¿Qué países cultivan transgénicos?

22:06:00

El desarrollo de los transgénicos se ha centrado mayoritariamente en dos productos vegetales básicos, la soja y el maíz, que juntos suponen el 80% de la superficie mundial de este tipo de cultivos.
Según un informe de Greenpeace, hay alrededor de 500 millones de pequeñas explotaciones agrarias en todo el mundo, y constituyen el sustento de 2.000 millones de personas, produciendo aproximadamente el 80% de los alimentos que se consumen en Asia y África subsahariana.
“Estas comunidades son igualmente de las más vulnerables a la pobreza y al hambre. La seguridad alimentaria depende de la capacidad de dichas comunidades de acceder a los recursos y a los mercados, de asegurar sus medios de vida y de producir alimentos variados y nutritivos para las comunidades locales. Los cultivos transgénicos no se han diseñado para satisfacer estas necesidades”, asegura la organización ecologista.
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El desarrollo de los transgénicos se ha centrado mayoritariamente en dos productos vegetales básicos —la soja y el maíz—, que juntos suponen el 80% de la superficie mundial de este tipo de cultivos.
“El rasgo transgénico más común, de lejos, es la tolerancia a los herbicidas, que está diseñada para usarse en monocultivos a gran escala. La producción de cultivos transgénicos acarrea costes en insumos elevados y sostenidos, por lo cual son aún más inapropiados para las necesidades de los pequeños agricultores”, sostiene Greenpeace.
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De hecho, el 90% de la superficie mundial de cultivo de transgénicos se localiza en los Estados Unidos, Canadá y tres países emergentes: Brasil, Argentina y la India. No obstante, en la India el único transgénico cuyo cultivo está extendido en las pequeñas explotaciones agrícolas es el algodón, un cultivo no alimentario.
En Argentina, el boom de la soja transgénica ha sido impulsado por grandes explotaciones agrícolas que han ido comprando tierras y desplazando a los pequeños agricultores, y que son además muy dañinas con el medio ambiente.
Por consiguiente, “tales patrones de producción de transgénicos suponen una amenaza para el medio ambiente y para la fuente de recursos de los pequeños agricultores que abastecen los sistemas alimentarios locales. Esto significa que, incluso si los cultivos transgénicos incrementasen los rendimientos globales de ciertos cultivos básicos clave —lo cual parece improbable— esto no implicaría necesariamente que mejoraran la seguridad alimentaria”.
Greenpeace considera que la clave para atajar el hambre es asegurar los medios de vida de las comunidades en las que hay inseguridad alimentaria, y no producir toneladas de productos básicos vegetales para las cadenas de suministro mundiales, haciéndolo además de maneras que minan los medios de vida de estas, sus sistemas alimentarios y los recursos naturales.
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Por otra parte, una comparación regional muestra que los países de Europa occidental han logrado obtener unos rendimientos medios por hectárea de maíz mayor que los de los sistemas de maíz transgénico predominantes en Estados Unidos (EE. UU.); Europa occidental ha superado también en rendimientos a la colza transgénica canadiense, lo cual sugiere que en condiciones similares, la combinación de semillas no modificadas y de prácticas de gestión de los cultivos que se realiza en Europa occidental es más propicia a incrementar la productividad que los sistemas de transgénicos.

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