[Sur de Bogotá] Los "otros bordes de la ciudad".

06:29:00

Los pobladores campesinos y urbanos del borde urbano-rural sur se reclaman como actores con incidencia en toda la ciudad y trabajan para hacer visibles sus territorios y sus iniciativas sociales.

Por: Germán Quimbayo / Imagina Bogotá 

El debate sobre la Reserva Thomas Van der Hammen en el borde norte de la ciudad de Bogotá ha revivido con ahínco pertinentes debates de ordenamiento territorial en tiempos de cambio climático. No obstante, “defender” la reserva como una mera isla o único propósito puede oscurecer el tema central y estructural que subyace a su pertinencia: cuestionar un modelo de ciudad insostenible que no considera el soporte biofísico de nuestro entorno y que es causante de múltiples desigualdades. Además del borde norte, se encuentran los bordes oriental (Cerros), occidental (humedales y río Bogotá) y el borde urbano – rural sur. Éste último, en particular, representa la cuenca media del río Tunjuelo, un lugar muy importante para la ciudad en términos históricos y geográficos.

La narrativa tradicional sobre este territorio desconoce (a veces de manera intencionada) la importante conexión que establece la cuenca del río Tunjuelo entre la ciudad, su ruralidad y el páramo de Sumapaz, es decir, es un territorio de integración entre la ruralidad y la consolidación urbana del sur de Bogotá.

La cuenca del río Tunjuelo es la cuenca hidrográfica más extensa del Distrito y abarca las localidades de Tunjuelito, Usme, Ciudad Bolívar, Bosa y Sumapaz, cuya población se acerca a los 2 millones de habitantes (según estadísticas de la Secretaría Distrital de Planeación). Sin embargo, en las siguientes líneas nos ocuparemos de recorrer las localidades de Ciudad Bolívar y Usme, en las cuales se localiza ese borde urbano-rural sur. En este borde, a diferencia de los otros, se encuentra una población campesina que enfrenta no solo la expansión de la mancha urbana, sino las nefastas consecuencias de su huella: actividades de alto impacto como el Relleno Sanitario de Doña Juana, actividades de minería para materiales de construcción y avance de vivienda y desarrollos urbanísticos de todo tipo, muchos informales.

Minería y relleno sanitario: actividades con graves efectos ambientales

Uno puede iniciar un recorrido por la cuenca media, observando las “cicatrices” en el paisaje que ha dejado la actividad que quizás más deudas socio-ambientales produce en la ciudad: la explotación de materiales de construcción y gravillas. Las características geológicas del valle aluvial del río Tunjuelo lo han permitido, pero se han desarrollo sin la suficiente concertación social y han afectado seriamente el paisaje y la salud de la población, particularmente en lo que respecta a la calidad del aire. La Secretaría de Ambiente de la Alcaldía Mayor de Bogotá, en 2010, decretó la suspensión de la actividad minera a través de Resolución 4626, particularmente en el área en dónde empresas como Cemex, Holcim (antes Cementos Samper) y la arquidiócesis de Bogotá, a través de San Antonio, llevaron a cabo sus actividades. No obstante, las actividades siguen en menor medida y han existido muchas presiones por desacatar esta decisión, que incluso ratificada por el Consejo de Estado.

Asimismo, actividades en menor escala para la producción de ladrillos y material agregado, persisten. Algunos de estos productores se han asociado y han buscado alternativas de producción limpia y responsabilidad social, no obstante, en otros casos, continúan oponiéndose a toda medida ambiental y social, y en no menos casos se han prestado para redes de especulación ilegal y delictiva, a pesar de las medidas que han adoptado autoridades como la Secretaría de Ambiente, junto a la Policía Nacional. Solo basta ver, cuando uno va adentrándose a la zona rural de Ciudad Bolívar, la caravana “24/7” de camiones y volquetas que dejan a su paso por las maltrechas vías de la localidad polvos, huecos e intranquilidad para los habitantes.

Otra actividad de alto impacto que coexiste tanto con barrios marginados como con actividades rurales es el relleno sanitario de “Doña Juana” y su incierta expansión y continuidad. Es una bomba de tiempo que dio su primer estallido en 1997 (1) (2) y que pese a “acciones correctivas” y compensaciones económicas a la comunidad, solo logradas mediante acciones judiciales, no se soluciona. Los habitantes de las veredas de Mochuelo Bajo y Alto, en Ciudad Bolívar, y barrios como la Aurora, en Usme, han sido los más afectados, pero no hay mucho eco a las denuncias de la comunidades que se organizan, una vez más, frente a los recientes derrumbes sucedidos dentro del relleno, que traen a la memoria la tragedia de 1997, y mucho menos a los temores de ser desplazados de sus tierras, que enfrentarían ante la expansión del relleno. Todo ello debido a un modelo de concesión que remunera generosamente al concesionario por cantidad de basura depositada y que no ha incorporado criterios ambientales ni de cambio tecnológico.* Si muchos habitantes de la ciudad tuvieran que pasar por las cercanías del relleno, y percibieran el insoportable olor y el aire pesado, o los roedores, quizá se generaría mucha más conciencia frente a este injusto drama sanitario y social.

Además de estas actividades de gran impacto ambiental, la población campesina enfrenta la historia del crecimiento urbano de origen informal y no planificado del sur de la ciudad, que ha imprimido serias transformaciones a su entorno: invasión de rondas hídricas y urbanización en zonas de ladera, que han aumentado la vulnerabilidad frente a fenómenos como inundaciones y deslizamientos. Aunque en otras zonas de la ciudad la ocupación informal del suelo ha bajado su ritmo, al cambiar a un patrón de densificación de los barrios populares de las décadas precedentes, la Ciudad Bolívar rural es hoy el principal frente de urbanización informal sin control. Pero no solo la informalidad amenaza los modos de vida rural y sus valores culturales y sociales, sino también la vivienda formal, que seguramente se activará con las políticas expansivas del alcalde Peñalosa.

“Espacios de esperanza”

A pesar de un panorama que llama al pesimismo en esta zona de la ciudad, desconocida para muchos, se escuchan voces que resisten bajo una clave asertiva, conciliadora y positiva. Es el caso de Belisario Villalba, quién desde hace casi 20 años promueve con su propio ejemplo y pulso el “Agroparque Los Soches”, un espacio de resistencia campesina ante la expansión urbana en la vereda que lleva el nombre de esos venados que antes solían pasearse por estas montañas de la localidad de Usme. Villalba ha gestado con persistencia esta apuesta de vida, cuyo ejemplo ha irradiado tanto a líderes y organizaciones rurales y urbanas, no solo del sur de Bogotá, sino de otros lugares.

Belisario Villalba tuvo una gran lucidez a finales de la década de 1990 cuando lideró el cambio de la clasificación del suelo de su vereda de suburbano a rural. Lucidez porque tempranamente incidió en un campo de acción muy importante: el de la reglamentación de los usos del suelo y, además, porque comprendió que antes que discutir por el valor de la tierra en el tránsito de rural a urbano había que reinvindicar, con acciones concretas, el derecho a permanecer en el territorio como comunidad campesina, ideando proyectos para los mayores y para los jóvenes.

Junto a otros líderes del borde urbano-rural de las localidades de Usme y Ciudad Bolívar, Villalba se ha reunido y organizado en espacios de trabajo comunitario. Desde ahí han elaborado propuestas de gestión del territorio en articulación incluso con diferentes entidades del orden distrital y nacional. Belisario nos precisa:

“Nuestra propuestas deben tener impacto, porque son otra forma de ser ciudad…Existe un decaimiento en los compañeros en el territorio por lo que representa la actual administración, pero uno no debe quedarse en el ‘no’ constante porque ya hemos tenido avances en los últimos años. Necesitamos tener un diálogo con él [Enrique Peñalosa] pero no echar todo nuestro proceso atrás. Nuestras propuestas son buenas, por eso será fácil atraer al alcalde y la administración a trabajar por esto… Las discusiones y propuestas, deben centrarse no en querer ser como los del norte, sino centrarse en el desarrollo humano…Desde nuestro territorio, hemos planteado que Bogotá también es la ruralidad, y que sus valores, sus espacios verdes, son otra forma de ser ciudad que no solo nos beneficia a nosotros sino a la ciudad y su región. Hay que apuntarle a lo grande, convocar a todas las secretarías… ¿Cómo llegar? Pues la Administración no conoce, pero se le puede dar a conocer y convocar […] mostrar el potencial cultural, natural y productivo de nuestro territorio […] Hay que entrar a la acción […] ser más sabios, el sur debe pronunciarse educado […] El Agroparque Los Soches ha sido un ejemplo de vida… si nosotros no sabemos administrar nuestro territorio, no es problema de administración de turno, es de no insistir en ello. Es nuestro aporte a la ciudad, es la otra forma de ser ciudad.”

Siguiendo las líneas de Belisario, Ana Otilia Cuervo, desde la vereda La Requilina en Usme, no solo con la experiencia de Los Soches sino de espacios organizativos como la Mesa de Concertación de Borde de Usme, paisajes protegidos, defiende parques y corredores agroambientales (que también se proponen en Ciudad Bolívar), que representan la posibilidad de frenar la urbanización e incidir en el ajuste de normas como el Decreto 252 de 2007 (Plan Zonal Usme). Estas propuestas tuvieron respaldo institucional de la administración de Gustavo Petro e incluso de entidades como el Instituto Alexander von Humboldt. Ana Otilia precisa:

“Nosotros nos encontramos trabajando en la formalización y reglamentación del borde urbano rural , a través de la propuesta de una serie de figuras e instrumentos de ordenamiento territorial con todo el soporte técnico y comunitario, las cuales no están todavía reglamentadas […] La idea es que esto se presente en una Asamblea de la Junta Administradora Local de Usme y se cite a todo el gabinete de la actual Administración distrital para que se den a conocer y respalden estas iniciativas […] Si se propone un corredor ambiental por el Tunjuelo, éste debe respetar sus valores ecológicos y sociales y articularse al corredor agroambiental que hemos venido consolidando…”

Los pobladores campesinos y urbanos del borde urbano-rural sur se reclaman como actores con incidencia en toda la ciudad y trabajan para hacer visibles sus territorios y sus iniciativas sociales, para que se tengan en cuenta las alternativas al modelo de ciudad depredador, iniciativas que han elaborado como colectivos sociales, basadas en la recuperación del paisaje y la naturaleza en la ciudad, la cual aún florece a lo largo de la cuenca Tunjuelo. No solo están reivindicando el derecho a su territorio, sino la sostenibilidad urbano-regional que necesitamos quienes no habitamos los bordes de la ciudad. Aquí es dónde se torna pertinente y potente el debate que ha suscitado con el borde norte la reserva Thomas Van der Hammen, la necesidad de asumir los problemas ambientales y urbanísticos, y las luchas que hay detrás, como una globosidad.

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