Sí a la paz con garantías.

06:12:00

Si la Corte Constitucional encuentra exequible el plebiscito, o si halla otra forma más adecuada de intervención ciudadana para validar los acuerdos, estaremos en pocos meses realizando una votación crucial.

Por: Luis I. Sandoval / El Espectador

Crucial porque el Presidente Santos ha determinado que si se gana el apoyo ciudadano los acuerdos van, si se pierde no van (¿?). Las FARC, a su vez, han declarado que se acogen a lo que decida la Corte. Acogen la institucionalidad porque los incluye, entran al pacto fundante actual sin renunciar a la propuesta de una constituyente social.

Todo indica que el acuerdo final se firmaría en agosto, si así ocurre la votación ciudadana para validarlo estaría realizándose hacia el mes de noviembre. Todos los demás pasos - ley del Congreso, fallo de la Corte, desarrollo legal y administrativo de los acuerdos - dependen de la votación ciudadana. Por ello desde ya está en curso un dramático pulso entre el SI y el NO.

Algunos analistas han observado que por buena que sea una causa se puede perder, como acaba de pasar en el Reino Unido con el referendo sobre permanencia en la Unión Europea. Ganó el NO en contravía de lo que esperaba el Primer Ministro David Cameron. La razón sería que la ciudadanía aprovechó la ocasión para sancionar al gobierno por su desacertada política social y el manejo errático de otros problemas como el de la migración creciente, más que para tomar una posición sobre la materia de alcance estratégico que se estaba sometiendo a su consideración. ¿No podría pasar también en Colombia?

Cada día aparecen nuevas iniciativas por el SÍ o por el NO frente a los acuerdos con las FARC-EP, aún antes de que la Corte dé su veredicto, el gobierno fije fecha y Registraduría y Consejo Nacional Electoral organicen esa histórica votación.

No puede ser una votación trivial, electorera, confrontativa, tiene que ser para expresar con el máximo de sufragios posibles, mucho más de cuatro millones, una voluntad nacional de paz, un compromiso firme, muy amplio, de sociedad y Estado en el cumplimiento de los acuerdos. La votación por la paz, el día que sea y con la modalidad que sea, adquirirá el sentido de un mandato por la paz que obligará al cumplimiento de los acuerdos no solo al presente gobierno sino a los venideros.

Se trata de sacar definitivamente las armas de la política para devolver a ésta su dignidad y función primordiales y por esa vía profundizar la democracia. Colombia consolida la transición que inició hace 25 años con la Constitución de 1991 y que cerrará seguramente en tiempo cercano con otra Asamblea consagratoria de un más incluyente pacto social y político y rutas de justicia social. En perspectiva el país vive un proceso constituyente, constituyente de nuevos sujetos políticos, nueva institucionalidad y nuevas prácticas en la gestión de lo público.

Una circunstancia ensombrece la transición y produce seria incertidumbre: la falta de garantías, la persistencia de la intimidación, desde la amenaza hasta el asesinato, pasando por la represión y la penalización para los activistas y líderes, hombres y mujeres, urbanos y rurales, de paz, derechos humanos y justo reclamo social. Al respecto solo decisiones coherentes y audaces en la sociedad y en el gobierno, ajustadas a los acuerdos de La Habana, podrán contener el neoparamilitarismo. No solo cuenta la fuerza, también el sometimiento a la justicia. Sin garantías para los constructores actuales de democracia y para los que vienen de las armas a la política la paz es imposible, o puede resultar convertida en tragedia como ya ha pasado.

@luisisandoval

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