El declive del SPD alemán es un cruel aviso a los blairistas del laborismo.

16:23:00

El lunes por la mañana [14 de marzo], el partido politico alemán más antiguo, el de los socialdemócratas del SPD, se despertará con los desastrosos resultados de las elecciones municipales. Esto no debería resultar una sorpresa, considerando que no ha sabido qué decir en los últimos siete meses.

Por: Doris Akrap / The Guardian.

Se ha alejado tanto de su pasado en el centro-izquierda que parece que va a convertirse en irrelevante electoralmente. Para aquellos rebeldes del laborismo británicos que se muestran críticos con la revolución izquierdista de Jeremy Corbyn, es este un aviso de lo que puede pasar cuando un partido pierde la pista de su meta.

Alemania afronta su mayor turbulencia desde los años posteriores a la unificación y se espera un nuevo paisaje político tras las elecciones. Es probable que el partido alemán más reciente, la Alternativa para Alemania (Alternative für Deutschland) festeje una gran Victoria, y que la CDE de Angela Merkel en el gobierno vaya a perder muchos votantes. Pero será la vieja tía, el SPD, la que sufra la mayor resaca electoral. Aunque ganen en el estado de Renania Pfalz, donde gobiernan actualmente en solitario, hay todavía dos grandes desastres en el horizonte: las elecciones en el estado oriental de Sachsen-Anhalt y en Baden Württemberg, en el Oeste; en ambos el SPD es socio de gobierno. Es probable que el lunes quede como partido menor en torno a un 15% del voto, en cuarto lugar tras la CDU, la AfD, el partido de los Verdes, en el Oeste, y el partido de la Izquierda, en el Este.

Es una gran tragedia. En 14 de 16 estados federales, el SPD forma parte del gobierno; en nueve de ellos, lo dirige. De modo que, históricamente, no solo ha sido el partido más viejo sino el más poderoso. No por mucho más tiempo. Una razón es que todos los demás partidos, aparte de la AfD, hablan hoy como los socialdemócratas cuando se trata de temas calientes de igualdad de género, racismo e inmigración. Izquierda y derecha se han desplazado al centro, un espacio que solía ocupar el SPD, de manera que no le queda ningún espacio en el que ubicarse. En la actualidad sigue bamboleándose de una medida política a otra, sin rumbo claro.

Angela Merkel ha situado a su CDU, antes conocida como partido conservador, un poco a la izquierda del centro y todavía se la respeta porque su política se puede apreciar de modo diferenciado y coherente. Sus famosas frases – “lo gestionaremos” y “aquí no se cerrará nada en absoluto” – resultan sorprendentes en su simplicidad. A su lado, los socialdemócratas parecen unos payasos.

Andrea Nahles, secretario de Trabajo, parece empeñado en decir exactamente lo que los votantes no quieren escuchar de boca de un socialdemócrata: “Básicamente, soy conservador”. Y el vicecancillerellor, Sigmar Gabriel, se enreda hasta el punto de que no queda claro si sabe lo que está tratando de decir. Cuando visitó Heidenau, donde se produjeron los primeros choques entre manifestantes y policía a causa de los refugiados, logró hacer que hasta los activistas más derechistas parecieran inteligentes jugando con la mentalidad del populacho.

Su siguiente intervención fue para declarar que tocaba a los votantes alemanes decidir cuántos refuiados debería aceptar el país. Este amor recién estrenado por la democracia directa fue toda una sorpresa: Gabriel nunca había pensado en preguntar a los votantes cuánto debería ser el salario mínimo o cuánto debería gastar el gobierno en el fútbol de la televisión pública. Y cuando parecía que su desesperación por atraer votantes por la derecha no podia hundirse más bajo, la semana pasada propuso un nuevo programa de atención social para los ciudadanos alemanes, a fin de demostrar que al gobierno no le preocupa sólo el bienestar de los refugiados.

El SPD podría tener que arrostrar la misma situación que el anterior socio de Merkel, el FDP [los liberales]: primero se quedaron fuera del gobierno de los estados, y luego del Parlamento nacional.

¿El problema es si le importaría a alguien? Desde el gobierno socialdemócrata de Gerhard Schröder, el partido se ha mostrado partidario de la línea dura hasta en cuestiones sociales. El SPD fue quien creó el programa de Hartz-4, tan enormemente controvertido, que daba un tajo a las prestaciones de los parados de larga duración y que fue criticado hasta por las Naciones Unidas. Hoy el SPD es nada, una cáscara vacía de partido. Y quedarse en nada en un momento en que la extrema derecha está creciendo y no es algo que vaya alguien a vitorear. Al SPD le queda la esperanza de que la histeria de los politicos de la AfD se desvanezca antes que ellos.

Quizás – viendo la historia de los partidos de derechas en los últimos veinticinco años – tengan suerte.

Share this

Related Posts