Todo se complica…

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Todo se complica hoy en el país: las relaciones con la oposición de derecha, las relaciones con la oposición social, las conversaciones exploratorias con el ELN, la refrendación mediante plebiscito de los acuerdos ya cercanos con las FARC-EP.

Por: Luis I. Sandoval / El Espectador.

El Presidente y su gobierno pierden credibilidad en la opinión y aunque surge formalmente una unidad política más amplia alrededor de la paz, las encuestas indican que los votos no alcanzarían para legitimar los acuerdos de paz y ponerlos en marcha con tranquilidad.

En muchas esferas se tiene la sensación de que el Presidente y su gobierno pierden cada vez más el control. Algunos medios radiales y televisivos ayudan poco: magnifican problemas, minimizan avances y acentúan la polarización.

La oposición de izquierda, amiga decidida de la paz, encuentra un obstáculo serio para desplegar su apoyo en políticas públicas que lesionan sensiblemente a las mayorías populares. Además está el incumplimiento grave de acuerdos con sectores importantes: campesinos, estudiantes, indígenas, sindicalistas, maestros, afrodescendientes, pensionados, lo cual está llevando a que se geste una protesta nacional anunciada para el 17 de marzo.

Quizá algunos factores de malestar social tengan que ver con el retroceso de la economía internacional, ocasionado por el acentuadísimo descenso de los precios del petróleo y la imparable devaluación del peso que ha generado. Todos los activos se han devaluado, la deuda se ha crecido exponencialmente, se dificultan las importaciones y el país no sabe aprovechar la coyuntura para incrementar sustancialmente sus exportaciones.

El mundo vive un momento en que las derechas se envalentonan y aprovechan vengativamente los errores, limitaciones e imprevisiones de los gobiernos de izquierda y progresistas que han gobernado numerosos países del continente en los últimos tres lustros. Pasa en Venezuela, Argentina, Bolivia, y en Brasil con el emblemático Lula da Silva, del PT, vinculado al escándalo de Petrobras.

Todo se complica. La derecha arrecia sus ataques porque la justicia va tocando figuras cada vez más cercanas al innombrable. Hay una insubordinación contra la justicia y una estrategia tendiente a confundir para hacer colapsar el proceso de paz. El reto está planteado y hay que afrontarlo. Hacer justicia no es persecución política. El país necesita por igual la justicia y la paz. Más aún la justicia rectamente aplicada es la garantía de la paz. En ello, sin vacilación, hay que persistir.

¿Está Colombia condenada a volver a ser gobernada por las fuerzas afectas a la pax romana y a que las mafias vuelvan a tener gobierno amigo? ¿Cómo lograr un entendimiento amplio de fuerzas, partidos, movimientos, sociedad civil, gobierno nacional y gobiernos territoriales, bancadas parlamentarias, alrededor de la paz con un programa concertado de reformas avanzadas?

El Consejo Nacional de Paz sigue subempleado por el gobierno, el Presidente deja entrever que podría haber un cambio en el gabinete, pero todo se queda en rumor y el gran paso a un gabinete de transición con base en un acuerdo político sustantivo no parece estar entre los pensamientos presidenciales.

Un factor importante claramente a favor: el apoyo internacional a la paz; las elecciones en USA parecen darle otra posibilidad a los demócratas lo cual es saludable para la paz de Colombia.

El Presidente tiene todavía importantes cartas que jugar: ojalá con las buenas noticias que la mesa de conversaciones le dará al país y al mundo, desde La Habana, en la Semana Santa, el Presidente anunciara también un replanteamiento de fondo designando un verdadero gabinete de transición con base en un programa de cambios, incluido el cumplimiento de los acuerdos y la respuesta a los movimientos sociales, como contenido sustantivo de la paz.

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