De los negocios chinos a una estrategia de cooperación bilateral

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Las recientes manifestaciones de los comerciantes por los negocios de los chinos en el tradicional mercado de San Victorino de Bogotá vislumbraron varios temas de relevancia sobre los diversos instrumentos de política y regulación comercial.

Por: Jesús Alberto Villamil / U.N Periódico

La competencia desleal, el contrabando técnico, la pérdida de oportunidades de la industria nacional debido a los bajos precios de productos de origen chino y la cada vez mayor presencia de negocios comerciales en Bogotá y otras ciudades, deberían pasar por una evaluación de la competitividad de China, como el segundo socio comercial, y del papel que cumple la política de desarrollo productivo del país.

La reunión realizada durante el Foro Económico Mundial, capítulo América Latina, en Medellín los días 16 y 17 de junio, fue una extraordinaria oportunidad para mostrar al país como una vitrina en el ámbito internacional, en particular el patrón del modelo de desarrollo frente a sus similares de la región.

Si bien el foro se orientó a compartir tendencias en el desarrollo de la región, llama la atención la ausencia de debate sobre China como segundo socio comercial del país y su importancia en la región; específicamente por las brechas de competitividad que cada vez más se amplían, sin contar con respuestas a los hechos que se han presenciado en las ciudades, que aunque mínimos, evidencia condiciones de las nuevas dinámicas de los negocios chinos en Bogotá y otras ciudades de América Latina.

Según el Foro Económico Mundial, Colombia está muy por debajo de China en el índice Global de Competitividad, ubicada en el puesto 61, mientras China ocupa el 28 para 2015–2016. En el índice Global de Innovación que lidera la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) de 2015, nuestro país figura en el puesto 67 y el gigante asiático en el 28.

Aunque Colombia creció por encima del promedio de los países de la región en los dos últimos años, en 2014 la tasa de crecimiento fue de 4,6 % y en 2015 de 3,1 %, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Estas tendencias son muy inferiores a China, que ha contado con tasas de crecimiento económico alrededor del 10 % en los últimos diez años, excepto en 2014 con un 7 % y en 2015, un 6,9 %.

En la última década el comercio bilateral de China y Colombia ha tenido una tendencia creciente, por ello es considerada como el segundo socio comercial. De acuerdo al comportamiento del comercio bilateral entre ambos países, se presenta una tendencia deficitaria que pasó de una balanza comercial positiva de usd 2.160,5 millones en 2001 a usd -15.907,3 millones en 2015.

Las importaciones de China pasaron de 109 millones de dólares en 1993 a 10.032 millones de dólares, según el DANE. En la actualidad, Colombia importa de allí aparatos y material eléctrico, de grabación o imagen, reactores nucleares, calderas, máquinas y partes de vehículos automóviles, tractores, ciclos, partes y accesorios, manufactura de fundición, de hierro o acero, materias plásticas y manufacturas, productos químicos orgánicos, juguetes, artículos para recreo, deporte, partes y accesorios y materias plásticas y manufacturas. Las exportaciones colombianas tienden a concentrarse en pocos productos, especialmente materias primas (petróleo, carbón ferroníquel), productos de muy bajo valor agregado (artículos de hierro y aluminio) y otros de metalurgia, afectados por el comportamiento de los precios internacionales del petróleo.

Si bien la relación comercial quiere consolidarse, preocupa la reacción de los comerciantes y empresarios colombianos frente a la sensibilidad de la producción nacional y las prácticas desleales del comercio chino. El gigante asiático en dos décadas ha representado una amenaza a la industria nacional en productos como textiles, cuero, calzado, juguetería, cuadernos, entre otros.

Una de las razones fundamentales que debiera preocupar a la industria nacional es la consistencia en las políticas de desarrollo productivo e innovación de China. Las ventajas competitivas derivadas de sus productos obedecen, a las políticas flexibles en materia laboral y ambiental, combinadas con una agresiva estrategia hacia el comercio internacional. En materia cambiaria cuenta con una gran ventaja, debido a la tasa de cambio fija entre el yuan y el dólar. Esto permite ser más competitivo por la baja volatilidad cambiaria de la moneda, que contrasta con la variabilidad de la tasa de cambio del peso frente al dólar, que le resta competitividad a los productos colombianos.

En oposición, en Colombia las exigencias ambientales, difíciles de adquirir, representan una gran barrera y altos costos para las diferentes empresas industriales nacionales, así como el reconocimiento de las condiciones laborales dignas (derecho a la salud y pensión, cesantías, prima, entre otros), las cuales se perciben en China como una carga laboral que incrementa los precios finales de los productos. Además, el ambiente favorable de negocios del país es aprovechado por los empresarios chinos para obtener beneficios del mercado de bajos ingresos, como se manifiesta en su presencia en varias partes del comercio de Bogotá.

Oportunidades para Colombia

El Plan de Cooperación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños–China 2015–2019, lanzado en enero del año pasado en Pekín, establece una estrategia definida para el aprovechamiento de las oportunidades comerciales y económicas de ambos países mediante acciones de mutuo beneficio. Al respecto, el Estado colombiano deberá continuar con una estrategia de promoción comercial que motive la apertura de nuevos negocios e inversión extranjera, teniendo en cuenta las ventajas que puede obtener el país proveedor de materias primas y del desarrollo de nuevos productos en respuesta de la clase emergente china con mejores ingresos. Es necesario analizar las oportunidades estratégicas que representan las importantes inversiones de China en la producción de materias primas mineroenergéticas, de energía e infraestructura, entre otros.

No obstante, los hechos ocurridos en las protestas de San Victorino y el efecto del desplazamiento de comerciantes colombianos en Bogotá y otras ciudades reflejan nuevas oportunidades que aprovechan los empresarios chinos en mercados de bajos ingresos, representados en una importante porción de la población con productos de bajo costo y de mala calidad, pero aceptados por los diferentes ciudadanos.

Por tanto, los comerciantes y empresarios colombianos reclaman no solo la competencia desleal o la presencia de los chinos en los negocios en Colombia, estos empresarios denuncian la falta de políticas de fomento al desarrollo productivo nacionales y locales, mayores exigencias en calidad y mecanismos más expeditos de control de las mercancías y la formalización.

En otras palabras, según María del Rosario Córdoba en el foro, directora del Consejo Privado de competitividad, el país está a la espera de una política de desarrollo productivo y una política de ciencia, tecnología e innovación.

En este sentido, se espera que el Estado promueva reglas de juego precisas con el fin de exigir criterios a los comerciantes internacionales y, así, permitir a los comerciantes colombianos competir con los precios presentados en el mercado y fomentar la industria nacional. De esta manera, es necesario definir políticas que permitan generar un valor agregado a los productos colombianos, establecer políticas coherentes entre el fomento a la producción y promoción del comercio nacional e internacional. Asimismo, se requiere de políticas consistentes en la formalización y regulación, con la amplia participación de las autoridades locales y nacionales que promuevan los negocios como los “san victorinos” y los “san andresitos” de las ciudades del país.

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