Colombia: Paz y participación.

07:41:00

Si tenemos en cuenta los pedidos de ambas guerrillas podemos pensar que el gobierno colombiano, a través de la pedagogía de la paz, también considera necesario un mayor involucramiento de la población.

Por: Ava Gómez Daza y Sabrina Flax.

Los últimos días de abril han venido precedidos por una serie de cambios en las instituciones colombianas. Por una parte, el pasado 20 de abril, tras varias horas de discusión, se aprobó en la Plenaria del Senado de la República de Colombia el Acto Legislativo para la Paz, que dota de las facultades necesarias al líder del Ejecutivo para que implemente el acuerdo general que se alcance en la mesa de negociación de La Habana, por medio de la expedición de los decretos con fuerza de ley necesarios. En este Acto Legislativo también se establece el deber de incluir por 20 años en el Plan Nacional de Desarrollo un presupuesto de inversiones destinado a los ciudadanos y zonas afectadas por el conflicto.

Pasaron apenas dos días, cuando la ministra de la Presidencia, María Lorena Gutiérrez, renunció a su cargo, precipitando el cambio ministerial que ya se preveía desde hace unos meses. Así, Santos pidió la renuncia protocolaria de todos sus ministros, apelando a la necesidad de decidir y aplicar cambios en un equipo con el que el mandatario planea afrontar la paz con la guerrilla.

Sin lugar a duda, este revolcón institucional refleja (además del reposicionamiento de liderazgos al interior de las filas oficialistas) la cercanía a un acuerdo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Además, por medio del Acto Legislativo, se amplía la base legal de los acuerdos venideros también con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), cuyo proceso de negociación está ad portas del comienzo, tal y como se anunció el pasado mes de marzo. Así las cosas y a pesar de los recientes hechos en Ecuador, el presidente Rafael Correa ratificó la capacidad del país vecino para acoger los nuevos diálogos de paz que, como se sabe, tendrán mesas en varios de los países garantes del proceso. A pesar de ello, se sigue barajando la opción de comenzar en Chile.

Otro de los aspectos que sigue preocupando es el hecho de comenzar el proceso sin un cese del fuego unilateral, algo que, si bien se alcanzó ya avanzados los diálogos en La Habana, sirvió para aliviar ciertas tensiones en su momento y, en el caso de las negociaciones con el ELN, podría servir como revulsivo ante una opinión pública que llega con los ánimos muy caldeados al inicio de las conversaciones con la guerrilla ‘elena’. Es por ello que, desde las Comisiones de Paz del Congreso de la República, se ha insistido en agilizar el inicio del diálogo, a fin de desatascar esta primera medida que, sin lugar a dudas, es de fundamental importancia.

Y es que en este proceso, la participación de la ciudadanía va a tener un papel fundamental; puesto que, tal y como señala el líder negociador de la guerrilla Eliécer Erlinto Chamorro, alias “Antonio García”, las conversaciones en ciernes no pueden ser un “diálogo a puerta cerrada” entre el gobierno colombiano y el grupo guerrillero, sino que debe haber una parte de la dinámica política que ha de caracterizarse por la acción participativa de las comunidades, recordando una vez más la característica fundamental de este grupo guerrillero –identificada quizá como el talón de Aquiles para un proceso eficaz- y es la tantas veces reiterada horizontalidad del grupo.

Uno de los puntos más difíciles de destrabar en las negociaciones con las FARC es la forma de refrendación de lo pactado. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia sostienen la necesidad de una Asamblea Constituyente como símbolo –pero también como compromiso- de convocar a la ciudadanía colombiana a una refundación de la nación. En este sentido, el Ejército de Liberación Nacional viene sosteniendo la necesidad de la participación más activa por parte de las comunidades en los diálogos de paz. 

¿Será acaso que ambas guerrillas, más allá de sus diferencias, observan la necesidad de un involucramiento por parte de la ciudadanía para que sea ella misma garantes de su propia seguridad y de su propio destino? ¿Será hora que el pueblo colombiano sea el que decida sobre el devenir de Colombia? Son varios los ejemplos de gobiernos latinoamericanos que sin cesar han intentado, y que lo siguen haciendo, generar en la población una mayor conciencia respecto de los derechos conquistados y, en ese sentido, de la necesidad de defenderlos a lo largo del tiempo a pesar de las vicisitudes que muchas veces conllevan. Quizá es hora que Colombia deje de mirar hacia sus vecinos del norte y observe las experiencias de sus hermanos del Sur, quizá América Latina deba mirar a América Latina.

Sin embargo, hasta el momento y a la espera de que se instale la mesa de negociación, las esperanzas quedan puestas en los dos líderes dispuestos a guiar el proceso, figuras políticas cuya trayectoria en conversaciones previas es de larga data. Empezando por Frank Pearl, quien se desempeñó como Alto Comisionado para la Paz durante el gobierno de Álvaro Uribe y quien entonces apoyó el polémico proceso de Justicia y Paz para la desmovilización del grupo paramilitar Auto Defensas Unidas de Colombia (AUC). Más adelante, ya en el gobierno de Santos, dejó su trabajo como ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible para desempeñarse como negociador en La Habana. 

De forma paralela, su trabajo también se centró en las negociaciones extraoficiales para la instalación de la mesa de diálogo con el ELN y, desde el anuncio de la apertura de la fase pública de los diálogos, es Jefe Negociador de paz con la guerrilla ‘elena’. Por otra parte, “Antonio García” cuyo nombre es Eliécer Erlinto Chamorro, es el líder negociador del ELN, miembro del Comando Central y parte de la guerrilla desde los 19 años. De él se recuerda su participación en los diálogos iniciados durante el gobierno de Andrés Pastrana, los cuales no llegaron a buen puerto debido a la intransigencia de las partes negociadoras.

Estos dos líderes son los responsables, en gran medida, de llevar a cabo un proceso de negociación adecuado que sea capaz de empatar con el paralelo que avanza –sin mayores contratiempos- en La Habana.

Sin embargo y a pesar de la madurez que se haya podido adquirir tras el proceso con las FARC, los poderes fácticos de los medios de comunicación y las bandas criminales paramilitares, que aúpan las iniciativas de la extrema derecha política, siguen abonando el terreno para el fomento de un discurso de rechazo hacia la reconciliación, así lo hemos visto en las recientes convocatorias de movilizaciones sociales en contra de los diálogos de paz. Estos hechos son acompañados del preocupante aumento de los asesinatos a líderes sociales, por parte de las células paramilitares que siguen operando a sus anchas en Colombia.

En una entrevista reciente, publicada en el diario español El País[1], Sergio Jaramillo, Alto Comisionado para la Paz, ha manifestado que las negociaciones actuales con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia se encuentran en un cierre, abordando las problemáticas vinculadas al cese definitivo de las hostilidades, la dejación de las armas y un cronograma que aún no es de público conocimiento. Hizo mención a que los acuerdos que se comienzan con el Ejército de Liberación Nacional, si bien pertenecen a otra mesa de negociación, son parte de un mismo momento histórico y que una es complementaria de la otra. Recordemos que según encuestas de opinión, la población colombiana no considera una paz completa si solo se logra un acuerdo con las FARC.[2]

Si tenemos en cuenta los pedidos de ambas guerrillas podemos pensar que el gobierno colombiano, a través de la pedagogía de la paz, también considera necesario un mayor involucramiento de la población. Santos ya había mencionado anteriormente en entrevistas públicas lo difícil que resultaba hablar de las bondades de la paz en una sociedad que ha sido formateada en pos de la guerra.

Será hora de la refundación de Colombia, en un momento histórico en que los ciudadanos tienen la posibilidad de ser protagonistas y no meros espectadores.

[1] http://internacional.elpais.com/internacional/2016/04/19/actualidad/1461094403_262052.html

[2] http://www.rcnradio.com/nacional/mayoria-colombianos-iria-votar-plebiscito-aunque-crece-pesimismo-dialogos-paz/

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