Una semana del paro agrario.

08:21:00

Ha transcurrido más de una semana después del paro agrario promovido por diferentes organizaciones Indígenas, afro, Campesinas y populares. La andanada desinformativa, promovida por el gobierno nacional y los medios de comunicación, no se hizo esperar.

Por: Edwin Marulanda / Democracia en la Red.

Abiertamente, estos medios masivos no dudaron en acusar a estos manifestantes de guerrilleros y terroristas, desacreditando las justas reivindicaciones de esta población que es, en palabras castizas, la que ha llevado y sigue "llevando del bulto" con la confrontación armada originada por el enorme conflicto social que desde hace muchos años han venido denunciando, y que hoy reclaman que tenga pronta solución.

Las diferentes movilizaciones y bloqueos que se han dado en muchas vías de la geografía colombiana, al día de hoy han producido fenómenos de carácter social, político y económico, que alertan a la sociedad colombiana, los medios de comunicación no han ahorrado esfuerzos en presentar y evidenciar, el grave problema humanitario que están viviendo ciudades como Popayán, gracias a la falta de abastecimiento de alimentos y medicinas, producidos por la alteración en la movilidad por la vía panamericana.

Lamentablemente es cierto: siempre que se presentan manifestaciones de inconformismo por parte de diversos grupos sociales, los cuales se ven afectados por las consecuencias que estas movilizaciones producen. No deja de ser preocupante que cerca de 700.000 seres humanos han visto disminuida sus posibilidades de acceso a alimentos básicos y a servicios de salud especializados, medicamentos, y cirugías programadas con anterioridad en la ciudad de Cali al igual que el transporte, sumamente diezmado ya que por esta vía se movilizan miles de pasajeros y millones de toneladas de carga.

Ahora, si bien todo lo dicho con anterioridad resulta ser una verdad contundente, resulta más preocupante que solo en el escenario de las acciones de hecho se pueda evidenciar la gran problemática social y económica que vive el sur de nuestro país y nuestro país completo.

Hoy entonces el problema de la falta de alimento, resulta ser culpa de aquellos que lo producen en un departamento que históricamente ha producido comida para sus habitantes y para el resto del país. Por ello cabe preguntar ¿qué política de seguridad alimentaria, han promovido los muchos gamonales políticos del departamento del Cauca para su región?

No nos llamemos a eufemismos ¿son los indígenas, los negros y los campesinos, los directos responsables del hambre en una región de terratenientes que dedicaron sus grandes extensiones de tierra, a cultivos que nada tienen que ver con atender las necesidades alimenticias de los caucanos?

¿Son entonces responsables del problema de salud de los Payaneses y los Caucanos, aquellos que aun hacen uso de la medicina ancestral, para curar las dolencias que los aquejan, ya que la única droga presente en sus territorios es la cocaína, con la cual se han beneficiado económicamente las grandes mafias que amedrantan y aterrorizan, todo en nombre de la defensa de la propiedad privada de los antiguos gamonales Caucanos?

Como simple espectador uno podría quedarse con la conclusión que plantea el Gobierno Nacional y los medios de comunicación. Todo es culpa de los indios, los negros y los campesinos, ¿pero qué responsabilidad real tienen en esta situación, los que protestan porque quieren ser escuchados, si nunca han sido escuchados?, ¿quiénes han generado este grave problema social? ¿los que histórica mente han mandado?, ¿o a aquellos a los que les han sido impuestas por la fuerza, las leyes, los limites, la religión, la cultura, la nueva agricultura y otras tantas bellezas?

Algo entonces no está bien en el discurso gubernamental divulgado por los medios de “comunicación”, puede ser otro de los casos en los que la verdad le asiste a quien cuenta la historia y no al poseedor, ¡una cosa dice caperucita roja y otra muy distinta dice el lobo! Es “la misma historia” pero nadie quiere contar la versión del lobo.

Bueno y ya entrados en el tema de caperucita, pero no roja, sino negra, es justo dar una mirada a la exigencia de los manifestantes, para que el gobierno nacional retire la fuerza pública, específicamente al ESMAD, de los puntos de concentración para lograr avanzar en el dialogo, ¿a quién se le ocurre que uno puede exigirle a los indígenas, negros y campesinos, colombianos, que acepten la presencia de hombres vestidos de negro, que portan armaduras, cascos, y armas que disparan gases y metralla, cuando no armas de fuego directamente y que vienen montados a caballo?.

La memoria histórica de nuestros pueblos ancestrales da cuenta de cómo unos pocos cientos de hombres casi lograron destruir a nuestros pueblos indígenas, asaltaron áfrica para esclavizar a sus habitantes y nos impusieron regímenes de gobierno dictatoriales durante cientos de años, y que estos criminales venían, portando armaduras y cascos, con largas lanzas, espadas, portando arcabuz que disparaba fuego y metal y montados a caballo.

¿Quien pide confianza cuando presenta como garantía para el dialogo, los vestigios más aterradores del pasado? similar a sentar a una víctima de violación frente a frente con su perpetrador para decirle que tenemos voluntad de ayudarle para superar lo ocurrido, pero que ¡tiene que aguantar!

Es como pedir al niño que duerma tranquilo, pero recordándole que ¡si no duerme pronto el coco viene y se lo lleva! Quien lea estas líneas podrá entender que estoy completamente de acuerdo con la movilización que vienen desarrollando los indígenas, las comunidades negras, los campesinos y muchos sectores populares, tengo raíces indígenas, negras, campesinas y populares, me preocupa igualmente el drama del pueblo Payanes, pues también sé lo que es el hambre.

Vivo en Bogotá y así los estantes de los almacenes de mi ciudad estén llenos de alimentos, en muchas ocasiones no he podido acceder a ellos y no vivo en una ciudad bloqueada. Por esta misma razón apoyo a quienes son capaces de producir víveres para todos, a quienes son la columna vertebral de un nuevo país en paz, un país sin necesidad de mostrar las armaduras o las armas como argumentos, un país sin hambre y con salud para todos aún cuando las vías están bloqueadas, pero especialmente cuando no pasa nada en estas.

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