¿Más colegios en concesión en Bogotá?

11:48:00

Este modelo de educación administrado por entidades privadas puede mostrar buenos resultados, pero lo hace a un costo social y político. ¿Cuáles serían las ventajas – y los riesgos- de seguir estimulando esta semi-privatización de la educación en Colombia?

Por: Yenny Carolina Ramírez / Razón Pública.

Una iniciativa en marcha

Al comienzo de la administración de Enrique Peñalosa, la Secretaría de Educación de Bogotá dijo estar evaluando la posibilidad de firmar nuevos contratos de concesión de colegios en la capital.

La iniciativa de los colegios en concesión (CEC), que comenzó a ejecutarse en la ciudad desde la primera administración de Peñalosa, es una muestra de las alianzas público privadas (APP) que han imperado durante la última década donde se cede la gestión de los servicios públicos a empresas privadas.

En Bogotá se construyeron 25 colegios en 1999 con recursos públicos en barrios vulnerables para ser administrados por empresas privadas, bajo la premisa de que la administración privada era más eficiente que la pública. En el caso bogotano, la administración fue cedida a instituciones reconocidas en el campo educativo (Alianza Educativa, Fenur, Gimnasio Moderno), a cajas de compensación (Cafam y Colsubsidio) y a entidades religiosas (Calasanz, Don Bosco, Fe y Alegría y La Salle).

En un país como el nuestro, donde la opinión pública poco reconoce el valor de lo público como proveedor de derechos y como espacio colectivo de construcción democrática, no sorprende que se construyera esta infraestructura con recursos públicos para entregársela a los privados.

No obstante, al evaluar la experiencia de los colegios en concesión surgen varias preguntas que ponen en duda los mitos que han acompañado esta forma de gestión durante sus 15 años de funcionamiento:

¿Es más eficiente la administración pública que la privada? ¿Son comparables los procesos educativos adelantados en los CEC con los procesos de los colegios distritales? ¿Qué pasa con principios del derecho a la educación como la laicidad en la educación pública gestionada por entidades religiosas? 

¿Más calidad, o mejores estudiantes?

Cuando se aborda el primer mito, según el cual la calidad y la gestión privadas son superiores a las públicas, se encuentran varios factores para explicar por qué los CEC presenten menores tasas de repetición y deserción.

- El primero de ellos tiene que ver con el proceso de selección de los alumnos. Con una alta demanda para acceder a las instituciones educativas financiadas con dineros públicos, los concesionarios pueden escoger a los estudiantes que presenten mejores condiciones académicas (aunque esta práctica esté prohibida y sea contraria a los principios de igualdad y no discriminación de acceso al derecho a la educación).

La investigación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y la Fundación Escuela para el Desarrollo (FEDE) encontró que en varias ocasiones los directores de los CEC han realizado prácticas como entrevistas con padres y madres, consultas del perfil académico del alumno en la escuela de origen e, incluso, exámenes de ingreso, para seleccionar a estudiantes destacados y con contextos familiares bien estructurados.

- Un segundo factor que explica la eficiencia los CEC es el uso intensivo del recurso docente y la inferior remuneración del mismo. Los resultados de la investigación cualitativa y cuantitativa mostraron que los CEC funcionan con condiciones laborales precarias para los docentes, incluyendo:

Jornadas de trabajo más largas (13 horas semanales más que los docentes de las escuelas públicas), Menor salario y contratos temporales (casi en un 99 por ciento de los colegios, los contratos de los docentes son inferiores a un año, mientras que los docentes de las instituciones públicas se encuentran contratados de forma indefinida).

En muchos casos, estas condiciones violan derechos laborales logrados por el magisterio, como el reconocimiento de rangos y años de experiencia o el derecho a la libre asociación en sindicatos. La exclusión de los sindicatos hace parte de una clara estrategia para debilitar la capacidad de negociación colectiva de condiciones laborales por parte de los docentes.

Peras y manzanas 

Cuando se comparan en términos absolutos los resultados académicos de CEC con los de instituciones educativas distritales los resultados favorecen a los primeros.

Pero importa destacar que esta comparación no es procedente desde ningún punto de vista, pues para efectuar una comparación se requiere que los dos elementos presenten características comunes, lo que no ocurre en este caso.

Los CEC y los colegios distritales no manejan la misma jornada escolar, no son comparables en términos de infraestructura, las condiciones socioeconómicas de sus estudiantes son diferentes y las propuestas pedagógicas se varian de manera sustantiva. El estudio de la UAB y FEDE mostró cómo estas diferencias tienden a hacer que la simple comparación de resultados sea engañosa.

Por eso es ingenuo creer en una pedagogía que funcione per se, sin tomar en consideración las condiciones sociales, económicas y culturales en las cuales esta se produce. Aunque fuera el Gimnasio Moderno el que gestiona un colegio público en un sector popular, el desarrollo pedagógico de las prácticas educativas nunca podrá ser igual al que funciona para el estrato 6.

El tema religioso

Una de las condiciones de la educación moderna es su carácter laico.

Sin embargo, en países latinoamericanos, como el caso de Colombia, la educación evangelizadora ha estado presente desde la conquista hasta nuestros días. Ante una oferta educativa siempre deficiente, las órdenes religiosas han tenido una presencia importante en el campo educativo; y en el caso de los CEC, 8 de los 25 colegios concesionados han sido gestionados por entidades religiosas.

En un contexto como el colombiano, profundamente católico y conservador, los colegios en concesión de carácter religioso han tenido una especial acogida entre las familias de los estudiantes que acuden a ellos, ya que la educación en valores, el orden, la limpieza y la “decencia” son especialmente reconocidos por los padres y madres a la hora de preferir y defender los CEC.

De hecho en muchas instituciones financiadas por el Estado se han detectado la discriminación y la estigmatización. En algunos barrios, los niños “bien” son quienes acuden a los colegios concesionados y los que van a los colegios distritales son vistos como “ñeros” y desordenados, lo que profundiza aún más la discriminación.

No obstante, el aspecto religioso cumple una función en los CEC que resulta sociológicamente interesante en un país con un tejido social profundamente fragmentado. La investigación demostró que las familias participan de manera más activa en los CEC que en los colegios distritales y, especialmente, en los de carácter religioso, donde espacios de encuentro, como las misas y la celebración de festividades, han fortalecido el vínculo entre los padres y la institución.

Los elementos ideológicos en la gestión privada de la educación no solo están presentes en los contenidos religiosos, pues los CEC gestionados por las cajas de compensación y las otras entidades educativas adelantan con gran vigor una educación en valores empresariales, el emprendimiento y la educación para el trabajo, lo cual fomenta una cultura empresarial.

Frente a la posibilidad de ampliar los colegios en concesión, resulta necesario evaluar las implicaciones sociales y políticas de estos. Una posible masificación de estos colegios preocupa por los diferentes argumentos esbozados aquí y, sobre todo, por la desinversión pública y el abandono por parte del Estado de su responsabilidad como garante del derecho a la educación.

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