de mucha incertidumbre política a muchos niveles. Pero dentro de esa incertidumbre hay un empoderamiento ciudadano que pide ser protagonista y la ciudad es el lugar para que eso suceda.

Por eso soy optimista: porque veo a mucha gente que no estaba interesada en la política, estar interesada en ella. Veo que mientras otras cumbres eran más burocráticas, en Hábitat III hemos tenido mucho más debate ciudadano.

Pero la prueba más importante vendrá después de esta cumbre –cuando podamos darnos cuenta de cuánto de esta declaración se podrá traducir en compromisos que generen soluciones positivas para nuestros ciudadanos. Ciertamente, las ciudades deben jugar un rol principal si la Nueva Agenda Urbana de la ONU va a generar políticas concretas para mejorar nuestro mundo urbanizado.

* Alcaldesa de la ciudad de Barcelona.

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