Vida y salud vs codicia farmaceutica.

16:41:00

Enzarzados con riesgo de suicidio colectivo, como nos encontramos en la disputa entre la paz y la guerra, dejamos pasar por alto temas fundamentales para los colombianos. El pulso entre el gobierno y los laboratorios por los fármacos de alto costo es uno de ellos.

Por: Carmen Eugenia Ruano / Democracia en la Red.

Tendríamos que movilizarnos tumultuosamente en redes sociales y cerrar filas en torno al ministro de Salud, Alejandro Gaviria, en su intento de respaldar la producción y venta de medicamentos genéricos de origen biológico para combatir el cáncer.

La actual disputa es entre el Minsalud y Novartis por la molécula imatinib comercializada como Glivec que ha demostrado ser decisiva en el tratamiento contra la leucemia mieloide crónica y otros siete tipos de cáncer más.

Sobran legitimidad y razones para sustentar la solicitud de los representantes de las organizaciones: Misión Salud, Ifarma y el Centro de Información de Medicamentos de la Universidad Nacional, hecha al Minsalud y consistente en declarar de interés público el suministro a los pacientes del Imatinib. Y es irrefutable que “este es un conflicto entre el interés colectivo y el privado en el que están en juego la salud y la vida de los colombianos.”

No proporcionar a tiempo estos productos farmacéuticos innovativos que son las curas del siglo XXI a los pacientes que los requieren equivale a condenarlos a muerte.

El problema del alto costo es universal, está afectando los sistemas de salud pública de los países ricos y en mucha mayor medida a aquellos de menor desarrollo relativo como el nuestro. La normativa europea ya decidió incorporar en sus protocolos de tratamiento antitumoral estos remedios pese a que su costo promedio por aplicación se calcula en 10.000 euros.

¿Cuál es la causa de los costes en galopante ascenso sobre todo de las terapias oncológicas que en unos pocos años han duplicado los precios sin que se hubiesen elevado en términos reales sus costos de producción? Uno de los secretos mejor guardados de las multinacionales farmaceúticas es la fórmula mediante la cual establecen los precios de sus productos.

Escudándose en el alto costo de sus investigaciones científicas pretenden mantener unos monopolios protegidos por patentes de propiedad intelectual que les representan miles de millones de dólares en utilidades netas cada año. Y, aunque fuese cierto como lo afirman sus voceros que la investigación aplicada sobre cada molécula demanda una inversión de 2.000 a 3.000 millones de euros y que solo una de cada 10.000 se comercializa; los análisis más atendibles en la Unión Europea indican que en promedio, el costo de la investigación aplicada no impacta en más del 8% el valor final del producto. Lo encarecen sí los gastos promocionales y de lobby que se ejercen a plenitud sobre las más altas esferas de los poderes públicos a escala global moviendo simultáneamente todos los resortes de la capacidad de presión capitalista privada.

Prueba fehaciente de que para mantener sus entradas las multinacionales no conocen límites ni barreras éticas ni tienen hígados, es la advertencia hecha a comienzos de este mes al ministro de salud, Alejandro Gaviria, proveniente del vocero del Comité de Finanzas del Senado de los Estados Unidos, Everert Eissenstat, en el sentido de que su intención de someter al imatinib a una licencia obligatoria causaba molestias tales que podría obstaculizar la aprobación de los recursos para la Iniciativa Paz Colombia en esa Corporación Legislativa.

Los laboratorios colombianos están en capacidad de producir el imatinib, como lo venían haciendo antes de que la multinacional suiza se quedara con la patente a un precio 200% menor al que ésta se lo suministra al Estado colombiano que ha pagado por el medicamento, indispensable para garantizar la supervivencia de 3000 compatriotas enfermos, $400.000 millones durante los últimos 6 años.

La farmacéutica, en la cual imperan el secretismo y la ausencia de transparencia, por sus elevadísimos e injustificables márgenes de utilidad, es la más lucrativa de todas las actividades industriales conocidas. Genera mayores ingresos que la banca y que los gigantes del petróleo juntos en sus épocas de mayor bonanza. Los costos excesivos de las terapias antitumorales de origen biotecnológico están amenazando con postrar los sistemas de salubridad pública alrededor del mundo.

Valen para Colombia los consejos impartidos a Italia por el premio Nobel de química 2015, Tomas Lindahl, médico, y biólogo sueco especializado en la investigación del cáncer, en el sentido de que es indispensable fortalecer los sistemas sanitarios nacionales y ayudar a las empresas locales en el desarrollo de la exploración farmacéutica e invertir en ella como lo ha hecho Brasil que ha apostado por la expansión de la industria farmacéutica propia especializada en la fabricación de genéricos con óptimos resultados para los pacientes afectados por dolencias que resultarían letales si la codicia de las multinacionales se hubiera podido imponer sobre su derecho a la vida.

La decisión de declarar de licencia obligatoria el imatinib será histórica y está plenamente justificada no solo en términos de justicia y conveniencia sino de legalidad con base en las regulaciones internacionales vigentes.

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