La “revolución verde” del arroz en Colombia.

09:48:00

Con bacterias y hongos, ingenieros químicos en alianza con arroceros del Tolima crearon cinco productos de origen biológico para combatir enfermedades de importancia agrícola y optimizar la productividad del suelo. Un caso exitoso sobre la relación academia-empresa en el país.

Por: Javier Silva Herrera / Unimedios.

El puente que une la investigación básica de las universidades al desarrollo de productos masivos que mejoren la calidad de vida de la población ha sido difícil de construir en Colombia.

Contrario a lo que sucede en países como Holanda, Alemania o Corea del Sur, que han hecho del conocimiento una de sus principales estrategias para el desarrollo socioeconómico, en Colombia, la mayoría de veces este queda archivado. “No hay nexos entre la universidad y el mercado y muchas empresas siguen siendo como cajas negras, a las que es muy difícil llegar con una propuesta para que apoyen emprendimientos”, afirma el profesor Jorge Molano, ex director Nacional de Extensión, Innovación y Propiedad Intelectual de la UN.

Según datos de Colciencias, Colombia exporta solo el 7 % de sus productos con algún grado de contenido tecnológico propio, mientras Suiza, por ejemplo, vende al exterior un 27 % de productos con esa misma característica, la mayoría de ellos, resultado de la relación academia–empresa.

La alianza entre cultivadores de arroz del norte del Tolima y el Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional de Colombia (IBUN) prueba la existencia de casos exitosos en el país. Esta unión impulsó, en 2002, a la empresa Biocultivos S.A., que comercializa biofertilizantes, algunos de ellos únicos en el mercado.

El IBUN transfirió a esa empresa cinco productos para el control de plagas y el mejoramiento de la calidad de los suelos durante el cultivo del cereal, con el objetivo de elaborarlos a escala industrial. Según el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, a partir de estos productos se generan en Colombia alrededor de 80.000 empleos directos y se benefician 2 millones de personas que derivan el sustento de su siembra.

Equilibrio ecológico

Para mantener la alta producción, el arroz, tercer producto agrícola con mayor valor en la economía nacional, después del café y el banano, enfrenta retos como el uso intensivo de fertilizantes a base de fósforo o hidrógeno, y plaguicidas cuya eficiencia en la nutrición de las plantas no está del todo probada. Además, después de cada cosecha el suelo se degrada y pierde productividad.

Con el fin de reemplazar el uso de sustancias químicas y mejorar los cultivos, se propuso el desarrollo de productos de origen biológico a partir de bacterias y hongos, explica la ingeniera química Nubia Moreno, investigadora del IBUN.

De esta manera, se creó un controlador biológico que enfrenta al añublo del arroz, una enfermedad provocada por la bacteria Burkholderia glumae, que causa la pudrición de los granos y plántulas, y para la cual no existe en Colombia un químico que la combata. Su impacto es tan fuerte que ocasiona pérdidas de hasta el 40 % de la cosecha. Luego de ensayos que validaron en campo su acción contra esta plaga, el producto desarrollado en la UN fue registrado en 2005 por el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), y podría ser patentado este año.

Antes de este logro, los químicos de la UN ya habían obtenido otros cuatro productos (en presentación líquida y sólida). Uno de ellos, el Fosfobiol, elaborado con base en el hongo Penicilium janthinellum, el cual toma el fósforo fijado en el suelo y lo transforma en fosfato, uno de los nutrientes esenciales para el crecimiento saludable de las plantas. Hasta el momento no existe otro producto similar en el país.

También, se crearon dos concentrados de bacterias (inoculantes), a partir de los microorganismos Azobacter chroococcum y Azospirillum. Al aplicarse en el suelo o en las semillas, estos promueven el crecimiento vegetal y favorecen el aprovechamiento de los nutrientes, entre ellos el nitrógeno atmosférico. En el mercado aparecen con los nombres de Dimazos y Dimargón.

Asimismo, se elaboró un agente químico con base en el hongo Trichoderma viride, regulador de microorganismos que causan enfermedades (fitopatógenos) como la pudrición radicular (en raíces y cuellos de las plantas) y bajo rendimiento en los cultivos. Este es distribuido como Trifesol.

Según la profesora Moreno, los agricultores aplicaban nitrógeno al suelo para lograr una reproducción eficiente de las plantas. No obstante, una parte se quedaba en la superficie y generaba contaminantes que contribuían a la destrucción de la capa de ozono; igualmente, el fósforo artificial contamina las fuentes hídricas. “El uso de hongos mejora la capa orgánica y la estructura del suelo”, destaca.

La investigadora afirma que aunque todo lo que existe en el suelo está allí por una razón, el uso de químicos arrasa poblaciones de organismos y conlleva a la multiplicación de agentes biológicos que causan enfermedades.

“Al aplicar agentes microbianos se restaura el equilibrio ecológico y las poblaciones de esos patógenos se regulan, porque en el nuevo escenario ya no están solos y deben competir con hongos o bacterias”, asegura.

Productos de exportación

Los biofertilizantes ofrecidos por la empresa Biocultivos comenzaron su desarrollo en el IBUN entre 2001 y 2008, con investigaciones lideradas por la profesora Dolly Montoya, actual vicerrectora de Investigación de la UN. Posteriormente, se perfeccionaron en una fase inicial dentro de una pequeña planta creada en las instalaciones de la Universidad, pero fue en 2010 cuando se consolidó su producción a escala industrial.

Para ello, se contó con la financiación de Colciencias y de empresarios arroceros, cuyos aportes permitieron la construcción de una planta instalada en Ibagué (Tolima), con una capacidad de producción de 12.000 dosis mensuales, bajo los más altos estándares de bioseguridad y buenas prácticas de manufactura. Al respecto, Gonzalo Sarmiento, líder de los productores del cereal en la región, señala que esta iniciativa “fue el primer paso de una revolución verde que se deberá imponer en gran parte del sector agropecuario del país, y del mundo”.

En la actualidad, los bioproductos se exportan y su uso se ha extendido a cultivos de caña de azúcar, papa, algodón, maíz, café y hortalizas en regiones como los llanos orientales y el Valle del Cauca.

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