¿Quién le teme a Natalia Springer?

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Bajo la dependencia del fiscal Eduardo Montealegre, ella fue incorporada a una investigación especial, en el marco de las negociaciones de paz con las Farc-EP. El trabajo que Springer cumplió en materia de investigación criminal, hizo la tarea de juntar hechos para realizar un análisis de contexto en relación con la conducta criminal de la insurgencia subalterna de las Farc-EP.

Por: Miguel Ángel Herrera Zgaib / Semanario Caja de Herramientas.

Recuerdos y trayectoria

Natalia era una joven egresada de Ciencia Política, cuando la conocí en la Universidad de los Andes, donde yo era profesor de Ciencia Política, durante el último año de mi quehacer académico. Ella se acercó a saludarme, y a felicitarme porque había sido votado como mejor docente por los estudiantes. No la conocía, nunca fue mi estudiante durante los casi cinco años en que dicté clases en el pregrado y maestría.

No volví a saber de ella, sino, después, cuando estaba buscando proyectos de investigación y consultoría. Ya estaba casada con el profesor Springer de relaciones internacionales, un joven austriaco, quien estuvo dictando clases en los Andes con exitosa solvencia. Entonces no resultó nada en común, pero pude ayudarlos en el diligenciamiento de una visa.

Después volvieron a pasar años, y Natalia apareció en un proyecto de investigación con la UE, que se propuso y adelantó durante la decanatura de Jairo Iván Peña. Eran si mal no recuerdo, los temas de justicia, por la circunstancia que Natalia había realizado posgrados en el exterior, y en particular, en una afamada escuela italiana. Había hechos contactos con agencias europeas que fructificaron.

El proyecto se ganó, pero los ejecutores, al final no fueron sus gestores. Esto le tocó al siguiente decano de Derecho y Ciencias Políticas, quien excluyó al ex decano Peña Ayazo, y a Natalia, y en su lugar fueron puestos otros.

Dicho en forma simple, hubo “un raponazo” académico. Según comentarios que se hicieron en su momento. Nada supimos, de manera pública, en qué resultó ese jugoso contrato, que, si mi memoria no falla, por un millón de euros. De ello sabe, supongo el ex decano, porque su sucesor ya falleció hace varios años.

Años después, la leía en sus columnas de El Tiempo, y escuché algunas intervenciones públicas cuando se vinculó con la U. Jorge Tadeo Lozano, donde fue decana por algunos años. Me invitó a ser docente en Ciencia Política, conversamos, pero no llegamos entonces a un acuerdo, porque entonces yo quería ser partícipe en proyectos de investigación conjunto.

Hubo las valerosas confrontaciones con el ex presidente Álvaro Uribe Vélez y su régimen para-presidencial, en las que participó en intensos debates públicos, junto con Claudia López y quien era rector de la Tadeo. Aquellas discusiones y cuestionamientos no fructificaron hasta el día de hoy.

La relación polémica con la Fiscalía

Bajo la dependencia del fiscal Eduardo Montealegre, ella fue incorporada a una investigación especial, en el marco de las negociaciones de paz con las Farc-EP. Ella puso en práctica una metodología en la que la estadística fue herramienta fundamental en el quehacer de la Unidad de Contexto, donde la dupla Montealegre-Perdomo, desplegó su preparación académica y científica afincada en las enseñanzas alemanas.

El trabajo que Springer cumplió en materia de investigación criminal, hizo la tarea de juntar hechos para realizar un análisis de contexto en relación con la conducta criminal de la insurgencia subalterna de las Farc-EP.

Se construyó un contrato por un valor superior a $ 4.000 millones, para establecer una base de datos que permitiera instruir potenciales causas de responsabilidad, como criterio orientador de la investigación, ante la Justicia global existente bajo las premisas del Estatuto de Roma. No, necesariamente, ante la justicia nacional.

La validez y pertinencia de la contratación hecha fue cuestionada, y la propia persona de Natalia Springer fue ridiculizada, y sometida a escarnio en relación con sus apellidos originales, Lizarazo Tocarruncho, “ocultos” según sus detractores bajo su apellido de casada, Springer, al que ya me referí.

Más aún, a la fecha, ella es objeto de investigaciones judiciales, y fue premiada por la Fiscalía como uno de los últimos actos de Eduardo Montealegre. Lo que de nuevo levantó ampolla, y reiteró el escándalo con respecto a la investigación hecha, y al contrato que ella y su empresa celebró.

Natalia, en su momento, presentó sus argumentos y aclaró la metodología, y los especialistas que participaron en ella para acreditar el pago que recibió por lo hecho. Fue objeto de todo tipo de escarnios y censuras. Entre las más indignantes conductas estuvo la del columnista Yamhure, a quien conocí cuando era estudiante en un curso de teoría política que dicté con poca fortuna en Ciencia Política de la U. del Rosario, con la que me conecté con los buenos oficios del colega Oscar Delgado.

Recuerdo hace poco, cómo el senador Gaviria del Centro Democrático volvió a mencionar a la politóloga en la liza, mencionándola con el apellido Tocarruncho para desvirtuar los quehaceres de Natalia y su equipo en torno a la paz en curso; y, por supuesto, las pretensiones protagónicas del Fiscal en funciones al respecto.

Lo nuevo, y la vuelta de Natalia

Ayer, en la mañana del viernes 19 de agosto, y se convirtió en tendencia, se dio la participación en una entrevista adelantada con Natalia Springer por RCN radio. Por algo más de media hora, ha puesto toda “la carne en el asador”, frente a detractores y defensores.

Lo presentado y comentado llega con oportunidad, porque en La Habana se está resolviendo lo que falta de los puntos de la negociación de paz, para luego pasar a la votación del Plebiscito. Después que se hizo pública la sentencia de la Corte Constitucional en su texto completo.

Su lectura ha generado dudas e interpretaciones acerca de la obligación de dejar las armas por parte de las Farc-EP, antes que la votación acontezca. Hay dos bandos al respecto, los que dicen sí, y los que no. Porque si la dejación tuviera que ocurrir antes, la suerte de la paz, tal y como se ha concebido, podría producir la reticencia de la insurgencia subalterna a cumplir dicho trámite.

Mientras tanto, en Cuba, se ventila el asunto de los crímenes de lesa humanidad, y el grado de responsabilidad que le cabría a la insurgencia, y si éstos podrán o ser amnistiados. Es decir, estamos en los asuntos puntuales y complejos de la justicia transicional. Y la última instancia global es la Corte de Roma.

En estos tópicos, precisamente, Natalia Springer es estudiosa de tiempo ha, como ya se comentó. Ella estudió desde el pregrado derecho y ciencia política. Estos datos son relevantes, para ponderar las “revelaciones” que hizo con respecto a las potenciales conductas criminales no amnistiables en la que estaría incursa la dirigencia de las Farc-EP.

Cruzando informaciones establecidas en diferentes fuentes, y verificando a las víctimas de secuestro, violencia sexual, reclutamiento infantil y otros hechos, Natalia señala que están las respectivas bases de datos que permitirían procesar, sindicar a la dirigencia de las Farc-EP, con todo lo que implica para finiquitar los acuerdos, y darle paso a la paz con los colombianos.

Ella, Natalia, hizo explícita la diferencia de lo hecho para aplicar la Ley de Justicia y Paz, durante el gobierno Uribe Vélez. Y lo que ocurrió ahora, durante la Fiscalía Montealegre-Perdomo. Porque su trabajo investigativo fue contratado y pagado por la Fiscalía, en el marco de las competencias de la Unidad de Contexto, para ofrecer información veraz, y potencial validez jurídica.

Adicionalmente, Natalia hizo mención a cifras terribles en las tres materias. Aclaró también que la cadena de custodia, y otros prerrequisitos para potenciales causas criminales contra la insurgencia se respetaron. Por supuesto, que, en ningún caso, Natalia y su firma privada son operadores judiciales, sino profesionales de la investigación. Serán los organismos de la rama jurisdiccional los que hagan la parte pertinente.

Vuelve y juega: investigación y justicia ordinaria

Hace unos años, en el tiempo nublado de la seguridad democrática, la periodista y graduada en Gobierno de la U: Externado, Claudia López obtuvo celebridad merecida, al plantear los resultados atípicos en las elecciones presidenciales y regionales, donde fue electo y reelecto el expresidente Álvaro Uribe.

Se convirtió en evidencia investigativa para las causas penales contra los protagonistas de la parapolítica, que, por supuesto, no tocaron directamente a las dos presidencias de AUV, quien, por lo demás, se encuentra inmunizado de un juicio político ante el congreso, en su condición de ex presidente, después de lo que pasó con el llamado proceso 8.000, y el ex presidente Ernesto Samper Pizano.

La CSJ, citando aquellos estudios, y el libro Y Refundaron la Patria, fueron fallando procesos contra los congresistas de la parapolítica, y otros sindicados. La apoyatura científica, en materia política, resulta de las encuestas e investigaciones en terreno, donde hubo los procesos electorales, con un grupo de más de 50, auxiliares y asistentes de investigaciones que complementaron los datos electores.

Estos equipos fueron contratados por la Fundación Arcoiris. En ello participaron en la dirección Claudia, León y Ariel, entre los más conocidos por la opinión pública. La operación fue relativamente simple, sin sofisticación, pero a riesgo de ser objeto de acciones criminales y amenazas por quienes hicieron el trabajo de minería en municipios y regiones.

Con este antecedente, Natalia Springer perfeccionó la metodología estadística, para atender al proyecto de la Fiscalía de Eduardo Motealegre, acudiendo a las herramientas disponibles. En particular, incorporando técnicas puestas en práctica para esclarecer los crímenes cometidos en la ex Yugoeslavia, para adelantar causas contra Milosevic.

Esta vez, cuando ya se conocen cifras concretas, con fundamento en documentos incautados a los computadores de las Farc-EP, con la exclusión de los obtenidos ilegalmente en el ataque de Angostura, al campamento de Raúl Reyes; y las noticias criminales y los procesos fallados en Colombia; y otras fuentes adicionales.

En ningún caso ha dicho Natalia que esta es una investigación judicial, con validez en materia penal, para enjuiciar a los jefes y dirigentes de las Farc-EP. Esto es asunto de las instancias judiciales nacionales; y aunque, penalistas como el doctor Bernate, entrevistado por RCN radio, digan que el Tribunal de Roma no tiene competencia, en virtud de los raseros que estableció, para darle el eventual carácter de prueba a las evidencias recolectadas en el ejercicio de minería de datos concluido por Natalia Springer.

Una lección brutal y esclarecedora

Sean o no procesados los dirigentes de las Farc-EP, y sus subalternos en determinado grado, esos datos son brutales. Para indicar la abyección de la guerra social interna, de parte de la insurgencia subalterna entre 1985 y el 2013, en tres materias: secuestro, violencia sexual y reclutamiento, lo documentado es de forzoso estudio y contrastación.

La revolución, la insurrección, la rebelión, sus actores, y sus contradictores, la contra en sus diferentes variantes, que está claro no triunfó en Colombia, tienen que estar sujetos a la determinación de la verdad real y procesal. Una y otra no son coincidentes, pero la primera es definitiva.

Lo que ocurre y ocurra, eficaz y efectivamente en Colombia, será ejemplar para nosotros, comprometidos en la terminación de la guerra, que viviremos la prueba del Plebiscito que es el más diluido de los medios de participación establecidos en la democracia liberal, que existe formalmente desde 1991.

Lecciones para aprender en tránsito a la paz nacional

Es ejemplar lo ocurrido para lo que hacemos, y no hacemos en la Facultad de Derecho y Ciencia Política, y Ciencias Humanas en la Universidad Nacional de Colombia, que se encuentra marginada en lo fundamental de los grandes debates nacionales en la presente coyuntura de paz y guerra.

Por el contrario, la Nacional está convertida en notario de lo que viene ocurriendo, como escudera de la paz de cuño neoliberal; o como comentarista argumental de lo que ha pasado en el trayecto de esta catastrófica modernidad nacional, que se intenta inventariar desde 1946/47 a la fecha. Desde la primera mitad de los años 80, del siglo pasado, cuando se trató y planteó el ejercicio de los violentólogos. A la fecha, no hubo una respuesta cabal, adecuada a aquel diagnóstico en lo que tuvo de verdad y de error. Algo hizo al respecto el estudioso francés Daniel Pecaút, en Guerra contra la Sociedad, hace algo más de una década.

Es tiempo de corregir el rumbo, e incorporar a nuestro saber, sin más resistencia, desde hace algo más de 12 años, que yo conozca, los aspectos cuantitativos y cualitativos en los procesos de enseñanza, investigación y formación de nuestros programas. Requerimos una refundación de la Ciencia Política.

Recuperar el pensamiento de ruptura, que tiene tímidos comienzos en los trabajos de Aristóteles, Tucídides, y mayor fortaleza en lo propuesto en De Principatibus y los Discursos a la Primera Década de Tito Livio de Maquiavelo, quien propuso tomar en cuenta “la verdad efectiva de la cosa”. La rigurosa crítica racional de Baruch Spinoza, a las formas políticas y su redefinición de democracia, en sus trabajos “El tratado teológico-político y Político” (inconcluso), y la “Ética, y su correspondencia”.

Después, consideremos los trabajos seminales de Carlos Marx, sobre el materialismo práctico que se maduró en la fórmula compleja del materialismo histórico que se concreta en su trabajo publicado y los borradores de “El Capital”, donde la matemática y la estadística, como la encuesta obrera tienen su lugar específico; la “revisión” de Max Weber sobre la dominación legítima, insistiendo en el punto de los valores y los componentes superestructurales, ejemplar en su tratamiento de la sociología política y de las religiones establecidas.

En lo cual, no son de poca monta los trabajos del sociólogo Emile Durkheim. Con sentimientos encontrados sobre el socialismo de su tiempo, pero brillante en la utilización del método aplicado a fenómenos relevantes de la sociedad civil burguesa, en el tránsito de la primera a la segunda modernidad. En particular, quiero recordar su trabajo sobre El suicidio; y por supuesto, lo hecho por su discípulo Marcel Mauss, y su memorable estudio sobre “El don”.

Y, por supuesto, ahora sí, la relevancia cada vez mayor de las Notas de los Cuadernos de la cárcel de Antonio Gramsci, escritas, que se sepa entre los años 1929 – 1935. A quien, en particular, yo reconozco la refundación de la ciencia política que in nuce arranca con la experiencia teórico práctica de V.I. Lenin, a propósito de la hegemonía, que explica y orienta el triunfo histórico de una clase subalterna, el proletariado, quien dirige al grupo subalterno mayoritario, el campesinado ruso, y articula a la pequeña burguesía intelectual, y capas urbanas de la clase media.

Al respecto, para distinguir entre legitimidad y hegemonía he dedicado el último libro, recientemente publicado, Antonio Gramsci y el pensamiento de ruptura, donde en un ensayo trabajo las diferencias entre la legitimidad de Weber, fundamento de la ciencia política establecida; y la hegemonía tratada por Lenin y Gramsci. Ellos permiten pensar y avanzar en la propuesta de una nueva ciencia de la democracia, como lo publicitan Negri y Hardt a través de su obra común, vertida en los tres volúmenes de la saga Imperio, Multitud y Commonwealth.

Los invito a leer mis dos últimos trabajos a propósito de Antonio Gramsci y la actualidad. Me refiero a dos libros ya publicados: “Antonio Gramsci y la crisis de hegemonía. La refundación de la Ciencia Política” (2013), y “Antonio Gramsci y el Pensamiento de Ruptura” (2016); y, por sobre todo, a discutirlos y conversarlos en la perspectiva de contribuir a terminar la guerra entre los colombianos, y darle paso a la Constituyente Social, que son pasos en la construcción de la autonomía integral de los grupos y clases subalternas.

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