Paz Comunitaria y Juntas de Acción Comunal.

17:52:00

Cada día nos acercamos más a la firma del acuerdo general para la terminación del conflicto en Colombia. Sin embargo, el escepticismo por parte de amplios sectores urbanos hacia dicha negociación es notorio.

Por: Felipe Pineda Ruiz* / Democracia en la Red.

Aunque Santos sea el único responsable de un sinnúmero de errores durante ese proceso, como el de jugar ambiguamente con la Unidad Nacional y cierto sector del uribismo para asegurar una gobernabilidad inocua, el desacuerdo latente en torno a los diálogos de La Habana obedece, en gran parte, a un sabotaje premeditado, que a consideraciones racionales.

El rechazo a las negociaciones en curso tiene implícita la defensa de los intereses de la cúpula militar, la cual se ha encargado de crea un imaginario de "todo o nada", de "terrorismo vs patriotismo" dirigido a azuzar los ánimos del 98.72% de soldados regulares de las FFMM que proceden de los estratos 0 al 3 (http://bit.ly/1dGKhkm), un conglomerado lo suficientemente poderoso para extender su escenario de influencia a familiares y amigos cercanos.

El estamento militar han tenido claro para que sirve cabalgar sobre el caballo de batalla de la guerra, y la subsecuente lucha contra las “far”, alimentando el descontento en un tejido social activo que participa con más vehemencia en lo político que otros sectores. Con su visión apocalíptica y visceral, han logrado permear con éxito la base principal de la pirámide participativa en Colombia: las Juntas de Acción Comunal (JAC).

Creadas en 1953, las JAC fueron hasta 1991 el espacio deliberativo más codiciado de la política nacional por su arraigo popular y por la generosa asignación presupuestal de la cual gozaban -lo que desafortunadamente las convirtió en fortín “politiquero” por excelencia-. Con la entrada en vigencia de las Juntas Administradoras Locales (Ley 136 de 1994), éste órgano ha visto diezmado su protagonismo en las últimas dos décadas.

A pesar de los traspiés sufridos, las JAC aún siguen siendo el músculo participativo más sólido y numeroso en Colombia; sus 6 millones de afiliados y 50.000 juntas diseminadas a lo largo y ancho del territorio nacional, son el instrumento más efectivo para fortalecer los procesos de veeduría ciudadana y la socialización de planes de desarrollo locales con las comunidades. 

Y es precisamente en las JAC donde el uribismo, y su legión de beneficiarios y correligionarios, ha logrado insertar, con un éxito superlativo, su discurso contra el proceso de paz, logrando propagar sus tesis individualistas y parroquiales, colmadas de “todo vales” por doquier.

El tejido comunitario, susceptible a la defensa de lo público, lo social y lo colectivo, ha sido diezmado, no solo en las áreas rurales sino en las mismas urbes, por el séquito uribista civil y su ala armada -paramilitares, militares en retiro y redes de informantes- en los últimos 10 años, sembrando a su paso la semilla del odio y el antagonismo mediante masacres, torturas y asesinatos.

Por ello las JAC, y las elecciones que tuvieron lugar el pasado domingo 24 de abril, son de suma importancia; la nueva correlación de fuerzas posterior a este proceso, definirá la ruta de acción, tejida desde la base, para recuperar la confianza en los estratos menos favorecidos hacia el proceso de diálogo llevado a cabo entre el Gobierno Nacional y las FARC, a través de la “construcción de la paz comunitaria”: un escenario de diálogo y reconocimiento entre posiciones encontradas donde visiones de país, y sociedad distintas, convergen sin recurrir a la cobardía bélica; un espacio de defensa de la democracia por encima de la barbarie.

Son las JAC donde la fuerza participativa de las personas del común, nutrirá con sus aportes el proceso de implementación y verificación de lo pactado en el post-acuerdo en zonas de influencia de la insurgencia; es el aporte de las JAC el que permitirá que las capas urbanas populares, seducidas por quienes quieren la confrontación perpetua, puedan desminar sus corazones y sumarse al clamor mayoritario de la sociedad por el fin de la guerra. 

La simple y anhelada firma del acuerdo es la transición deseada hacia las transformaciones sociales, culturales y económicas de hondo calado que la sociedad precisa para cimentar una paz estable y duradera en la Colombia del siglo XXI.


Twitter: @pineda0ruiz


* Felipe Pineda Ruiz, publicista, investigador social, colaborador de la Fundación Democracia Hoy. Miembro de la plataforma política Somos Ciudadanos. Editor de www.democraciaenlared.com 

Fuente: http://www.democraciaenlared.com/2016/04/paz-comunitaria-y-juntas-de-accion.html

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3 comentarios

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26 de abril de 2016, 20:27 delete

No se en que se basa el editorialista para escribir este artículo. Usted no puede desconocer que contrario a la razón d eser de las JASC, estas se han convertido en el mayor foco de lagarteía política de nuestro país.
La convicción de servicio comunal se ha perdido en un 90% y ahora solo se mira como la posibilidad de conseguir un beneficio personal.
Creo que nunca ha visitado la provincia y dialogado con los campesinos víctimas esta guerra entablada solo por ambición de poder y que el presidente Santos, (en mi opinión personal) el más tarado, estúpido y traidor en la historia del país del país está entregando al grupo más sanguinario del pueblo. Le recomiendo hable con los cvampesinos a ver que opinan de este acuerdo que está realizando el mandatario con los asesinos del pueblo. La paz no se consigue firmando papelitos si no con un verdadero cambio social que solo se logrará a con el mismo cambio de la mentalidad que tenemos los colombianos,
La paz no es política, ni partidista, Esta se logra co0n justicia y no con impunidad. Le recuerdo al editorialista que no se firma un proceso si no un acuerdo, porque esto del proceso es con el tiempo y se requiere de un cambio generacional para conseguirlo
No soy uri9bista ni nada por el estilo, simplemente soy un colombiano más que ve como la corrupción consume día a día a nuestro país que mira impávido como los politiqueros de turno se roban diariamente los recursos de los más pobres y sin embargo cada cuatro años acude a las urnas a reelegirlos.
Por favor no mezcle su rencor personal para justificar un fracaso de el presidente de la mirad de los colombianos que a mala hora lo reeligió

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26 de abril de 2016, 20:29 delete

No se en que se basa el editorialista para escribir este artículo. Usted no puede desconocer que contrario a la razón d eser de las JASC, estas se han convertido en el mayor foco de lagarteía política de nuestro país.
La convicción de servicio comunal se ha perdido en un 90% y ahora solo se mira como la posibilidad de conseguir un beneficio personal.
Creo que nunca ha visitado la provincia y dialogado con los campesinos víctimas esta guerra entablada solo por ambición de poder y que el presidente Santos, (en mi opinión personal) el más tarado, estúpido y traidor en la historia del país del país está entregando al grupo más sanguinario del pueblo. Le recomiendo hable con los cvampesinos a ver que opinan de este acuerdo que está realizando el mandatario con los asesinos del pueblo. La paz no se consigue firmando papelitos si no con un verdadero cambio social que solo se logrará a con el mismo cambio de la mentalidad que tenemos los colombianos,
La paz no es política, ni partidista, Esta se logra co0n justicia y no con impunidad. Le recuerdo al editorialista que no se firma un proceso si no un acuerdo, porque esto del proceso es con el tiempo y se requiere de un cambio generacional para conseguirlo
No soy uri9bista ni nada por el estilo, simplemente soy un colombiano más que ve como la corrupción consume día a día a nuestro país que mira impávido como los politiqueros de turno se roban diariamente los recursos de los más pobres y sin embargo cada cuatro años acude a las urnas a reelegirlos.
Por favor no mezcle su rencor personal para justificar un fracaso de el presidente de la mirad de los colombianos que a mala hora lo reeligió

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10 de mayo de 2016, 11:34 delete

En mi condición de próximo vicepresidente de la JAC del sector donde vivo, desde luego que seré un soldado difusor de la necesidad de sembrar armonía, paz, reconciliación. Es que, por naturaleza, una JAC debe ser un escenario de convivencia pacífica; porque, de lo contrario, sería como una Junta de Acciones Criminales.

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