Desafíos de la economía de la paz: de los beneficios y las inversiones a los gastos y los costos.

06:43:00

¿De dónde van a salir los recursos para la financiación de la paz?, la respuesta es muy sencilla, podemos hacer una lista. Esta el presupuesto nacional, la responsabilidad de los empresarios, el aporte de los ganaderos, incluso del mismo dinero que financiaba la guerra, ahora puede financiar la paz.

Por: Lizeth González Guaje / Semanario Caja de Herramientas.

A lo largo de la historia, la academia ha logrado llevar a la teoría situaciones de la vida cotidiana tal vez para hacerlas menos complejas. En este caso, la economía aborda en una de sus ramas la economía de la paz, pero más allá de las instituciones políticas, el coste de la violencia y los análisis de otras disciplinas, la paz es algo más que un instructivo con 10 pasos a seguir y el optimismo de una sociedad porque mañana ya no exista la inseguridad, el secuestro, la extorción, la corrupción.

Para Fabrizio Hochschild, coordinador de las Naciones Unidas en Colombia es difícil entender por qué el escepticismo y la indiferencia de los colombianos en el proceso de paz, cuando para él la paz trae beneficios para todos. Claro, es obvio la incomprensión del Coordinador porque no es colombiano, tiene doble nacionalidad, chileno – inglés y por más cerca que se encuentre Chile de Colombia en el mapa, ningún extranjero lo va a entender, por más experto y estudioso que pueda ser de la violencia colombiana. Pues esto es como un matrimonio, cuando un tercero –llámese mamá, hermana, tía, abuela- quiere ser mediador en un conflicto de pareja, por más que esté enterado de los sucesos, no se sabe que sucede a puerta cerrada. Por ello, no basta con ser representante, si no se vive un día a día, si no se siente ser colombiano es difícil entender por qué hay tanta renuencia a la paz estable y duradera que promete el proceso.

Por otra parte, Jorge Restrepo director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos – CERAC argumenta que los cuatro beneficios que gana Colombia firmando la paz, son: aceleración del crecimiento económico, un sistema financiero más influyente, mejor calidad de vida para todos, mejor distribución de la propiedad de la tierra. De esta manera, cuando Restrepo explica los cuatro beneficios, lo hace a nivel macro, es decir, Colombia como un conjunto de beneficios, como si así funcionará este país.

Por ello, vamos a la realidad; empecemos con el crecimiento económico, Colombia es uno de los países que menos ha crecido en América Latina los últimos años, y a pesar de sus avances, no ha logrado alcanzar a economías como Brasil o México, y ¿a razón de qué?, a razón de poca productividad en comparación a otras economías y un precario sistema educativo. Seguimos con un sistema financiero más incluyente, como segundo beneficio que traerá la paz, pero cuando vamos a hacer uso de tal beneficio encontramos que ni el doctor Fabrizio, ni el doctor Restrepo presentan un reporte negativo en la central de riesgo DataCrédito, ¿será que esto les ocurre a todos los colombianos mayores de 18 años?, No creo, por ello hay desconfianza, hay renuencia hay escepticismo, porque los beneficios se quedan plasmados en actas, protocolos y procesos, y no en la realidad.

Porque cuando un colombiano va por un sueño de comprar vivienda, después de tener dos codeudores con finca raíz y demostrar que gana más de siete millones de pesos mensuales, resulta que debe pagar durante 15 o 20 años unas cuotas que al final haciendo cuentas de matemática básica, pagó 2 veces ese apartamento. Pero resulta que, para poder avanzar en este país, nos toca así, endeudarnos y pagar dos o tres veces más para tener es estilo de vida estable, no se sabe si duradero. Ahora, una mejor calidad de vida, cuando en cuántas regiones del país no hay agua potable, no hay electricidad, y en cuántos hogares rurales deben cocinar con carbón o leña. Por esto, todos los supuestos beneficios de la paz son para el amigo, el hermano, el primo, el hijo de alguien con poder económico o político.

En consecuencia, de todo lo anterior y para finalizar esta primera parte, es triste para un colombiano cuando pasa entre Quimbaya y Filandia, municipios del departamento del Quindío ver tanto terreno abandonado y expropiado del ex narcotraficante Carlos Ledher, cuando en tantas hectáreas desperdiciadas y en poder del Estado colombiano, se podría hacer una reivindicación con las víctimas y con el país usando dicha tierra para construir un colegio, un hospital, una universidad, un parque, algo que de verdad le genere un beneficio real, inmediato y visible a tantas personas incrédulas de la paz, ese sería un gran paso del Gobierno para demostrar avances e intenciones de paz.

Ahora bien, resulta que el posconflicto es una excusa más para aumentar la inversión extranjera en Colombia. Y todo esto con un argumento poco creíble “el bienestar y el desarrollo de un país devastado por la guerra”. Si queremos un proceso de paz sincero, estamos en la obligación de decir la verdad. Y la verdad radica en que la inversión extranjera es ambiciosa de explotar no solo el territorio, los recursos naturales sino la mano de obra nacional y con bajos costos lo que genera rentabilidad y grandes utilidades, no para la sociedad colombiana, para las empresas extranjeras.

Sin embargo, digamos que no es un acto oportunista y que de verdad están interesados en mostrar garantías y beneficios en la generación de empleo, lo que conlleva a contratar excombatientes de las Farc, cómo van a hacer para lograr un ambiente laboral sano y agradable, ¿será que si han pensado en capacitar al personal antiguo para concientizar que son personas con igualdad de oportunidades en una sociedad desangrada por las clases sociales? ¿Será que dichos empresarios han pensado en contratar a las víctimas del conflicto armado? Eso no se ha hablado, y en realidad esta población debería tener prioridad dentro del proceso de la reparación, pues el derecho al trabajo y a ocupar la mente es un buen paso para el perdón y la reconciliación.

Por otra parte, en cuanto a la inversión extranjera es pertinente analizar el interés que –por ejemplo- España siempre ha tenido en América Latina, y explícitamente en Colombia, pues no solo nos une un proceso colonizador y conquistador, sino tradiciones de más de 200 años de independencia; culturas similares, pero con la especificidad de la otredad de España hacia Colombia; cooperación en temas de negocios, lo que ha generado una relación bilateral estable y duradera. Pues la infraestructura portuaria, la industria colombiana, su mano de obra y la conexión con los mercados internacionales dentro de la región son de gran beneficio para España, pero ¿qué tanto para Colombia? Teniendo en cuenta que el crecimiento económico del país no es significativo y que probablemente el largo plazo será una constante en las proyecciones financieras de las empresas extranjeras. ¿Será que se quedan o se van?

Así, esa relación de centro y periferia no es tan conveniente, no es tan rentable o por lo menos no en el corto plazo, porque si se analiza la coyuntura internacional, la devaluación del peso colombiano frente al dólar ha sido significativa en los últimos dos años lo que genera incertidumbre y desconfianza, los comodities que Colombia tenía a su favor como el petróleo tampoco es que estén generando rentabilidad. El caso más claro son los accionistas minoritarios de Ecopetrol, cuando en 2007 compraron con altas expectativas de dividendos y hoy en 2016 ahora deben pagarle a Ecopetrol por haberlas adjudicado.

Entonces, en este orden de ideas, el proceso de transición que Colombia está enfrentando no solo en términos económicos sino también políticos, no es muy favorable para la inversión extranjera como lo afirman los medios de comunicación, los partidos políticos, y el presidente Santos. La realidad es que, dentro de las posibilidades de la firma de la paz, los inversionistas van a esperar que Colombia logre una estabilidad interna, que no es en poco tiempo y posiblemente si piensen en volver a ver una Colombia atractiva para la inversión. Mientras tanto, ellos siguen capturando y calculando en qué economías emergentes de puede creer.

En efecto, después de exponer los supuestos beneficios que traerá la paz a Colombia y confianza inversionista de empresas extranjeras, es pertinente cerrar con el costo de la paz. Ya que la financiación del posconflicto no se puede quedar en la alocución del presidente Santos haciendo un llamado a sus “compatriotas” a sus “colombianos” a votar por el SÍ de la paz. Esto va más allá de una motivación, negación o abstinencia al mecanismo de consulta, en este caso el plebiscito.

Así, ¿de dónde van a salir los recursos para la financiación de la paz?, la respuesta es muy sencilla, podemos hacer una lista. Esta el presupuesto nacional, la responsabilidad de los empresarios, el aporte de los ganaderos, incluso del mismo dinero que financiaba la guerra, ahora puede financiar la paz. Pero debemos recordar, que no solo es el costo del plebiscito, las campañas de desinformación, el apoyo al SÍ de Santos, el apoyo del No de Uribe; también se avecinan los gastos de desmovilización y desarme; todo el proceso de reparación, restitución y reconciliación de las víctimas; devolución de tierras; adicional a esto, lo que de manera inicial se ve como un gasto, pero que a la final termina siendo una inversión es el acuerdo frente a la presencia del Estado en regiones abandonadas acudiendo a la construcción de escuelas, inclusión de servicios públicos y demás garantías.

En consecuencia, debemos tener en cuenta que la promesa del presidente Santos en febrero de 2016 que no habrá Reforma Tributaria este año, se da por dos razones. Primero porque devastaría al país con dos procesos tan complejos como lo es la paz y como lo es una Reforma Tributaria. Y segundo porque primero debe ejecutar la acción para generar la reacción. Primero tiene que firmar la paz, para que con la Reforma, los Colombianos terminemos pagando de nuestro bolsillo la financiación de la paz. No es que el Presidente sea condescendiente y solidario con los colombianos, es que no era conveniente porque le generaría problemas en su objetivo de popularidad. Porque no hay nada peor que involucrar temas económicos en una relación de oportunismo y conveniencia.

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