Juntas Comunales para la paz

20:38:00

El domingo 24 de abril las Juntas de Acción Comunal elegirán sus nuevas directivas en toda Colombia. Este paso, la elección simultánea, vigente desde 1996, de ordinario pasa desapercibido para el país porque los grandes medios de radio, televisión y prensa escrita no le conceden importancia.

Por: Luis I. Sandoval / El Espectador.

La información disponible indica que existen 60.000 JAC con cerca de seis millones de afiliados en barrios y veredas de estratos 1 y 2. De la estructura forman parte 1.200 asociaciones municipales, 33 federaciones departamentales, organismos que se aglutinan en la Confederación Nacional Comunal. Cada vez hay más mujeres, jóvenes y profesionales vinculados a las JAC. Muchas juntas se crean en este día.

Impresionante tejido social, el más extendido en todo el país, pero también el más subutilizado por el Estado para la formación participativa de políticas públicas y para la promoción de ciudadanía activa. Desde 1958 cuando fueron creadas legalmente, en el ambiente modernizador del Frente Nacional, pero también con sentido preventivo frente a los brotes de autonomía comunitaria, el vía crucis de las Juntas ha sido largo.

Hoy la pregunta es: ¿para qué sirven las juntas comunales? ¿Tienen un papel en los procesos económicos, sociales y políticos que vive el país? Sobre todo, ¿tienen un papel en la construcción de la paz? La respuesta no puede ser sino rotundamente afirmativa.

Aparte de consideraciones generales sobre potencialidad de la asociación en la base popular (Tocqueville, Fals Borda, Camilo Torres, John Sudarsky, Robert Putman, Saul Alinsky), hoy la implementación de acuerdos de paz en materia de desarrollo rural, sustitución de cultivos de uso ilícito, profundización de la democracia, planeación participativa y cultura de la convivencia son impensables sin el concurso de las JAC.

Los campesinos que retornan a sus tierras necesitan la organización comunal, se vio en el caso de la Unión Peneya (municipio de Montañita, Caquetá), hace unos años. Las gentes, campesinos sin tierra, desplazados, organizadas en Juntas Comunales, lograron reestablecerse, con iniciativa autónoma frente a guerrillas y ejército pero en diálogo con ellos, rehacer su tejido social básico e iniciar la reconstrucción de sus vidas y de su proyecto colectivo.

Gran inventiva, extraordinaria capacidad de movilización y gestión. Ganaron el premio nacional de paz en 2009. Hay centenares de buenas experiencias y buenas prácticas en el movimiento comunal relacionadas con la construcción de paz en los múltiples sentidos que ella tiene.

Las limitaciones comunales, también inocultables (Jairo Chaparro, 2010), es preciso superarlas no solo exigiendo al Estado una política integral y sostenida de promoción comunal como lo prevé la Constitución en su Art.103., sino procurando sinergias con otros actores de sociedad civil, en primer lugar las universidades regionales. Un movimiento insurgente está reclamando la iniciativa universitaria para la formación de nuevos liderazgos sociales y el potenciamiento del tejido social popular. Hora de hacerlo para nutrir el aserto, ampliamente compartido, de que la paz no puede reducirse al silenciamiento de los fusiles.

“La acción comunal tiene un proyecto histórico. La función básica de la acción comunal es idear, soñar, gestar y autogestionar el desarrollo integral de la comunidad, ya no solo el desarrollo de la infraestructura física sino el desarrollo humano y cultural… La acción comunal cambia para contribuir, junto con otras fuerzas sociales y políticas, a cambiar el contexto social general…. El espacio prioritario y privilegiado de la acción comunal es el municipio” (investigación sobre JAC auspiciada por Colciencias en la Universidad de Antioquia, 1997).

El 24 de abril las JAC se renuevan para lanzarse a la construcción de paz, pero tiene que cesar la agresión paramilitar contra sus activistas y dirigentes.

Twitter: @luisisandoval

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