“Limpieza Social”

21:46:00

El Centro Nacional de Memoria Histórica, que dirige el conocido historiador Gonzalo Sánchez Gómez, acaba de hacer entrega en la Feria del Libro de “Limpieza Social”, una obra del investigador Carlos Mario Perea Restrepo.

Por: Luis I. Sandoval / El Espectador.

Este libro llena un vacío sobre una de las manifestaciones más odiosas y enigmáticas de la violencia multiforme que ha experimentado el país por décadas.

La obra busca aprehender el fenómeno, describirlo, caracterizarlo, de invisible e inasible convertirlo en una evidencia que duela, mueva, alerte seriamente a sociedad y Estado al momento de terminar el enfrentamiento político armado y entrar en la construcción de paz positiva.

Oportuna la publicación de este trabajo porque pareciera que la paz toca el campo pero no la ciudad. Los conflictos urbanos, la violencia urbana, también tienen que asumirse en la perspectiva de la paz. Perea, coordinador de una de las comisiones de trabajo del Consejo Nacional de Paz, reiteradamente plantea el tema en este espacio para lo cual le dan una competencia excepcional sus anteriores trabajos, particularmente los que viene realizando en países de Centroamérica donde hubo procesos de paz en los 80 y los 90.

A pesar de que el fenómeno no ha sido muy estudiado en el país, Perea echando mano de esa escasa pero en algunos casos óptima información originada, en particular, en el Cinep, logra establecer que entre 1988 y 2013, tiempo en estudio, “el exterminio social se presentó en la tercera parte de los municipios del país, 356 de 1.122. Lleva consigo la macabra contabilidad de 3.696 casos, sumando la cantidad de 4.928 personas ultimadas. Sus acciones incluyen amenazas, atentados, desapariciones, lesiones personales, homicidios y tortura”.

El libro incluye información detallada sobre Bogotá y, en especial, sobre Ciudad Bolívar, pero más que la descripción lo importante en el texto es el análisis del fenómeno. “¿En razón de qué una práctica tan horripilante como la “limpieza social” goza de tanta aprobación? ¿Cómo explicar que ese ejercicio de exterminio y muerte se disemine entre ciudades y veredas, mientras el Estado enmudece y una parte de la sociedad aplaude? Tan solo una extendida creencia pone en boca de un vecino de barrio la afirmación “la cosa de la limpieza es así…, sacamos las capuchas, nos las ponemos y comenzamos a limpiar”.

“Se ha hecho énfasis en el silencio, el que viene del barrio y la academia, el que viene del Estado y los sistemas de registro. Es el eje primordial sobre el que se funda el consentimiento que rodea el exterminio y, en consecuencia, el horizonte político en el que se mueven estas páginas: sacar la práctica del aniquilamiento de su condición de violencia silenciada, una violencia mal nombrada, supone instalar el tema en el corazón de la conciencia pública y sus desvelos”.

Alarmantes las cifras, escandalosa la actitud predominante en la conciencia social y la esfera pública. El consentimiento, arropado de silencio, de que habla Perea, que lo estremece, podría uno aproximarlo a aquello de la “ceguera moral o pérdida de la sensibilidad en la modernidad líquida” de la que hablan Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis en su reciente obra con ese título. Donkis observa que las dos manifestaciones contemporáneas del mal son la insensibilidad al sufrimiento humano y el deseo de colonizar la privacidad… Bauman coincide ampliamente con Hannah Arendt sobre la banalidad del mal…. Considera que, en la modernidad líquida, el mal es difuso y disperso, desregulado e impersonal, pulverizado y diseminado por todo el enjambre humano” (Eguski Urteaga, 2015).

El profesor Perea levanta la máscara encubridora: nada de limpieza, lo que hay es exterminio, aniquilamiento, matanza social. 

Twitter: @luisisandoval

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