[Nicolás Contreras] Gaitán y el paro armado de las élites de extrema derecha.

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El paro armado del ex presidente sin embargo deja una lección para los ilusos que piensan que Uribe y Santos están de peleas o son enemigos, y está en el detalle de los audios interceptados a los gestores armados del bochinche, en los cuales se invita y hasta garantiza la movilización de las personas, en las zonas rurales donde el peso de los panfletos, recuerdan la eficacia impune de las balas en cualquier momento.

Por: Nicolás Contreras Hernández / Democracia en la Red.

El pasado miércoles 30 de marzo de 2016, regresaba a Colombia en un moderno autobús desde Cúcuta con destino a San Antero Córdoba, después de 12 días en Barquisimeto Venezuela, cuando la voz de una profesora desde Moñitos en Córdoba me alertaba, que la cita del día siguiente para una asesoría quedaba suspendida por la realización de un paro armado, que lanzaba el grupo paramilitar que usurpa el nombre de Jorge Eliecer Gaitán, un caudillo radicalmente opuesto a las principales manifestaciones de la extrema derecha en Colombia: tanto la versión de perrito faldero agresivo de Uribe, como la del perro pastor alemán entrenado para hacer mucho más daño con el mínimo ruido, representada en el actual presidente Juan Manuel Santos.

Tanto consenso en el odio contra Gaitán existe entre las élites nacionales de mi país, que los gobiernos de Pastrana, Uribe y Santos, lograron sabotear la idea de su hija Gloria por hacer de su antigua casa familiar, un museo sobre la memoria política diversa truncada en Colombia, por la clase dirigente más resentida, pero la más eficiente y exitosa para identificar y exterminar sin piedad ni reato moral alguno a sus adversarios, unas veces por medio del asesinato simbólico y otras por la desaparición física, cuando no se puede con el secuestro, la tortura, el soborno o el chantaje más crudo:

A Gaitán lo ha querido masacrar como ícono político esta clase política hundida hasta el cuello en cuanta masacre paramilitar en el siglo XX y lo que va corrido del XXI, la cual ha fracasado tratando de hundirlo en los abismos del olvido como lo intentó con el cadáver y las ideas del cura camilo Torres el general Álvaro Valencia Tobar. Y como no bastaron las balas y los mantos de olvido, ahora se hace uso de la usurpación semiótica a través de muchas estrategias administrativas o crudamente criminales. Una de ellas, imprimiendo su cara en el billete de 1000 pesos, no por pura casualidad el billete de más ínfimo valor; analogía miserable que busca asociar su nombre con lo que ya no sirve.

Estos poderes fácticos y formales, delante y detrás del trono, emplean también el ardid de ensuciar su nombre, vigente en la memoria popular de campos y ciudades del continente gracias a Telesur y algunos proyectos editoriales hoy cooptados por el capital -como Siglo XXI Editores - cuando etiquetan su apellido en el narcoejército paisa que primero se llamó autodefensa campesina – AUC- y luego Convivir; AU de Antioquia, Córdoba y Urabá, AUC unidas de Colombia en su época de moda y esplendor, exaltada como fuerza redentora a plomo limpio que exterminó al demonio de la izquierda, en series de TV como Pablo Escobar el Patrón del Mal, Los 3 Caínes y muchas otras de menos éxito, habidas y por haber en los libretos de Caracol y RCN, dos monopolios representativos de los dueños de la economía, el latifundio y la opinión mediática privatizada.

Todos ellos, lo mismo que sus ejércitos – militares y paramilitares- representan todo lo más opuesto al ideario de Jorge Eliecer Gaitán, el hombre que mejor los denunció, confrontó y asustó desde sus entrañas en la primera mitad de los años 50 del siglo XX, poniendo en evidencia un bipartidismo que engañaba al campesino y al obrero con un trapo rojo o un trapo azul, mientras los echaba a pelear a machete limpio en campos, ciudades y veredas, estupidez celebrada en sus clubes todavía racistas y excluyentes como el Gun Club, El Club El Tunal y todas sus madrigueras de resentida clase social, siempre lista para mandar a exterminar a quien amenace su feudo colonial, de segundones históricos de la potencia de turno.

Son los mismos con las mismas alrededor del mundo, ejemplo de unidad internacional mediante todos los tipos de logias y órdenes secretas, desde los masones hasta los Caballeros de Malta, hábiles en el engaño y la usurpación del pueblo y sus símbolos de lucha e intereses, como plantas depredadoras que se disfrazan de pueblo, socialismo o popular para engullirlo, desde el PP, el nacional socialismo o el socialismo cristiano – que de Jesucristo tiene muy poco – o la internacional socialista, heredera de nazis teutones y anglosajones, arquitectos de la segunda guerra mundial, que nació contra el comunismo, pero terminó enfrentando imperios voraces e insaciables, enloquecidos por el monopolios de la ya prevista globalización a cuenta gotas, sazonada con miles de muertos y guerras de todas las calañas.

Dueños de todas las iglesias y formas de culto alrededor del mundo, esta clase que se disfraza de liberal, conservadora y muchos otros señuelos, ahora globaliza su lucha y la viste de indignación y buenos propósitos, como el paro armado más patrocinado que haya conocido la historia de Abyayala/América y sobre el cual voy a analizar unos detalles que me parecen muy significativos, porque sí se disecciona desde Colombia y no desde una tendencia mundializada de élites que ahora se hacen globales gracias a las Tics, no se podrían comprender las simbologías que su expresión política, ha venido haciendo desfilar en sus principales bastiones de lucha: Venezuela, Ucrania y Argentina, las mismas que se reflejaron en los escenarios locales del paro armado, y la marcha uribista: dos caras de la misma moneda.

Bogotá – donde la marcha tendió a ser escuálida- pero por ser la capital, mostró la solidaridad fascista contra la Venezuela Bolivariana, pidiendo la libertad de su terrorista favorito: Leopoldo López, el genocida de la Casa Blanca que une los intereses de esta élite, desde Wall Street hasta la Buenos Aíres racista y tapado en plata robada al ciudadano que paga impuestos, con leyes amañadas y engordada en Panamá, Bahamas, Rochester, Nevada – en USA- o Suiza. No por pura casualidad, en la marcha del centro que jamás han sido, como tampoco democráticos, quienes llevaban la pancarta de Leopoldo, eran los grupos Neonazis, comandados por un actor fanatizado de odio contra todo lo popular auténtico, el señor Rodrigo Obregón.

El nazismo nuevo en los países de Abyayala, ejercido por mestizos con fuertes rasgos indígenas, mulatos y hasta zambos, es una muestra de cómo estas viejas corrientes explotan el discurso mediático de odio contra el comunismo o contra personas acusadas de pensar así: Hugo Chávez, Rafael Correa o Evo Morales. Esa corriente de desubicados sociales e ideológicos, garantizó el éxito en las marchas de Medellín, Valledupar, Cúcuta y Cartagena, las más nutridas; o Barranquilla, Montería y Sincelejo – las menos concurridas- donde la consigna era no a la restitución, entendible en una región donde los terrófagos locales y los paisas, se unieron para aprovechar el paramilitarismo, como estrategia para quitar la tierra a los campesinos a quienes las oficinas de instrumentos públicos y el desaparecido INCORA, se han negado a legalizar la propiedad rural.

El apoyo de los poderes políticos, económicos y militares – legales e ilegales que patrocinaron el paro- que tuvo su epicentro en las áreas rurales de Córdoba, Sucre y Antioquia, precisamente, bastiones del paramilitarismo latifundista liderado por guerreros paisas o sus colonizados culturales, es el mismo que se prepara para exterminar desmovilizados sí cuajan los procesos de paz. Ese respaldo de silencio cómplice, logró resucitar un movimiento armado sin mucha base social, gracias a la falta de presencia de policías y efectivos de las fuerzas armadas que brillaron por su ausencia, lo cual fue aprovechado en municipios como San Antero, Lorica, Coveñas y Montería, donde el primer día la gente salió a trabajar y estudiar formalmente, para obligar el cierre de negocios y colegios, por donde jamás se vio un policía o un soldado.

El paro sin embargo deja una lección para los ilusos que piensan que Uribe y Santos están de peleas o son enemigos, y está en el detalle de los audios interceptados a los gestores armados del bochinche, en los cuales se invita y hasta garantiza la movilización de las personas, en las zonas rurales donde el peso de los panfletos, recuerdan la eficacia impune de las balas en cualquier momento: ningún periodista, organismo de seguridad o poder civil, ha pedido investigar al senador Uribe y a sus huestes de fascistas, para que expliquen el por qué Neonazis y actores del terrorismo que dicen combatir, apoyaron su marcha y sobre todo, porque no criticaron el asesinato de policías sacrificados por estas élites.

Colombia herida, una expresión de las élites comandadas por los neonazis que emplean los mismos símbolos que los jóvenes estúpidos de Kiev y Caracas, que luchan para que privaticen la salud, la educación y los servicios públicos porque eso es democracia según ellos, jamás hizo ni hará un pronunciamiento reprochando el asesinato de los cuatro agentes de policías, realizados con alevosía en distintos departamentos donde el grupo paramilitar ejerce poder fáctico, presencia y dominio territorial.

Esto es representativo, porque este grupo y las grandes empresas mediáticas, pasándose por el forro el derecho internacional humanitario, han metido en el mismo saco de víctimas a población no combatiente y combatiente como paramilitares y militares, en quienes se usa el apelativo de secuestrados o víctimas del terrorismo, cuando son actores armados de una facción que enfrentan a otros actores armados como las guerrillas. Sí hubiera periodismo y academia, por lo menos, en este caos conceptual debiera haber unos consensos en torno al terrorismo, pues ahora queda la sensación que hay un terrorismo bueno y otro terrorismo malo.

También queda claro con el pronunciamiento del ministro de defensa, Luís Camilo Villegas, quien nombra como fantasma y fantasía a los paramilitares de quienes recelan los negociadores rebeldes de La Habana, que la extrema derecha tiene claro, que la desmovilización esperada es la de otros procesos donde los rebeldes peligrosos para sus intereses, como Guadalupe Salcedo, Carlos Toledo Plata o Carlos Pizarro León Gómez, son exterminados a plomo limpio, precisamente por los fantasmas que el ministro Villegas llama fantasía o excusa, pero le mató cuatro policías que vestían de civil y se movilizaban con su familia:

Queda claro también que el fervor protector que dicen sentir por sus policías, el ministro de defensa que no prestó el servicio militar, los señores Álvaro Uribe, Rodrigo Obregón y todos los que jamás supieron ni sabrán lo que es una recluta, es pura farsa para engañar al pueblo embrutecido que pone sus hijos como carne de cañón, para que los hijos e hijas de las élites que los odian y asesinan con todas las fuerzas de su alma, vivan felices en Europa o Canadá, mientras los pendejos se hacen matar. 

Esta élite odia tanto al pueblo raso al que acusa de resentido, para ocultar la ira envidiosa que sienten cuando miran al pueblo de a píe, vivir felices con lo poco que tienen, toreando la miseria y no muriendo de hambre, que es lo que ellos esperarían, porque hasta por eso odian: se creen los dueños hasta de la felicidad.


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