Situación de los páramos, un tema que deja frío a cualquiera.

16:44:00


Muchos campesinos entregaron sus predios por desarrollar sus vidas en las partes altas de la geografía, hoy están sin terruño y condenados a la pobreza.

Por: Germán Enrique Nuñez / diariolaeconomia.com

En Colombia hay historias muy repetidas y frases que tienen toda validez como por ejemplo “mi papá tenía plata”, “mi papá tuvo mucha tierra” y muchas así por ese estilo en dónde el final de la narración es también, paradójicamente, el mismo, “a mi papá lo robaron”, “a mi padre los sacaron amenazado” o “a mi familia la engañaron”, en fin, lo de siempre en un país, no en vano llamado del “Sagrado Corazón”, escenario de las más grandes aberraciones contra el campesinado y las comunidades indígenas, pero el paraíso de la impunidad.

Diariolaeconomia.com abordó el tema de los páramos desde diferentes puntos de vista y la verdad queda un interrogante muy, pero muy grande, y es quien va a responder por el daño acumulado durante años a unas comunidades que fueron sacadas de sus tierras para condenarlas a los vejámenes de la vida urbana, y lo que es peor ¿a quién se le reclama la contaminación de aguas que bajaban puras y diáfanas de la alta gélida montaña y hoy salen a chorros llenas de mercurio y agroquímicos?... Cómo diría la reina, Averígüelo Vargas.

La señora, Claudia Patricia Rincón Achury, es una mujer a la que se le nota la tristeza y la nostalgia en su mirada, lleva en su memoria el retrato de sus padres y los momentos alegres de una niñez en medio de la neblina espesa que cubría su casa campesina en el páramo de Guerrero. Eran buenos tiempos toda vez que su padre acumulaba una riqueza para nada despreciable en tierras pues acreditaba una propiedad de 270 hectáreas de las cuales 200 eran del respetado páramo y 70 se usaban para la agricultura que prosperaba y se hacía fuerte antes de los años noventa.

Claudia Patricia no deja de evocar esos momentos de risa con sus once hermanos y las jornadas de trabajo, estudio y religiosidad en la vereda San Antonio de Tausa, pues eran tiempos de la Santa Eucaristía y todo un entorno campesino sano y noble hasta más no poder.

“Mi señor padre fue dueño de casi todo lo que rodea la Laguna Verde que surte el embalse del Neusa, pero lo engañaron, le prometieron una millonada y luego no vio nada porque él no vendió, él regaló sus tierras por unos mínimos pesos con lo que salimos del campo para ir a vivir a Zipaquirá, allí estuve 12 años, pero me regresé hace tres a habitar mi páramo nuevamente, solo que en está ocasión pagando 150 mil pesos de arriendo”, comentó.

Frente a esa decisión muchas fueron las críticas y los reparos, pero ella siempre dejó claro y en firme que no pudo ser mejor su disposición de regresar a su entorno porque nada es costoso ni malo cuando se tiene tranquilidad y estabilidad, por lejos que sea.

El urbanismo marcó la vida de esta buena mujer que tan solo alcanzó un segundo de primaria, condición que la llevó a trabajar para los demás, pero de igual manera a soportar afrentas y humillaciones de quienes decían tener mucha plata e igual poder.

“Me dejó marcada una pregunta en una casa de familia, ¿usted si se bañó hoy? porque los campesinitos hasta cochinitos son, huelen a feo, yo llevaba a mi niña pequeña y la advertencia por parte de la patrona no se hizo esperar, no deje que su niña se junte con los míos, nos miraba como si fuéramos una plaga o una peste. Ella seguro desconocía que los campesinos somos mucho más sanos que cualquier ciudadano”, narró la señora Rincón Achury.

Esta agradable mujer, joven aún y muy dinámica, recuerda su páramo con mucho amor porque allí podía correr, jugar, caminar y divertirse con el aroma a campo y hielo sin la prevención de un ataque, un irrespeto o un atraco, todo era muy tranquilo y quizás el único habito era el de comer tan seguido o de dormir demasiado temprano, cinco o seis de la tarde, pero eso se justificaba porque en las noches de frío extremo no había nada que hacer.

En alguna ocasión unos holandeses visitaron los predios de la familia Rincón Achury y se admiraron por el estado de salud de los niños, su fortaleza y la lozanía de su piel, siempre quisieron hacer un estudio sobre el porqué de esa condición de sanidad.

Los años pasan y atrás queda la evocación de don, Luis Argemiro Rincón Pachón y de la señora, María Adela Achury Montaño, quienes fallecieron, pero dejaron un legado de trabajo y sacrificio que finalmente de nada sirvió porque sus descendientes quedaron en la nada. Antes que cualquier enfermedad, estos campesinos raizales fueron afectados moralmente por la salida del terruño, del sitio en dónde construyeron familia y forjaron un hogar al que no le faltaba nada pese a que no se tenían lujos.

La vida no les dio buen trato a los Rincón Achury en la ciudad de Zipaquirá porque pasaron de ser personas de bien a las que no les faltó nunca nada en el páramo a ser tratados con irrespeto en medio de burlas y grotescos remoquetes. La otrora finca de esta familia fue un ejemplo de buenas prácticas agrícolas porque jamás utilizó agroquímicos, los alimentos que se sembraban eran orgánicos e inocuos, totalmente garantizados para el consumo humano.

“Mi papá apelaba a prácticas ancestrales porque sembrábamos con el abono de los animales y fumigábamos con yerbas y plantas aromáticas, lo cual daba muy buen resultado. Sembramos papa nativa y de muchas variedades como la guantiva, la papa pastusa, la cuatro ojos, la negra, pastusa sarda, la espaldona y la carriza blanca entre otras que eran de mucho mejor sabor que las que se consumen ahora. En nuestras tierras también se sembraban chuguas, hibias, nabos y tallos para una sopa de verdad, con buen recado”, afirmó, Claudia Patricia Rincón Achury.

Agregó que ha sido vegetariana no por querer sino porque le tocó, en su dieta muy contadas veces estuvo la carne. El desayuno era una mazamorra de dulce, pero sin queso y la leche se tomaba solo en Semana Santa y en diciembre. Para épocas especiales también se preparaba pasta, arroz, frijol y garbanzo, de resto se consumía lo que daba la tierrita.

Las comidas eran muy elementales, basadas en sopas como el cuchuco, la papa salada, caldos y huevos de vez en cuando.

En esos predios hubo un hato de 150 reses de las cuales 50 eran de la familia y el resto se cuidaban por encargo, de todas maneras la fertilidad de las vacas era a toda prueba y las cabezas de ganado de los Rincón subieron a cien. Fueron también criadores de ovejas de gran reconocimiento por cuanto alcanzaron a tener las 400.

“Hoy me siento totalmente robada y por eso hoy pido una restitución de tierras porque a nosotros nos dijeron una cosa y nos salieron con otra, mi familia fue desplazada por el estado y hoy lo que pido es una devolución o que nos vendan al mismo precio que le compraron a mi papá. Yo tan solo quiero vivir tranquila, sabemos que no podemos sembrar en el páramo, pero ese es mi sitio, es dónde nací y en dónde mejor me acomodo. La vida me la gano haciendo empanadas, rellenas y sobreviviendo”, dijo la señora Rincón.

Don Argemiro fue engañado porque le dijeron anímese que usted va a ser el primer campesino en recibir una millonada, pero ese término se redujo a una cifra irrisoria y lo mandaron a un casco urbano con 12 hijos y a merced de la suerte porque tampoco tuvo acompañamiento. Esas tierras hoy son propiedad de la Corporación Autónoma Regional, CAR, pero la adquisición se hizo en sociedad con el municipio y la gobernación.

Las tierras fueron tomadas para preservar, pero actualmente nadie cuida esos predios y hoy tan solo hay un páramo contaminado y en dónde se practica la minería, actividad ilícita en estos sitios. El agua que antes bajaba limpia, ya está contaminada y no hay dolientes para eso, el cáncer se lo dejó el estado a los campesinos de la región y a los de más abajo.

Los páramos están amenazados

El Coordinador y Director del proyecto de Páramos que ejecuta la Empresa de Acueducto de Bogotá, Alejandro Galeano, aseguró en este medio que los páramos tienen muchos problemas y por eso se convocó a una reunión para identificar cada uno de los inconvenientes para aplicar los correctivos.

“En los páramos hay desde intervenciones de minería de uranio hasta explotaciones de oro, carbón y calizas, también hay actividades prohibidas como agricultura de gran escala con cultivos extensivos y ganadería. Allí convergen desde multinacionales y grandes empresarios del campo hasta los pequeños productores que han vivido toda su vida en el páramo”, explicó.

Por lo anterior aclaró, el manejo y la delimitación de un páramo no se puede hacer a través de una sola línea sino que hace perentorio tener en cuenta todas esas diferencias de población y de actores que viven o que usan los páramos para poder definir qué hacer con estos sitios privilegiados. “En este caso no se puede medir con el mismo rasero”.

A la amenaza que implica la presencia del hombre en las zonas de páramo se suma otra para nada mínima y es el calentamiento global porque ya hay efectos climáticos que tienen golpeados los ecosistemas a tal punto que hoy el casquete de hielo no es el mismo en nevados cómo el Cocuy o el Ruíz al de hace 20 o 30 años, estas capas de hielo se han venido disminuyendo y lo propio pasa con las especies de fauna y de flora. “Los páramos pueden retener mucha agua y por eso son vitales en el ciclo hídrico”.

En opinión de Galeano, una de las medidas más inmediatas es prohibir a toda costa la explotación minera o de hidrocarburos en los páramos. Indicó que sería viable y de menor impacto una agricultura y una ganadería de pequeña escala para los pequeños productores que viven de una o dos vacas y que basan su alimentación en el pancoger. Sobre ese particular insistió en que hay que mejorar la manera de producción de los pequeños productores aclarando que ahí no está el problema de los fríos acuíferos.

“Diferente es una siembra de papa en un área de 5.000 hectáreas de páramo, es decir a gran escala y con los saldos ambientales más perversos. El manejo de páramo tiene que diferenciar eso, y definitivamente esas actividades antrópicas que causan gran impacto hay que eliminarlas”, aseveró el experto.

Uno de los problemas es que hay regiones que agotaron su reserva hídrica como es el caso de los municipios de Sabana y Occidente que acabaron con sus fuentes de agua lo cual hace pensar con urgencia en cómo recuperar esos reservorios o caudales. Ese tema, a juicio de Galeano, hace pensar que Chingaza Dos sea un tema no tan urgente porque considera que Bogotá no puede suministrar agua potable a zonas en dónde la acabaron. Un nuevo embalse debe trazarse sobre la base del crecimiento de la capital y desde luego de como están cuidando las fuentes hídricas en otras regiones.

En Colombia hay injusticia ambiental hídrica

La estudiante de trabajo social y delegada de la Asociación Comunitaria Fortaleza de la Montaña, Luisa Fernanda Pedraza Camargo, dijo que el territorio y particularmente la montaña, está siendo víctima de una gran injusticia histórica ambiental hídrica porque los páramos son sinónimos de agua y por consiguiente de poder. Anotó que los territorios de Colombia son estratégicos en varios sentidos y para el caso de los páramos, expuso, se considera a la gente que nació y vivió en esas gélidas zonas como un estorbo motivo por el cual necesitan los páramos deshabitados.

“Para todo eso hay toda una maquinaria de política pública y empresarial que necesita despejar esos territorios para seguir fomentando una política de desigualdad histórica. Los territorios de páramo a través de la historia han estado en conflicto y han sido víctimas de todo tipo de atropellos que surgen por la rapiña con las tierras a lo largo y ancho de la geografía sin contar con el abandono estatal”, aseguró.

Consideró que los páramos están en la mira de un modelo minero-energético que pretende desmembrar este ecosistema. Dijo que por ello se hace muy necesario definir que es el páramo y qué son zonas de reserva y cuidado porque por citar un ejemplo el oso de anteojos come en el páramo, pero duerme en el bosque alto andino.

“Es elemental, lo que está en las partes más altas de la montaña no se mira, no se toca, es decir se rompe la relación cultural y abajo se hace lo que les viene en gana. Hay un hecho visible y axiomático y es que la proliferación de condominios en la Sabana de Bogotá ejerce una gran presión sobre el páramo, lo mismo sucede con la ampliación de abastecimiento de agua para llevarles el líquido a campos de golf y a toda la construcción suntuosa y desordenada de la Sabana impactan al páramo. No hay manera de pensar la montaña sin toda la relación ecosistémica, porque el páramo no es solo el lugar donde está el oso de anteojos y otras especies sino que son territorios asentados en montañas de agua, es pueblo e historia”, sostuvo.

Sobre la amenaza del Páramo, dijo que hay especies de fauna y flora con ultimátum, precisamente por el modelo minero-energético que busca construir hidroeléctricas, micro centrales eléctricas en los territorios y también porque el modelo avala los procesos mineros que van tras de la riqueza con cargo a la contaminación y el envenenamiento del agua.

La defensora del proceso organizativo territorial anotó que hay amenazas por todo el desorden ambiental que hay en el país y porque la conservación se hace mercantil en dónde se inventan falsas soluciones como los mercados de carbono.

“La propuesta es que el bastón sea la semilla nativa, el fortalecimiento de la economía campesina, la revitalización de la memoria hídrica y el fortalecimiento de los acueductos comunitarios, pero el modelo lamentablemente hace todo lo opuesto, es decir, debilita los acueductos comunitarios, privatiza la semilla nativa, impone títulos mineros, petroleros e hidroeléctricas. El problema de la minería en el páramo es superlativo, pero tiene amenazas porque se traduce en crecimiento urbano, presión de condominios y bloques de hidrocarburos entre otros aspectos adversos para el medio ambiente”, declaró.

Los territorios de páramo se caracterizan por la precarización de aspectos sociales como salud, educación y formación vocacional.

“Hoy tenemos los ojos encima porque tenemos agua y el agua está corriendo en dirección al poder político y económico de un modelo de desarrollo que es impuesto y que infortunadamente la gente desconoce y por ello es y será víctima”, concluyó esta defensora ambiental que vive enamorada de las verdes y húmedas montañas de su sinigual Guasca en Cundinamarca.

Los páramos deben ir hacia la sostenibilidad

El Subdirector Técnico del Proyecto Páramos, Felipe Rubio, indicó que las fuerzas sociales, incluidas los habitantes de Páramo están construyendo una posición en la que ellos pueden conservar sus territorios de alta montaña siempre y cuando el gobierno provea los medios de un cambio hacia la sostenibilidad.

“Este es un momento clave porque básicamente las visuales de conservación a ultranza vistas desde la vida urbana, no son aplicables en la medida en que se están perjudicando vidas campesinas y comunidades campesinas, en esa medida hay que ser muy respetuosos de los habitantes de esos territorios con quienes se puede conciliar las normas y generar procesos de transicionalidad y gradualidad para que las actividades de la gente cambien hacia una forma más sostenible, pero a su vez poder tener la garantía que los habitantes de páramo sean quienes ayuden a su conservación pues este ha sido su casa y su habitat”, expuso.

Afirmó que lo anteriormente expuesto riñe con los afanes del pensamiento urbano en dónde la gente dice que si los páramos son importantes entonces debe haber una intervención estatal para que estas zonas queden libres de actividad humana lo cual no es fácil porque ello implicaría otro desplazamiento de comunidades enteras.

Rubio añadió que debe exigirse desde la sociedad civil y desde cada proyecto ambientalista un nivel de consciencia y de afinamiento a cada realidad para que las ejecuciones tengan un sentido de soluciones reales y no de carácter normativo o burocrático que no tengan sino una posición antagónica o de agudización de los conflictos en los territorios.

El versado en temas ecológicos y de conservación ilustró que de manera directa y en algunos casos a los campesinos los engañaron y los sacaron de sus predios.

Especificó que el esquema normativo que no está atendiendo a la precisión del enfoque diferencial, es decir que los campesinos que viven en el páramo de Guerrero no son del mismo tipo de quienes habitan páramos como Pisba, Chingaza o Sumapaz. Explicó que todos son procesos culturales y socioeconómicos diferentes que chocan con la expedición de una sola norma de carácter nacional o general porque no está atendiendo las condiciones diferenciales de las gentes en sus territorios.

“Para ser sensato y tener un poco de sentido de realidad, uno debe entender las condiciones propias de cada lugar y ajustar los procesos a esas condiciones para que por una ley no se genere un desplazamiento innecesario cuando hay opciones que vivan en esos páramos personas que aman más esos sitios que quienes piensan que ellos no tienen derecho de estar allí”, sostuvo.

Los TLC, ¿lobos con piel de oveja?

Felipe Rubio precisó que hay una preocupación generalizada sobre el impacto de los tratados de libre comercio sobre el ecosistema, pero explicó que para tranquilidad de todo un país los TLC no pueden estar por encima de las leyes y de los convenios de conservación de la naturaleza.

Apuntó que justo en ese tema hay que citar la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, CITES el cual blinda a Colombia de cualquier mal arreglo en el frente ecológico más cuando se habla de un capítulo del TLC con Estados Unidos que reza sobre la posibilidad de extraer algunas especies de fauna.

Si eso aconteciera, indicó, habría ilegalidad en las dos partes, de un lado Estados Unidos estaría pasando por alto unos convenios intocables y por el otro el gobierno nacional se estaría haciendo el de la vista gorda con un tema sumamente delicado.

“Lo que sí está pasando es que los tratados de libre comercio y los intereses de las multinacionales mineras y de hidrocarburos así como de semillas y agroquímicos están vulnerando las legislaciones de los países en dónde hay recursos para la extracción y en dónde hay territorios para la producción masiva de productos agrícolas dependientes de agro-tóxicos y en esa medida lo que los países han venido haciendo desde las etnias, la sociedad civil y los campesinos es básicamente reacomodar por la fuerza social las normatividades que han sido vulneradas por el impacto lateral o colateral, inclusive directo, de las presiones del comercio internacional para extraer recursos o acceder a territorios con el fin de promover productos que no están ligados al respeto de esos países, ni de esas comunidades ni de esas soberanías ni de la definición de futuro sobre el uso de esos recursos en los países que firmaron determinados acuerdos de comercio”, expuso el señor Rubio.

Manifestó que no todos los tratados implican una apertura expedita de comercio sino una excusa para vulnerar y aprovechar el gran botín.

Los páramos, la helada tierra del oso, del cóndor, del águila y el frailejón entre tantas especies están en la mira de la inversión y de muchos enemigos del ecosistema. Hay pruebas de daño ambiental y de proscripción de comunidades parameras. Muchos quieren el páramo totalmente solo, pero también demasiados creen que esa soledad podría verse amenazada por la voracidad de los paganos buscadores de oro, de esos que cambian vidas humanas por un puñado de dólares, de los mismos que ignoran que el agua que envenenan y acaban tendrá más valor que el dorado metal que explotan porque la pedirán a gritos cuando la sed los tenga en el quicio del más allá. Lamentablemente todo esto acontece ante la mirada indiferente del gobierno y de un país que de a poco va acabando sus reservas hídricas sin medir la gravedad de tan apremiante situación.

Hoy en el páramo de Guerrero, en medio de la más grande soledad, queda el recuerdo en sepia de lo que fue la casa paterna, tan solo se acopian las cuitas de don Luis Argemiro Rincón, subiendo aperado y con sus botas de caucho de color negro casi hasta sus rodillas caminando a paso largo mientras paulatinamente se perdía feliz entre la bruma de su amada finca, eso sí con su pesada ruana y a veces acompañado por alguna bestia que hacía sonar los cascos en las piedras del sendero.

Sus hijos hoy melancólicos recuerdan esas facetas y la ida de párvulos a la cama cuando se cubrían del frío con unas cobijas gruesas de pura lana, unas blancas, otras negras y las preferidas, esas multicolores que adornaban el espacio de la habitación. Aún evocan la oración de la tarde-noche y la manera en que cada uno se santiguaba en agradecimiento a “papito lindo”, a ese Dios que tan felices los hizo.

Hoy se trae a colación una riqueza que se tuvo sin saber, pero también el amor y el respeto por la fría montaña, ese que se mantiene vivo y perenne. La familia Rincón, como muchas, hoy camina por los senderos del páramo en dónde tuvieron sus tierras y todo para vivir bien, solo que en calidad de arrendatarios y sin futuro, porque una firma de su padre ingenuo y poco letrado sentenció un engaño que terminó arrebatándoles su único patrimonio la casa campesina, la finca y la felicidad porque entre otras cosas, la ciudad les quitó hijos y nietos, todo por salir del único sitio en dónde sabían vivir, el páramo.

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