Ni la paz de Santos, ni la guerra de Uribe.

14:01:00

Este 2 de abril, a raíz de la marcha convocada en pleno por el Uribismo tendremos la posibilidad de medir, de diferentes ángulos y en diversas perspectivas, la credibilidad del proceso de paz y lo más importante: el nivel de popularidad de Uribe después de los golpes de la justicia propinados en contra del círculo más cercano del ex mandatario.

Por: Carlos Alberto Carreño / Democracia en la Red.

También será el termómetro para medir las lealtades del cónclave del ex presidente representado por la bancada en el congreso del centro democrático y sus dirigentes así como la oportunidad de saber a ciencia cierta como va el pulso de cara al eventual plebiscitó para la paz, que se presume, avalará los acuerdos con la guerrilla de las FARC.

Todos queremos el cese al fuego, sin embargo, la paz no es lo mismo que el silenciamiento simple y llano de la inconformidad social. A eso se le llama escuetamente "la pacificación". De todos modos el armisticio, sin duda, es el paso más importante para agotar el fin del conflicto. 

Solo quienes tienen intereses verdaderamente poderosos en la tenencia y acumulación indebida de la tierra mediante la violencia armada coercitiva, que termina en el éxodo masivo de comunidades enteras hacia las ciudades, apuestan por la paz de los sepulcros y la prolongación indefinida de la guerra. Esa es la verdadera esencia que le da vida al alicaído y otrora omnipresente uribismo.

En esta coyuntura, el gobierno tampoco está exento de ser evaluado por la ciudadanía y los sondeos de opinión servirán para hacernos una idea de que nivel de popularidad tiene la administración Santos para sortear tan convulso presente.

Así las cosas el 2 de abril será la oportunidad única para el pueblo colombiano y la ciudadanía de cara al apoyo irrestricto al proceso o la oposición irreflexiva y destructiva al mismo aupada, sin lugar a dudas, por un sector político-económico emergente con claros intereses en la contienda.

Es el momento de pedir al unísono el cese de la guerra atróz, que después de 50 años ha carcomido los cimientos de la institucionalidad, el Estado y la Nación.

Es el momento del ciudadano de a pie, quien debe tomar la iniciativa para evitar la embarazosa y poco representativa vocería que las bancadas y los partidos políticos han tomado. La paz nos pertenece, los interesados somos tod@s l@s colombian@s. 

Es el preciso instante para asumir posiciones claras: la paz o la guerra no deben depender de la decisión mezquina y unilateral de unos pocos sectores. 

La paz no le pertenece ni al conciliabulo de La Habana ni mucho menos al oportunismo y arrogancia de los académicos y los ahora denominados “pazólogos”, la Paz debe convertirse, de ahora en adelante, en el tema de conversación más significativo, como si habláramos del partido mas crucial que se dispute en la eliminatoria al mundial o del triunfo más importante de Nairo. La PAZ NOS PERTENECE. No dejemos que los intereses de una ínfima minoría nos la secuestre.

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