[Cali] Burocracia e improvisación en primeros 100 días de Armitage.

17:05:00

En Cali hasta las frases célebres necesitan adaptación, pues a raíz de los balances que se empiezan a hacer en los primeros 100 días de Mauricie Armitage se afirma que Todo ha cambiado para que todo siga peor.

Por: José Garzón / Colombia Informa.

Para los ciudadanos de a pie, la Cali de hoy no ha variado en mucho respecto a la que dejo derruida el alcalde Rodrigo Guerrero después de su periodo de gobierno que finalizó el pasado mes de diciembre. Las inocuas promesas de Armitage para llegar a la administración municipal no se han cumplido, a pesar de ser simples y cosméticas.

Se puede iniciar con la revisión de algunas propuestas que de manera populista esgrimió durante su campaña el actual alcalde, y que hoy engrosan la amnesia colectiva que ha caracterizado por siglos el ejercicio de la política y la ciudadanía en la región y el país. Por ejemplo, la supresión del pico y placa, la eliminación de la hora zanahoria para la rumba en la ciudad, la supresión de la medida que prohíbe el parrillero hombre en la motocicleta, por mencionar solo algunas de las más destacadas; todas éstas se han quedado allí, en meras propuestas de campaña: en la actualidad el alcalde no solo no ha quitado el pico y placa sino que ha propuesto ampliarlo de dos a cuatro números por día, para el caso de los vehículos particulares; la hora zanahoria se mantiene, al igual que la prohibición del parrillero hombre.

A pesar de ello, nadie se consolaría con que la realización de las anteriores promesas de campaña fuesen suficientes para dar respuesta a los temas que aquejan a la ciudad, pues es evidente que los verdaderos problemas rebasan las medidas cortoplacistas que se han promovido desde la alcaldía. La generación de ingresos y el aumento de la empleabilidad formal con salarios dignos, el desmantelamiento de bandas delincuenciales que en contubernio con miembros de la fuerza pública siguen controlando varios sectores de la ciudad, la movilidad urbana y la conexión con el resto de la región, siguen siendo temas desatendidos por la actual administración.

La situación de miseria e indignidad en que han sido sometidos los pobladores de Cali sigue en crecimiento, tras el aumento del desempleo, subempleo y empleo precario que enferma la vida de la ciudad desde hace varias décadas; el auge de asesinatos selectivos, la inseguridad y el control de algunas zonas de la ciudad son el pan de cada día, así lo demuestran los balances de los primeros tres meses del año en esta materia; el sistema de transporte masivo, denominado MIO, sigue colapsado por donde se mire: la corrupción en las empresas operadoras del servicio, la ineficiencia en la prestación del servicio y las condiciones paupérrimas en que son contratados los trabajadores dan cuenta de ello. 

Ante todo esto, habría que indicar, que las fuerzas políticas alternativas no han logrado, hasta el momento, concitar la unidad en sus propósitos de lucha, ni mucho menos convertirse en una alternativa real de poder. Las luchas sociales siguen siendo aisladas, fragmentadas, puntuales, efímeras y por facciones, lo que vuelve insulsa la actividad de protesta a la de cuestionar el gobierno local y regional.

En cambio sí, sin avisar previamente, Maurice Armitage movilizó toda la maquinaria de gobierno y de alianzas en el Concejo Municipal para que le fuese aprobada una reforma administrativa que piensa adelantar rápidamente. Habría que indicar que este hecho en sí mismo no tendría mucho que discutir, pues es evidente lo raquítico que se comporta el gobierno municipal, en donde el gran número de funcionarios y trabajadores son por contrato a término definido. El asunto central es que nada garantiza que dicha reforma administrativa se realice en los términos que la ciudad la necesita, en cambio sí existen evidencias que va a ser un aliciente para que se profundice la burocracia clientelar al pasar de contar con 1.738 funcionarios de planta a más de 4.700, y el enquistamiento de personas que no tienen otro propósito sino el de llenarse sus bolsillo a costa del erario público.

Armitage, quien ha sido criticado por no tener un plan de gobierno claro, preciso y de conocimiento público, lo que ha se ha venido reflejando en los medios de comunicación, al punto de hacer costumbre sus declaraciones improvisadas, ha optado por seguir pasando de agache en el ejercicio de gobierno, con el beneplácito de los gremios económicos que intervienen en el municipio, mientras la ciudad sigue al garete.

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